n ocasiones no conseguimos comprender la magnitud de los cambios en curso. Un buen camino para observarlos puede ser focalizarnos en casos con cretos, ejemplares si se quiere. Uno de ellos nos lo ofrecen los nuevos rankings de las universidades en el mundo, que siem pre han estado dominados por Occidente. Hace apenas dos décadas, la clasifica ción universitaria global basada en la pro ducción científica y en los artículos publi cados en revistas especializadas mostraba que siete universidades de Estados Unidos estaban entre las 10 mejores del mundo. Obviamente, la primera era la Universidad de Harvard. En aquellos años había sólo una escuela china, la Universidad de Zhe jiang, que logró ubicarse en el top 25 (The New York Times, 15-1-26). En un lapso muy breve, apenas un cuarto de siglo, asistimos a un verdadero tsunami, un vuelco por el cual nada quedó en su lugar. Hoy, entre las 10 primeras academias del mundo, ocho son chinas, una canadiense y una de los Estados Unidos. La icónica Har vard ha sido desplazada al tercer lugar, mien tras Zhejiang ocupa ahora el primero. Sin duda, las universidades estaduniden ses siguen produciendo gran cantidad de investigaciones, pero el cambio es que ahora las chinas lo hacen a una mayor velocidad. Las seis universidad estadunidenses que estaban entre las más importantes en la dé cada de 2000 (la Universidad de Michigan, la Universidad de California en Los Ángeles, Johns Hopkins, la Universidad de Washing ton-Seattle, la Universidad de Pensilvania y la Universidad de Stanford) producen más investigaciones que hace dos décadas, pese a lo cual han sido desplazadas por las chinas. Según todos los analistas, desde el país asiático están llegando una cantidad y cali dad excepcional de artículos académicos que consiguen eclipsar la producción de Estados Unidos. Una de las razones más destacadas de este cambio, es que China ha invertido miles de millones de dólares en sus universi dades y se esfuerza por hacerlas atractivas para investigadores extranjeros. Por el con trario, el gobierno de Donald Trump viene recortando cifras millonarias en subsidios a la investigación universitaria como forma de reducir el importante déficit del Estado. Además, la ofensiva contra los migrantes ha llevado a que muchos extranjeros, pero también estadunidenses, abandonen el país, dirigiéndose principalmente a Europa. Este año, la llegada de estudiantes extranje ros a Estados Unidos se redujo 19 por cien to, lo que llevó a algunas casas de estudio a entrar en crisis. Según Bloomberg, la dismi nución del número de futuros estudiantes llevará a 370 universidades privadas a ce rrar o fusionarse con otra institución en la próxima década. A esto debe sumarse que hay otras 430 instituciones, con 1.2 millones de estudian tes, que enfrentan “amenazas existenciales moderadas”, a las que deben sumarse las 114 universidades privadas sin ánimo de lucro que cerraron entre 2010 y 2020, casi el doble que en la década anterior. Los estudiantes terminan sus carreras endeudados y sus fa milias deben asistirlos contrayendo deudas. La matrícula, más el alojamiento y la manu tención para una universidad privada duran te cuatro años ascendieron a una media de 56 mil dólares en el curso escolar 2023-24, mientras en las universidades públicas es tatales fue de sólo 24 mil dólares. De todos modos, la clases medias tienen cada vez más dificultades para afrontar sus gastos, cuando en los mercados laborales se registra un im portante estancamiento de los salarios. Esta es una de las razones por las que 26 por ciento de los estudiantes universitarios han considerado seriamente abandonar la universidad o corren el riesgo de hacerlo. Hemos entrado en una suerte de nuevo or den mundial en la educación. Ahora científi cos de alto nivel migran a China, como antes lo hacían hacia Estados Unidos. Hay muchos ejemplos. Jiang Jian-feng, uno de los cientí ficos estrella de sólo 30 años, dejó el célebre Instituto de Tecnología de Massachusetts, y regresó a la Universidad de Pekín para servir como investigador principal y supervisor de doctorado. El genio matemático Wan Daqing, ganador del premio de matemáticas más importante de China, se retiró de la Universidad de California en julio y regresó a China para asumir su nuevo cargo. Casos como los citados se repiten con mu cha asiduidad, pero también entre científicos occidentales que deciden marchase a China o a otros países. Desde 2018, entre 70 y 100 científicos chinos y chino–estadunidenses de renombre abandonan Estados Unidos cada año. En general, el aumento histórico de es tadunidenses que se mudan al extranjero se produce por motivos de seguridad, costo de vida, educación y atención médica. El mundo ha cambiado y estos datos son apenas una muestra. Sin embargo, quienes no creemos que los cambios que necesita mos llegarán desde arriba, desde los Estados no podemos ignorar el tamaño de las trans formaciones porque de uno u otro modo nos están afectando.
No hay comentarios:
Publicar un comentario