¿Quién manda en Palacio?
Con toda razón, no pocos opinadores de la llamada “Prensa Nacional” le endilgan a “la señora presidenta” una debilidad endémica.
Dicen que “el verdadero mandón” en México despacha desde Palenque y que en Palacio sólo vive una suerte de administradora de las recurrentes crisis que se viven en México.
Y el mejor ejemplo de quienes creen que Claudia Sheinbaum no es más que una figura decorativa, es que la presidenta no ha sido capaz de echar de su oficina al impresentable Marx Arriaga, el depuesto director de Contenidos de la SEP, quien sigue atrincherado en su oficina, en abierta provocación a la presidenta.
Sí, gracias a esa provocación, no pocos opinadores creen que el de Marx Arriaga –amigo entrañable de Palenque–, es el mejor ejemplo de la debilidad presidencial.
Además de que en Palacio tampoco han sido capaces de sacudirse a otro fardo del “obradorismo”, como Jesús Ramírez Cuevas, exvocero, actual jefe de asesores y quien ha sido señalado como el presunto responsable de llevar a Palacio a no pocos de jefes mafiosos de los cárteles criminales.
Lo cierto, sin embargo, es que la supuesta debilidad presidencial más bien parece una estrategia política cuidadosamente diseñada para impedir un verdadero rompimiento entre las figuras centrales del partido en el poder y, sobre todo, entre sus aliados.
Y es que a nadie en Morena y menos en sus gobiernos le conviene provocar una fractura que, por decir lo menos, resultaría de consecuencias catastróficas para el partido en el poder.
Por esa razón, porque día con día es mayor el riesgo de un rompimiento en Morena y en sus gobiernos, la “presidenta” hace hasta lo imposible para retrasar lo que tarde o temprano será inevitable; el rompimiento con su “padre político”, López Obrador.
Y por eso las preguntas obligadas.
¿Quién manda en Palacio?
¿Hasta dónde tolerará Claudia Sheinbaum los actos de insubordinación, las provocaciones deliberadas y las disputas por arrebatarle tajadas de poder que la hacen ver cada día más debilitada?
Por lo pronto están a la vista de todos los intentos por descarrilar la maquinaria de Morena, no sólo rumbo a las elecciones intermedias, sino frente a las exigencias de los vecinos norteños; Estados Unidos y Canadá.
En el primer caso, para los aliados políticos de Morena –los partidos paleros–, los procesos electorales estatales, locales y el federal son una importante tajada de poder que pretenderán arrebatarle al partido oficial.
Por esa misma razón, esos partidos paleros –PT, PVEM y MC–, echaron abajo la reforma electoral impulsada desde Palacio y que no era otra cosa que la vuelta al viejo “partido único”, con la consecuente desaparición de “la chiquillería política”.
Y es que, ante una fractura en Morena, esa “chiquillería” elevaría de manera considerable el precio de sus alianzas con el partido oficial, lo que al mismo tiempo abre una posibilidad electoral mayor para los verdaderos opositores, tanto del PRI, como del PAN.
Y en el segundo caso –el de la alianza de Morena con las bandas criminales–, parece que resultará inevitable la intervención directa del gobierno de Trump, para romper los lazos entre “morenistas” y los cárteles mafiosos.
Así, frente a una hipótesis como la arriba planteada, y de prosperar la persecución del gobierno norteamericano contra los jefes mafiosos de los principales carteles, resultaría inevitable el rompimiento de la alianza de Morena y crimen organizado.
Un rompimiento de consecuencias catastróficas, ya que el mayor riesgo sería la respuesta criminal contra los gobiernos “morenistas”.
Es decir, asistiríamos a una guerra de todos contra todos.
Y ese peligro y sus consecuencias los conocen bien en Palacio y en Palenque.
Al tiempo.

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