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martes, 17 de febrero de 2026

Pensamiento crítico. Bombas cognitivas contra Venezuela

 

Pensamiento crítico. Bombas cognitivas contra Venezuela


Por Geraldina Colotti (desde Caracas), Resumen Latinoamericano, 16 de febrero de 2026.

foto: El petróleo venezolano es uno de los temas principales de la guerra cognitiva contra el país caribeño.

Las bombas cognitivas, que preceden, preparan y
acompañan a las bombas reales, tienen este objetivo:
romper la identidad colectiva, balcanizar los
territorios y los cerebros y distorsionar las emociones,
haciéndolas desviar de la solidaridad al duda y al
rechazo.
“Si uno dice que llueve y el otro que hace sol, un buen
periodista se levanta y sale a ver”. La historieta, usada
a veces por el docente para introducir los cursos de
periodismo, vale en el fondo también ahora que la
Inteligencia Artificial y la manipulación mediática
actúan como armas de distracción masiva en lo que
respecta a Venezuela.
¿Cómo distinguir las noticias verdaderas de las falsas?
Mientras tanto, guardándose de las sistemáticas
distorsiones informativas aplicadas por los medios
hegemónicos respecto a la revolución bolivariana, y
aumentadas de tono tras el secuestro del presidente
Nicolás Maduro y de la diputada Cilia Flores, su
esposa. Aquí examinamos algunas, relativas al plano

social, político y, sobre todo, económico, siendo el
petróleo la principal causa desencadenante de la
agresión armada del 3 de enero.
Cuando la presidenta encargada, Delcy Rodríguez,
(definida de propósito como “interina” por la prensa
internacional, para indicar un vacío de poder y una
gestión bajo tutela) pide elecciones libres de
sanciones, los medios cortan la frase y titulan
solamente «Delcy se compromete a elecciones libres»,
descontextualizando y construyendo una realidad
distorsionada para hacer creer que las elecciones
anteriores fueron todas amañadas.
Cuando un proyecto social termina con éxito y se está
comenzando otro, se dice que Delcy está por
desmantelar el sistema de las misiones, los planes
sociales puestos en marcha por Chávez y dirigidos a
diversos sectores. Entre estas, la Misión Robert Serra,
dedicada al joven diputado chavista, asesinado por los
fascistas el 1 de octubre de 2014 junto a su compañera
María Herrera. Antes, se llamaba Misión Jóvenes de
la Patria.
Un proyecto dirigido a los muchachos con
vulnerabilidad social, para acompañarlos en el camino
de formación y luego de inserción al trabajo. A Robert

Serra también se le dedicó una fundación, que
depende de la presidencia de la República y tiene sede
en la casa en la que él vivía con su compañera, en el
barrio La Pastora. Allí encuentran refugio y acogida
jóvenes en dificultad. Según los medios hegemónicos,
tanto la Misión como la fundación habrían sido
canceladas, prefigurando el completo retorno al
capitalismo al que se dedicaría el gobierno encargado.
Para cerciorarnos, hemos llamado a la señora Zulay
Aguirre, madre de Robert Serra, feminista y
presidenta de la Fundación, y responsable de la
Misión. “Las cosas no son así – nos ha dicho Zulay –
La Misión llegó a su cumplimiento el año pasado, con
la trayectoria universitaria o la inserción laboral de los
jóvenes que participaban en ella. Se trataba de un
proyecto social finalizado a la recuperación de los
muchachos, no a la asistencia social indefinida”.
¿Y la Fundación? “Sigue vigente – responde Aguirre
–. Muchos jóvenes que pasan por la casa de Robert
conocen su ejemplo, lo recuerdan y renuevan su
compromiso apoyando el proceso bolivariano que, a
pesar de la profunda herida recibida con el secuestro
de Cilia y Nicolás, continúa con los mismos ideales de
la mano de la presidenta encargada Delcy Rodríguez:

una compañera que estimamos y apoyamos con
fuerza”.
¿Y qué sucede con los jóvenes de extrema derecha?
María Corina Machado está intentando activar nuevos
escenarios de violencia. ¿Qué seguimiento tiene entre
los jóvenes?
Responde Zulay: “El 12 de febrero, día de la juventud,
mientras una marea de jóvenes chavistas desfilaba en
apoyo al gobierno, hubo intentos de crear disturbios a
partir de algunas universidades, pero sin seguimiento.
Muy pocos tienen ganas de volver a la violencia
después de lo que ha pasado. La gente quiere vivir en
paz y el gobierno está dando estabilidad política”.
Además – añade Zulay –, “se está aprobando una ley
de amnistía para reencontrarnos todos como
venezolanos. El 12, en la plaza con esos jóvenes que
pedían el regreso a casa de Nicolás y Cilia, también
estaba Robert Serra. Su voz y su ejemplo acompañan
siempre a quien busca volver a vivir y encuentra asilo
en su casa”.
Pero las fake news no se detienen, inmediatamente
retomadas por todos los periódicos, y de nada sirven
los desmentidos. Una de las más populares se refiere,

