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miércoles, 21 de enero de 2026

Sionismo y museografía

 Los malabares
de Lenin
CARLOS MARTÍNEZ GARCÍA
No voy a referirme al di-
rigente de la revolución
bolchevique, Vladimir Ilich
Uliánov, más conocido por
el seudónimo de Lenin, sino
a Lenin Martell Gámez. Él es defensor
de las audiencias ante la “programación
ofrecida a través de los medios de comu-
nicación administrados y operados por
el Sistema Público de Radiodifusión del
Estado Mexicano (SPR); Canal Catorce y
las emisoras Altavoz” (https://www.spr.
gob.mx/defensoria/secciones/defenso-
ria/que_es_defensoria.html).
Martell Gámez expuso considera-
ciones de por qué recomendó que una
emisión del programa Largo aliento,
conducido por Sabina Berman, no sa-
liera al aire. Se trató de la entrevista al
integrista católico Eduardo Verástegui,
simpatizante de Donald Trump y las po-
líticas que impulsa. En los canales Once
y 14 fueron difundidos promocionales de
la conversación entre la escritora y el ex
actor, bien conocido por sus posiciones
derechistas. El programa no fue trans-
mitido y tampoco, en el horario que
saldría al aire, los medios explicaron por
qué tomaron la decisión de cancelarlo.
Paulatinamente fueron conocién-
dose las razones de haber enlatado la
entrevista de Sabina Berman con el
añorante del México monolítico en
asuntos religiosos y éticos. Me parece
que la cuestión habría quedado clara
si las directoras del Canal 14, Sandra
Ortega Tamés, y del Canal Once, Renata
Turrent Hegewisch, hubiesen comu-
nicado oportunamente que la charla
Berman-Verástegui no tuvo cabida en
su respectiva programación porque in-
fringía principios rectores de los medios
encabezados por ellas al promover, el
entrevistado, ideas contrarias a dere-
chos garantizados a la ciudadanía por
las leyes del país.
Tuvieron tiempo para transmitir la
decisión y respaldarla con argumentos
que, pueden compartirse o no, pero al
externarlos marcaban con nitidez las
fronteras a no ser transgredidas por los
medios públicos.
Ante la falta de clarificaciones sobre
la censura del programa (censurar es
“formar juicio de una obra u otra cosa
[y] corregir o reprobar algo o a alguien”,
según el Diccionario de la lengua espa-
ñola), distintos medios ahondaron en
el tema e indagaron sobre los entrete-
lones en los cuales se gestó la decisión
prohibitiva que, sin proponérselo, ha
servido para que Eduardo Verástegui
sea promovido, por él mismo y sus sim-
patizantes, como baluarte de la libertad
de expresión.
Julio Hernández López (Astillero)
entrevistó al defensor de las audiencias,
Lenin Martell Gámez, para saber las
razones por las cuales la entrevista de
Sabina a Verástegui fue vetada. Aquí
vale mencionar que la hoy censurada
Sabina Berman antes hizo lo mismo con
Silvana Rabinovich, filósofa y experta
en la Biblia hebrea, con quien grabó una
entrevista y nunca la transmitió en Lar-
go aliento (https://lajornadasanluis.com.
mx/ego-la-posible-razon-por-la-que-
sabina-no-publico-mi-entrevista-silvana-
rabinovich/).
El diálogo entre Julio y Lenin es muy
revelador sobre los alcances de la liber-
tad de expresión y sus posibles limitacio-
nes en medios del Estado (https://www.
youtube.com/watch?v=qQTcdSi-e04). A
la pregunta de Julio sobre quién solicitó
al defensor su opinión acerca de trans-
mitir o no el programa, Lenin arguyó los
derechos de las audiencias, pero no cla-
rificó quién o quiénes específicamente
pidieron su intervención.
