La urgente locura de Manuel Clouthier
/Por: Ismael Bojóquez
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El súbito lanzamiento de Manuel Clouthier Carrillo en pos de la Presidencia de la República, suponiendo que ese sea su objetivo, está teniendo muchas lecturas, algunas de ellas muy interesadas, sobre todo las que provienen del PAN y el PRD. Es comprensible: si su aspirada candidatura llegara a concretarse, ambos partidos podrían dejar de captar votos, pocos o muchos, eso no se sabe todavía, que eventualmente se irían con el sinaloense. Pero es mucho adelantarse. La primera tarea es desentrañar qué persigue Manuel Clouthier, hijo del legendario Manuel Clouthier del Rincón, que en 1988 fue candidato a la Presidencia por el PAN, frente a Carlos Salinas de Gortari del PRI y a Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, que esa vez compitió con las banderas —eran muchas— del Frente Democrático Nacional.
Clouthier Carrillo trae la política en las venas, como casi todos sus hermanos, algunos de ellos participando ahora en diferentes trincheras. Y había participado hace muchos años en el PAN, del cual se alejó para dedicarse a los negocios, las tierras, la inmobiliaria y el diario Noroeste, que más que un negocio lo vio siempre como una trinchera para luchar, como le dijo uno de sus socios fundadores antes de morir, “para tener mejores gobiernos”.
En el PAN dejó a propósito de pagar las cuotas al partido y de esa manera lo dieron de baja. Por eso cuando regresó lo hizo como “externo”.
Manuel decidió hace tres años dedicarse de lleno a la política. Por eso dejó la dirección del diario Noroeste. Logró colarse como pluri a una diputación federal, pero no terminaba de sentarse en su curul cuando se peleó con el presidente Felipe Calderón, a través de una entrevista que le concedió a la revista Proceso en febrero de 2010, donde lo menos que dijo fue que Felipe Calderón era un “cabrón irresponsable”.
Ahí se selló la suerte de Manuel en el PAN, pues casi dos años después, al pretender una candidatura al senado por el PAN, fue vetado.
El resto de la historia ya es más reciente y conocida. Manuel impugnó la decisión del partido ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación y este le dio la razón. Pero semanas más tarde, por la razón que haya sido en ese momento, Manuel renunció a participar en la contienda interna. Y luego a la bancada panista, para luego pedir licencia como diputado.
La mayoría de los “analistas” especulamos que iría por la izquierda rumbo al Senado, producto de algún amarre en las cúpulas. Y hasta que podía ser por Nueva Alianza, pues ya su hermana Tatiana anduvo en esos pasos.
Pero se reveló el Manuel Clouthier de toda la vida, que es como los topos, pues nunca se sabe por dónde va a reventar la tierra. Manuel tenía en su poder un análisis legal sobre las candidaturas ciudadanas, a partir de las reformas constitucionales del año pasado en materia de derechos humanos…
Y por ahí reventó. No tiene un pelo de tonto. Sabe que no ganará la Presidencia, ni lo pretende. Pero calcula que, si el IFE o el Tribunal Electoral o la Suprema Corte le avalan la candidatura, él ya ganó, porque hará historia. Reclamaría prerrogativas, tiempos en la radio y televisión y hasta dinero público para su campaña. Y sabe que si después de batallar en lo legal le restan dos o tres semanas para recorrer el país, él ya ganó. No está pensando en los votos que va a recibir, sino en el significado de una victoria legal frente a un sistema electoral que se ha mantenido cerrado por décadas para los ciudadanos.
Esa sería su gran victoria, el “gran boquete” del que habla emulando a su padre, cuando en 1988 se refería al viejo sistema priista. De hecho, el propio debate que a partir de su lanzamiento ha despertado sobre las candidaturas ciudadanas es ya una victoria para el empresario.
Muchas circunstancias juegan en favor de su discurso, aunque no necesariamente tenga que expresarse en votos. La gente está hasta la madre de los políticos y de los partidos y puede ser muy sensible a arengas ciudadanas, independientes. Sin embargo, hay un elemento que no le permitirá mucha movilidad, y es el tiempo. Si esta decisión la hubiera tomado el año pasado, y creado una estructura mínima de campaña, con cuadros, asesores, comités ciudadanos… la desventaja sería menor. Pero al cuarto para las doce los tacos de comen de pie, porque hay que subirse a un tren en marcha. Y Manuel Clouthier solo tendrá tiempo para pelear que le reconozcan su candidatura.
Con todo y que el sistema de partidos está anquilosado, que mucha gente reniega de los políticos, las estructuras funcionan cuando son para ellos mismos y ahora están trabajando a todo lo que dan para las elecciones. Lo cual no tendrá Manuel. La conciencia ciudadana a la que él apela ahora no existe, atisba apenas, con palidez, en forma de madrazos a la clase política, pero no como una acción política contra el sistema. Eso será después, seguramente, pero no ahora, a pesar de la urgencia de que esto ocurra.
Bola y cadena
PERO, AÚN MÁS, SI NO LE aceptan el registro, si se lo niegan el IFE, el Tribunal y la Corte, Manuel Clouthier de todas maneras gana porque está enarbolando una bandera sin duda justa, que debieron abanderar quienes dicen representar a los ciudadanos. Más allá de los votos
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