obviamente, al asunto del petróleo, objetivo declarado
de la agresión militar estadounidense. Cuando los
periódicos titulan sobre el regreso de tal o cual
multinacional, debido a la “flexibilización” de las
sanciones por parte de Trump y al presunto
“cedimiento” de Delcy Rodríguez, proporcionan
nuevamente una noticia parcial que distorsiona la
realidad.
Olvidan decir que casi todas las multinacionales que
extraían petróleo en Venezuela habían aceptado las
condiciones puestas con la llegada de Chávez:
condiciones que exigían el respeto de las leyes
laborales y ambientales, impedían que todas las
ganancias fueran llevadas al extranjero y devolvían
firmemente bajo el control estatal la posesión de los
recursos, progresivamente perdidos durante el
transcurso de la IV República.
La única gran multinacional que se negó
categóricamente a aceptar la migración de los
contratos hacia el modelo de las «Empresas Mixtas»
(donde el Estado venezolano poseía al menos el 60%
de las acciones) y que eligió la vía del enfrentamiento
total en los tribunales de arbitraje internacional
(CIADI) fue la ExxonMobil (la que perfora

ilegalmente los yacimientos en la zona del Esequibo,
en disputa entre Venezuela y Guyana).
En 2007, cuando Hugo Chávez promulgó el decreto
de nacionalización de la Faja del Orinoco, casi todas
las multinacionales (como Chevron, Total, Statoil)
aceptaron renegociar los términos para permanecer en
el país como socios minoritarios. ExxonMobil (y en
menor medida ConocoPhillips) fue la única en dar el
portazo, pidiendo indemnizaciones multimillonarias.
ExxonMobil no se limitó al arbitraje, sino que intentó
una acción agresiva sin precedentes: pidió y obtuvo
inicialmente de un tribunal británico el congelamiento
de 12 mil millones de dólares de activos de PDVSA a
nivel global (el llamado «maremoto jurídico»).
En 2008, la Alta Corte de Londres revocó el
congelamiento de los activos, marcando una victoria
política y legal enorme para la Revolución
Bolivariana. Chávez respondió con la famosa frase:
«Si nos congelas, te congelaremos también nosotros.
No nos quitarán el petróleo”.
Ese orgullo no ha sido abandonado ni por Maduro, ni
por la presidenta encargada, aunque Delcy se vea
obligada a actuar con una pistola apuntando a la sien

debido al secuestro del presidente y de la “primera
combatiente”.
Las medidas coercitivas unilaterales, impuestas
ilegalmente por más de once años, a partir del decreto
Obama, han postrado la economía petrolera
venezolana. Desde que “el primer presidente negro en
la historia de los EE. UU.” declaró a Venezuela “una
amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad de
los Estados Unidos”, Venezuela ha acumulado 1087
medidas coercitivas y unilaterales, de las cuales 107
fueron emanadas en el año 2025. En este tramo de
2026 se han añadido 7 nuevas, incluyendo el asalto a
otro barco y el ataque militar del 3 de enero.
Basta consultar las estadísticas del Observatorio
Antibloqueo para ver que las “sanciones” han
provocado una caída drástica en la producción
petrolera, de 2,3 millones de barriles en 2015 a
500.000 en el punto más crítico, con pérdidas
estimadas en 300 mil millones de dólares.
El director general del Observatorio, el viceministro
William Castillo, subrayó cómo la reciente visita del
Secretario de Energía de los Estados Unidos,
Christopher Wright, ha confirmado lo que el Gobierno
venezolano ha denunciado durante años: “Las

sanciones han sido un instrumento para obtener el
cambio de régimen e imposición de un castigo
colectivo”.
En cambio – añadió Castillo – “aquí no es posible
ninguna tutela, este es un Estado soberano. Aquí hay
un proyecto político en el poder desde hace 26 años
que está luchando por algo importante. Esta que se
desarrolla entre nosotros y el imperialismo es como
una competencia de judo, en la que el atleta debe
saber aprovechar los puntos débiles del adversario.
Hay un liderazgo colectivo encargado, que tiene el
control del país y que está asumiendo decisiones
soberanas”.
Los EE. UU. han intentado evidentemente sacar
provecho con violencia de esta situación de debilidad
provocada, esperando así desplazar a los otros
competidores que, como Rusia y China, habían
invertido en la realidad petrolera venezolana,
confiando en la multilateralidad comercial adoptada
siempre por los gobiernos venezolanos (primero el de
Chávez y luego el de Maduro): el petróleo se vende a
todos, pero en condiciones no asimétricas y basadas
en el beneficio mutuo.