Al insistir Astillero en el tópico Mar-
tell Gámez no tuvo de otra y debió acep-
tar que la solicitud sobre cómo proceder
con el capítulo de Largo aliento provino
de la directora de Canal 14. O sea, en el
trámite no hubo petición de alguna au-
diencia, sino que la tarea de aquilatar los
pros y contras acerca de la papa caliente
que ya representaba el programa se la
delegó Sandra Ortega Tamés a Lenin.
El puntilloso Julio Hernández logró que
Lenin ventaneara a la directora del Ca-
nal Once.
El otro momento que deseo resaltar
de lo extraído por Astillero a Lenin es
cuando el defensor dice que, si bien las
audiencias cada vez son más inteligentes
y con criterios propios, todavía nece-
sitan “acompañamiento” con el fin de
dilucidar “muchísimos conceptos que
son muy importantes para aprender, por
ejemplo, qué es una idea racista, cómo
se van conformando los estereotipos,
cómo se van conformando estas ideas de
odio, el menosprecio”.
Julio Hernández cuestionó a Lenin su
idea de “acompañamiento” a las audien-
cias y afirmó que más bien era tutelaje
(acción de tutelar, que implica custodiar,
dirigir, proteger, defender, amparar).
El “acompañamiento” mencionado
por Lenin, dice él que no es tutelaje ni
paternalismo, me recuerda la doctrina
de la incapacidad mental de las perso-
nas, la cual sostiene se hace necesaria
la orientación de alguien con poder
para proteger a los incapaces de tener
elementos para darse cuenta de que los
están embaucando.
La conversación pública tiene ante
sí el reto constante de inquirir sobre el
significado de las palabras, entre ellas
el de derechos de las audiencias. Sobre
el tema de la interpretación de los voca-
blos cito un fragmento del diálogo entre
Alicia y Humpty Dumpty. El segundo
afirma: “Cuando yo uso una palabra sig-
nifica precisamente lo que yo decido que
signifique: ni más ni menos”, a lo que
Alicia responde: “El problema es si us-
ted puede hacer que las palabras signi-
fiquen tantas cosas”. Sentencia final del
diálogo: “El problema es –dijo Humpty
Dumpty– saber quién es el que tiene el
poder. Eso es todo”.
JOSÉ STEINSLEGER
Uno. Año tras año, a las 10
am del 27 de enero, las
sirenas de la entidad ilegal
llamada Israel suenan dos
minutos, los establecimien-
tos comerciales cierran, el transporte
público apaga sus motores y los ciudada-
nos guardan silencio para rendir home-
naje a millones de judíos y otras víctimas
de los nazis durante la Segunda Guerra
Mundial (IIGM).
Dos. Fecha que, asimismo, conmemo-
ra (aunque bajito) el día en que el ejérci-
to soviético liberó los campos de exter-
minio de Auschwitz-Birkenau (Polonia,
1940-45), donde empresas químicas
alemanas como Basf, Bayer, Hoeschst (y
otras que hoy gozan de excelente salud
financiera) producían el tenebroso gas
Zyklon B para acelerar la matanza con
científica precisión germana.
Tres. Establecido en 2005 por la
Asamblea General de la ONU, el propó-
sito del “Día Internacional en Memoria
de las Víctimas del Holocausto”, consiste
en “…recordar el genocidio y luchar
contra el antisemitismo, el racismo y la
intolerancia” (sic).
Cuatro. La palabra holocausto (en
hebreo, shoá), proviene del Antiguo Tes-
tamento y hace referencia a un sacrificio
consumido por el fuego. Entre los siglos
XVI y XVII, el término aludía a la muerte
violenta de gran número de personas,
y, en 1923, Winston Churchill lo usó en
uno de sus libros para referirse al geno-
cidio armenio ejecutado por el imperio
otomano (1915-23).
Sin embargo, a mediados del siglo
pasado, los historiadores judeosionistas
se apropiaron del término, usándolo con
mayúscula.
