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viernes, 2 de octubre de 2026

ESTADOS UNIDOS SE RETIRA COMPLETAMENTE DE IRAK

 

Publicada: viernes, 2 de octubre de 2026 16:46

Tras 23 años de presencia militar, las fuerzas lideradas por EE.UU. abandonaron Irak, en lo que Bagdad calificó como la “culminación de la soberanía nacional”.

Por: Xavier Villar

Veintitrés años después de la invasión estadounidense de Irak y del derrocamiento de Sadam Husein, y doce después del regreso de las tropas estadounidenses para combatir a Daesh, el pasado 30 de septiembre todas las fuerzas lideradas por Estados Unidos abandonaron el país. Una salida que el Gobierno iraquí calificó como la “culminación de la soberanía nacional”.

La invasión se produjo como resultado de la llamada “guerra contra el terror”, una política diseñada por la administración Bush para combatir un enemigo definido de manera tan vaga como el propio término “terrorismo”. Un conflicto sin fronteras ni límites temporales que, en lugar de señalar un adversario concreto, planteó la guerra, en el discurso del presidente Bush, en términos civilizacionales, convirtiéndola en una lucha existencial entre el “bien” y el “mal”, y que tuvo como consecuencia la sedimentación, en la práctica diaria gubernamental, de todas las categorías surgidas entonces.

Con todo, con la salida de las tropas estadounidenses Irak inicia una nueva etapa de su historia. Se ha conseguido aquello que reclamaba la inmensa mayoría de políticos y población iraquíes: el abandono de esas fuerzas. Y los iraquíes merecen ser felicitados por ello.

No tiene sentido edulcorar lo que esta retirada significa desde el punto de vista estratégico: refuerza la posición de Irán. Esa percepción podría ganar aún más relevancia si Washington decide finalmente no restablecer su anterior presencia militar en bases clave del Golfo. Desde la perspectiva de Teherán, estos acontecimientos reforzarían la conclusión de que una presión sostenida está reduciendo de forma gradual la presencia estadounidense en la región.

Pero, a pesar de ello, cabe plantearse una pregunta: ¿hasta qué punto la salida de las tropas estadounidenses aumenta la independencia de Irak? No cabe duda de que constituye un paso importante y de gran impacto, pero sus efectos seguirán siendo limitados mientras los ingresos petroleros del Estado sigan custodiados en cuentas del Tesoro de Estados Unidos y su asignación dependa de la voluntad de Washington.

Como apuntan varios analistas iraníes, que haya unos miles de soldados estadounidenses menos influye mucho menos que el hecho de que los proyectos de reconstrucción y desarrollo, así como el fortalecimiento de las fuerzas militares y de seguridad, sigan dependiendo de las decisiones de un funcionario del Departamento del Tesoro de Estados Unidos. Mientras los ingresos del Estado pasen por ese Tesoro y se asignen después a proyectos que respondan a los intereses de Washington, resulta imposible hablar de un poder independiente y, mucho menos, de una verdadera independencia política.

Las relaciones entre Washington y Bagdad van más allá de lo económico: ambos países mantienen una importante cooperación en materia de inteligencia, formación y seguridad.

En este sentido, el abandono de las bases por parte de Estados Unidos se produce mientras el primer ministro iraquí, Ali al-Zaidi, se compromete a impulsar un plan para desarmar a las milicias que forman parte de las Fuerzas de Movilización Popular (FMP o Al-Hashad Al-Shabi, en árabe). Su Gobierno había fijado inicialmente el 30 de septiembre como fecha límite para que las distintas facciones entregaran sus armas, pero aplazó después el plazo hasta el 30 de junio de 2027, mientras continúan las negociaciones para “regular” las armas que permanecen fuera del control del Estado.

En un comunicado emitido por el Comité Coordinador de la Resistencia Iraquí inmediatamente después de la salida estadounidense, las distintas facciones rechazaron cualquier calendario para el desarme y argumentaron que la soberanía iraquí debe ir más allá del abandono de las tropas estadounidenses: debe extenderse al control del espacio aéreo y a la protección frente a futuras acciones militares estadounidenses o israelíes. Es decir: el fin de la presencia estadounidense no supone el fin de la misión de la Resistencia.

A este respecto, un alto comandante de Harakat al-Nuyaba, uno de los grupos afiliados a las FMP, declaró en una entrevista con medios occidentales: “Creemos que la exigencia de desarme es estadounidense, sionista, occidental y respaldada por los países del Golfo Pérsico, y que tiene como objetivo debilitar a Irak”. Y añadió: “Tiene que producirse una retirada de la ocupación en todas sus formas y manifestaciones, ya sea estadounidense, occidental o turca, así como la liberación de la toma de decisiones políticas, económicas, militares y de seguridad”.

El abandono de las bases daba al Gobierno central la excusa para sostener que las FMP ya carecían de justificación para mantener una estructura militar autónoma. Pero, como dejan claro las palabras del comandante de Harakat al-Nuyaba, para estos grupos la ocupación no se reduce a la presencia física de soldados estadounidenses en el país: sobre todo la influencia económica de Washington es vista como una continuación de esa ocupación.

La salida de las tropas tras décadas de presencia militar es, por supuesto, una buena noticia. También es cierto que, con ella, Irak se ha convertido en un escenario estratégicamente más favorable para Irán, pero sigue siendo un espacio de disputa entre la influencia iraní y la considerable capacidad política y de seguridad que Washington conserva.

Para lograr una soberanía plena, Irak necesita recuperar su independencia financiera. Si lo consigue, el Estado podrá empezar a desarrollar industrias y capacidades que le permitan liberarse de los límites impuestos por Estados Unidos y evitar la necesidad de mantener fuerzas militares al margen del ejército, como ocurrió con el surgimiento de Daesh, que precipitó la formación de las FMP.


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