Debe precisarse, por tanto, que la gran parte de las
multinacionales petroleras habían dejado el país por
imposición de sus gobiernos, que no han “reconocido”
al legítimo de Venezuela, sino al autoproclamado e
inexistente de Juan Guaidó. Y debe decirse que
Maduro había entablado hasta el último momento
negociaciones para el regreso de todas las
multinacionales y para el restablecimiento de las
relaciones diplomáticas con los Estados Unidos: pero
no aquellas con el régimen sionista, con el que había
roto desde 2009.
En cambio, desde hace unos días, a pesar de los
repetidos desmentidos del gobierno bolivariano,
circula la noticia según la cual un cargamento de
petróleo venezolano ya habría partido con destino a
“Israel”.
La solidaridad inalterada con Palestina, así como
aquella inquebrantable hacia Cuba, confirmada por las
autoridades cubanas, han sido reiteradas por Delcy
Rodríguez también en la apertura del año judicial,
inmediatamente después de asumir su cargo tras el
secuestro. Por esto, vale la pena dar cuenta de un
comunicado, emitido por algunas organizaciones
italianas, que se definen “ligadas estrechamente con

los pueblos venezolano, cubano y palestino, que son
asediados y masacrados cada día por los mismos amos
imperialistas”.
En el comunicado se denuncia que el petróleo
venezolano dirigido a “Israel” pasará por Sarroch, en
Cerdeña, el 17 de febrero, a bordo del petrolero
Poliegos: “que transporta 200.000 barriles de crudo
venezolano dirigidos a la entidad sionista; 800.000
barriles destinados a la Saras, propiedad de la suiza
Vitol. Vitol es una de las empresas encargadas por
Trump para vender el petróleo venezolano tras la
agresión imperialista del pasado enero”.
Este petróleo – añaden las organizaciones – “ha sido
robado a Venezuela y es sustraído a nuestras hermanas
y hermanos cubanos, a quienes estaba originalmente
dirigido, empeorando aún más sus condiciones
económicas ya castigadas por el embargo impuesto
por los EE. UU. Esta gravísima usurpación de las
rutas comerciales internacionales tiene la finalidad de
alimentar el genocidio en Palestina, transportando
finalmente el petróleo a la ciudad palestina ocupada
de Haifa”.
Un informe de 2025 – añade además el comunicado –
ha revelado que de la Saras de Sarroch provienen el

17% del petróleo y de los productos refinados
importados por «Israel». Los dueños de la Saras
explotan y envenenan al pueblo sardo, monopolizando
nuestra economía, explotando nuestra fuerza de
trabajo e contaminando nuestro medio ambiente”.
De ahí, una conferencia de prensa convocada para el
martes 17 de febrero a las 16:00 frente a la entrada de
la planta Saras de Sarroch, con la consigna: “Ni una
gota de petróleo para ‘Israel’”.
Ahora, la posición de las organizaciones sardas no
deja dudas sobre su intención y su ubicación. La ex
refinería de los Moratti (luego pasada bajo el control
de la suiza Vitol) es uno de los centros más
importantes del Mediterráneo. Existen informes
documentados (como los de OilChange International)
que confirman cómo una parte significativa del
combustible para la aviación militar israelí y del crudo
refinado para Haifa proviene precisamente de los
procesos de refinación en Cerdeña.
La brama por el crudo extra-pesado venezolano sirve
para alimentar la máquina de guerra imperialista.
Usan el petróleo robado a un pueblo agredido
(Venezuela) para agredir a otro pueblo (Palestina).

Sin embargo, es bueno tener presente lo que dice la
analista política Hindu Anderi, reconocida militante
internacionalista por la causa palestina, que advierte:
«Compañeros, si Venezuela vende petróleo a los
Estados Unidos, y hay empresas privadas en el
negocio de los gringos, no es de extrañar que alguna
de estas empresas venda petróleo a ‘Israel’. Lo mismo
vale para México, Brasil, Colombia, etc. Pero afirmar
que Venezuela vende a ‘Israel’ no es correcto. Para
que haya un bloqueo efectivo contra ‘Israel’, habría
que bloquear a los Estados Unidos a nivel mundial. Si
Venezuela no vendiera petróleo a los Estados Unidos,
la música sería diferente. Cuando nos dicen que el
gobierno bolivariano vende petróleo a ‘Israel’, se trata
de propaganda contra Venezuela”.
Y así precisa Hindu: «Si queremos un bloqueo
efectivo y acabar de una vez por todas con la
economía sionista, todos los gobiernos del mundo
deberían romper relaciones con ‘Israel’, con los
Estados Unidos y con los gobiernos sionistas de
Europa, Asia y el Sudeste Asiático. Venezuela no
tiene relaciones ni económicas ni diplomáticas con
‘Israel’ desde 2009.»