Cinco. En 1953, mientras las milicias
sionistas ejecutaban el genocidio sobre
los palestinos (o Nabka, que en árabe
quiere decir destrucción), el régimen
de la entidad ilegal creó el Yad Vashem,
primer museo del holocausto (inaugura-
do en 1957), que a la fecha integra una
densa y coordinada red mundial de 168
edificios con distintos estilos arquitectó-
nicos y recursos tecnológicos,
Seis. En Estados Unidos, el imponente
museo del holocausto fue creado por
el Congreso en 1980, e inaugurado por
el entonces presidente William Clinton
cuando en abril de 1993 abrió sus puer-
tas al público.
La mayor parte de los fondos pro-
vienen de fuentes judías y evangélico-
sionistas privadas, aunque el gobierno
ofrece fondos adicionales. El director de
cine Steven Spielberg es uno de los prin-
cipales donantes.
Siete. En 2005, la Fundación Príncipe
de Asturias otorgó al entonces director
del museo de Jerusalén, Avner Shalev,
el premio Príncipe de la Concordia (pro-
movido por Angela Merkel (ex canciller
de Alemania).
Shalev cerró su discurso de agrade-
cimiento, en el teatro Campoamor, en
Oviedo, leyendo unos versos sagrados:
“nación contra nación no alzará espada,
ni se adiestrarán más para la guerra”.
Un año después, su país invadía Líbano
a sangre y fuego.
Ocho. Luego, en 2007, tras recibir las
insignias de Caballero de la Legión de
Honor de manos de Nicolas Sarkozy (je-
fe del Estado francés), Shalev manifestó:
“…los nazis derrumbaron los valores de
Occidente. La responsabilidad de todos,
es volver a restituir esos valores. Europa
debe estar a la vanguardia de la lucha
contra el mal” (sic).
Y se preguntó, de manera hipócrita:
“¿Cómo fue posible que millones de per-
sonas fueron testigos, se mantuvieron
en silencio, en tanto otros cooperaban
con las autoridades en aquellos
momentos?”
Nueve. Ahora bien. La palabra
“museo” proviene del griego museion,
templo y lugar dedicado a las “musas”,
divinidades inspiradoras de la música y
el arte.
El legendario de Alejandría, por ejem-
plo, servía como santuario y centro de
investigación reflexión intelectual (alre-
dedor del año 280 aC).
Sin embargo, la investigadora mexica-
na Cintia Velázquez Marroni (destacada
académica y profesional en el campo de
la museología), señala que un “museo
memorial” guarda una marcada dife-
rencia con los convencionales, ya que su
tarea procura vincular el presente con
el pasado, a través de “acontecimientos
dolorosos que continúan abiertos y, por
ello, no es posible evaluar sus conse-
cuencias finales como para realizar una
narrativa o un relato histórico
ortodoxo”.
Diez. Tales son los contenidos de un
texto de Diana Burgos Estrada (de la Fa-
cultad de Ciencias Políticas y Sociales de
la UNAM), y de una carta enviada en no-
viembre de 2023 por un grupo de judíos
mexicanos a los directivos del fastuoso
museo Memoria y Tolerancia (inaugura-
do en 2010, y ubicado frente a la Alame-
da y el hemiciclo a Benito Juárez).
Once. Ambos escritos observan la
importancia de no despolitizar las emo-
ciones y no interiorizar el terror bajo la
mirada de la indiferencia.
“En esta perspectiva –apunta Burgos
Estrada– el museo no cumple con la des-
cripción”, ya que el visitante queda con
la impresión de que la violencia se llevó
a cabo sin otra causa o razón que dañar
a los judíos. Los directivos del museo
dejaron la carta sin contestación.
Doce. Por ende, los “museos del
holocausto” (en versión israelí) se han
especializado en retorcer y pervertir la
memoria de los crímenes del nazismo.
El autor israelí Miko Peled habla de “se-
cuestro de la historia judía” (sic) y, por
su lado, el italiano Enzo Traverso sos-
tiene que la memoria del holocausto ha
servido para que Israel legitime el soste-
nido genocidio del pueblo palestino.

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