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viernes, 6 de noviembre de 2026

Elecciones 2026: Una reconfiguración histórica del mapa electoral estadounidense

 

Elecciones 2026: Una reconfiguración histórica del mapa electoral estadounidense

No cabe duda que el cambio está basado en un descontento generalizado con un común denominador que gira alrededor de la economía, la Guerra de Irán, la corrupción, la crueldad antiinmigrante y el creciente autoritarismo que manifiestan quienes ejercen el poder en Washington

Donald Trump no figuraba en la boleta electoral del 3 de noviembre, pero en sus discursos de campaña les pidió a los votantes que imaginaran que lo estaba. Y parece que los votantes lo escucharon y salieron en números récord. Pero la respuesta no era la que el Sr. Trump esperaba.

La respuesta, en lo que se transformó en un plebiscito con dimensiones históricas, fue un rotundo repudio a las políticas de gobierno de la Administración Trump que condujo a que los republicanos perdieran control de las dos cámaras del Congreso.

Triunfo contundente en regiones inesperadas

Ya en la mañana del 4 de noviembre, el Partido Demócrata tenía asegurados al menos 222 de los 435 escaños de la Cámara. Lo que no se imaginaban era que el sueño de llegar a controlar el Senado Nacional también se concretaría. Aunque todavía quedan por decidirse dos bancas, en Alaska y Misisipi, los demócratas e independientes ya controlan 54 bancas en el Senado.

Lo sorprendente es que la victoria llegó a regiones, incluyendo el sur estadounidense, en donde los demócratas eran considerados parias y no habían podido ganar elecciones al Senado en décadas. A lo largo del recuento de votos se pudo visualizar el surgimiento de una verdadera reconfiguración del mapa electoral estadounidense.

No cabe duda que el cambio está basado en un descontento generalizado con un común denominador que gira alrededor de la economía, la Guerra de Irán, la corrupción, la crueldad antiinmigrante y el creciente autoritarismo que manifiestan quienes ejercen el poder en Washington.

Y la consecuencia fue una ciudadanía que rechazó el desorden y agresividad de MAGA y sus aliados políticos y optó por fortalecer a la oposición política.

En Kansas, donde ganó el pastor Adam Hamilton, muchos granjeros se quejaban del precio del diésel que se había duplicado después que se iniciara la Guerra de Irán. Un conflicto que ya está en su octavo mes y ha costado $47 mil millones de dólares. En Carolina del Sur, donde triunfó Annie Andrews, se hablaba de una inflación anualizada del 3.7% que se hace sentir en un incremento insostenible del costo de la vida. En Maine, las quejas se centraban en tarifas que habían desestabilizado las relaciones comerciales con sus vecinos canadienses. En Texas, en donde triunfó el seminarista y exmaestro James Talarico, la crueldad de las autoridades migratorias hacía repensar el apoyo que muchos latinos habían dado a la coalición que había llevado al poder a los trumpistas en 2024.

El socialismo democratico

Hubo otras novedades. En Michigan, el médico Abdul El-Sayed se convirtió en el primer musulmán elegido al Senado de Estados Unidos y, en Los Ángeles, mientras continuaba el escrutinio, la concejala Nithya Raman disputaba voto a voto la alcaldía con Karen Bass. Son dos candidaturas progresistas, apoyadas por el socialismo democrático. Y aunque Trump y sus aliados conservadores trataron de desprestigiar a esta corriente del pensamiento acusándola de que llevarían al país al desastre, el electorado parece haberla legitimizado. El socialismo democrático, dentro de la coalición del Partido Demócrata, ya participa de la vida institucional estadounidense y es una opción más que interesante en lo que a veces parece un calcificado Partido Demócrata.

El futuro incierto

¿Qué deberían hacer los demócratas que ahora controlan una de las tres ramas del gobierno? A mi juicio, sería un error fijar como primera meta un nuevo juicio político contra Trump. Lo fundamental es demostrar que están listos para gobernar. Y, aún más importante, que su agenda es la agenda del pueblo.

Pero también sería un error interpretar la prudencia como permiso para mirar hacia otro lado. El Congreso tiene la responsabilidad de investigar posibles abusos del presidente, de su gabinete y otros sospechosos. Hay preguntas que merecen respuesta pública. ¿Qué criterios siguió el Departamento de Justicia para abrir o cerrar investigaciones? ¿Qué información proporcionó el secretario de Defensa al Congreso sobre la guerra con Irán? ¿En qué evidencia científica basó Robert F. Kennedy Jr. las decisiones que tomó al frente del Departamento de Salud? Las comisiones pueden exigir documentos, convocar a los responsables y escuchar bajo juramento a quienes participaron en esas decisiones. Que las conclusiones lleguen después de conocer las pruebas.

Queda la incógnita más difícil. ¿Se abrirá algún espacio para el diálogo o entraremos en dos años de parálisis? Trump conserva el veto. Los demócratas tendrán los votos para impedir que una iniciativa presidencial llegue siquiera a su escritorio. Con un presidente inclinado a la confrontación y un país en guerra, cuesta ser optimista. Pero esa dificultad también encierra la promesa del martes. Los electores le dieron a la oposición el poder de exigir explicaciones y al presidente una razón concreta para negociar. En enero, cuando haya que aprobar un presupuesto y responder por la conducción de la guerra, veremos qué hace cada uno con el mandato que recibió.

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