Y por tanto, la guerra cognitiva. Una estrategia
siempre usada para atacar al socialismo bolivariano y
construir a su alrededor una fuerte corriente de
antipatía, que en este momento ha multiplicado sus
ataques. ¿Por qué? Porque la agresión militar del 3 de
enero no tiene precedentes en cuanto a violación de
todas las normas internacionales, y esto está
produciendo una ola de indignación a nivel
internacional.
Y entonces, sucede como con el genocidio en
Palestina: cuanto más crecían en ferocidad los
crímenes del ocupante, cuanto más se debían enfatizar
los presuntos “crímenes de Hamás”. Cuanto más se
elevaba el umbral del horror, dejando en evidencia
complicidades y silencios que lo estaban permitiendo,
cuanto más se daba voz a todo tipo de teorías de la
conspiración para crear dudas sobre la naturaleza de la
resistencia a la ocupación.
Las bombas cognitivas, que preceden, preparan y
acompañan a las bombas reales, tienen este objetivo:
romper la identidad colectiva, balcanizar los
territorios y los cerebros y distorsionar las emociones,
haciéndolas desviar de la solidaridad al duda y al
rechazo.

Así, para impedir que aumente la corriente de
simpatía en torno a la figura de un obrero y de una
abogada militante, ambos elegidos por el pueblo,
portadores de un modelo pacífico golpeado por una
violencia imperialista de rara potencia, se toma como
blanco a los militantes de izquierda, sus valores, sus
ideales: para decir que el gobierno bolivariano ya no
estaría más de ese lado, sino que habría saltado al lado
opuesto, el de Trump, borrando de una vez por todas
el legado de Chávez. Para decir, en suma, que
finalmente ha vuelto a poner a cero las conquistas
sociales, y ha decidido alinearse con los dictados del
occidente capitalista (“nos lo pide Europa, nos lo pide
Europa”, es la cantinela usada para bajar la guillotina
sobre las clases populares europeas…).
Soberanía y control de los recursos están obviamente
en el centro de la contienda, económica, política y
simbólica. No es un secreto que la agresión armada
del imperialismo estadounidense se hizo para poner
las manos sobre las primeras reservas del mundo de
petróleo que posee Venezuela. Vale la pena recordar
aquí a qué se debe esta Codicia extrapesada, esta
brama de crudo ultrapesado, como titula un reciente
libro nuestro sobre el tema. No es como nos lo
cuentan los medios hegemónicos. Los Estados Unidos

son el primer consumidor mundial de petróleo, pero
su producción interna (basada mucho en el fracking)
tiene costos elevados y un declive rápido.
Los EE. UU. viven por encima de sus propios medios:
consumen cerca de 20 millones de barriles al día (casi
el 20% del consumo mundial), a pesar de tener menos
del 5% de la población global. Y dependen del crudo
pesado: las refinerías de la costa del Golfo de México
han sido diseñadas específicamente para procesar el
petróleo pesado y pesadísimo, exactamente el que
posee Venezuela en la Faja del Orinoco.
Sin el crudo venezolano, sus refinerías deben importar
de países lejanos o operar a costos mucho más altos.
Mientras los EE. UU. consumen vorazmente,
Venezuela tiene las reservas más grandes del planeta
(cerca de 300 mil millones de barriles). Para
Washington, controlar a Venezuela no es una opción
comercial, es una necesidad de seguridad nacional.
Venezuela es el campo de batalla donde se enfrentan
dos modelos: la hegemonía unipolar del dólar y el
multipolarismo de los BRICS+. Pekín es el principal
comprador de crudo venezolano y ha invertido miles
de millones en infraestructuras.

Para los EE. UU., cada barril venezolano que va a
China es un barril que resta energía a su hegemonía y
alimenta el crecimiento de su principal rival sistémico.
La cooperación entre PDVSA y las empresas rusas
(como Rosneft) ha permitido a Venezuela eludir las
sanciones. Washington ve esta alianza como una
amenaza directa a la Doctrina Monroe («América para
los americanos»).
Además, los EE. UU. usan sus reservas estratégicas
para manipular el precio del barril y golpear las
economías de Rusia y Venezuela, pero este juego está
llevando a los países productores a refugiarse en
monedas distintas al dólar y a emprender un proceso
de desdolarización.
Hoy más que nunca, Venezuela está en el centro de
intereses de alcance global, que apuntan a anular su
soberanía y a apagar la llama del ejemplo, lo que
apagaría la de Cuba, la de Nicaragua, pero también la
esperanza de que se pueda poner en marcha un
cambio verdadero a nivel mundial. Y esto es algo que
los pueblos del mundo no pueden permitir.

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