México. Una extraña «generación Z»: pasaron de los banderines blancos al descontrol y la ira

Hermann Bellinghausen /La Jornada /Resumen Latinoamericano, 16 de noviembre de 2025.
La gente estaba muy enojada, que ni qué. Pero no deja de extrañar que una marcha de derecha explícita y desafiante, portando imágenes guadalupanas y banderines blancos, diera el impulso y el contexto para atacar –con petardos, cohetones, pedradas y bombas de humo– a la Catedral Metropolitana que, igual que todo en el perímetro de la Plaza de la Constitución, se encontraba resguardada por una alta muralla de hierro, elocuente de por sí.
Lo más llamativo fue que los mismos manifestantes que gritaban “queremos paz” celebraran el violento acoso al templo católico y al Palacio Nacional.
En la plaza todo era insultos. Se dirá que así son las protestas políticas, aunque el tono aquí era bastante personal, manifestando odio visceral a la Presidenta con fantasías de vejación.
“Que la saquen y la encueren” gritaba un hombre junto a su señora. “Allá adentro les tiemblan las chichis”, vociferaba otro caballero, de camisa blanca y sombrero de ranchero (o sea de patrón). Con poca sororidad, unas señoras se burlaban procazmente de la flacura presidencial.
Los sombreros se vendían a 150 pesos en un tendido a media plancha. El comerciante hizo su agosto. Por televisión se insistía que había niños y familias, pero la verdad vi bien pocos menores de edad. Por fortuna. Había mucha hostilidad en el ambiente.
Con llamados a la “unidad” contra el “pinche narcogobierno”, miles de manifestantes, unos de blanco y otros de puro negro (como que no se pusieron de acuerdo en el color), marcharon desde el Ángel de la Independencia hasta el Zócalo. El convocante principal sugirió días antes desde su televisora tomar el Palacio Nacional “como en Nepal” (donde fue incendiado el palacio de gobierno). Varios grupos de jóvenes, digamos que unas decenas, le quisieron tomar la palabra dejándose ir contra las vallas en cuanto la plaza se fue llenando de manifestantes.
Se gritaban consignas contra “los partidos”. Algunas cartulinas igualaban al Prian, a Morena y al MC. Como suele suceder en estas marchas, no parecían pertenecer a organizaciones de base. Si le tuerce uno el brazo al sociólogo, se puede destacar un contenido de clase, de media para arriba, que se asume como “el pueblo” que el gobierno “se niega a escuchar”.
Sucesivos grupos bien organizados de encapuchados realizaron ataques a las vallas del Palacio Nacional. Con martillos y marros rompían adoquines para lanzarlos sobre y contra las vallas. Arrancaron pesadas coladeras para lo mismo. Los petardos, algunos muy atronadores, hicieron huir a los asustados, pero la gente en la plaza vitoreaba a cada embate.
La policía, aún oculta detrás de la muralla, comenzó a responder a los petardos con las mismas piedras y con gases. El polvorín que armaron los manifestantes en la esquina sur del Palacio levantó harto humo. Pude ver en una pantalla un noticiero que acusaba “represión y provocación a la generación Z” desde antes que la policía saliera para repeler con escudos y toletes a los atacantes, y eventualmente desalojar la plancha.
A la gente le dio mucho gusto cuando, después de casi una hora de asedio, los muchachos lograron arrancar un par de bloques de hierro. En otro punto engancharon una cadena y se juntaron decenas a jalar, sin éxito. A pocos pasos, los manifestantes pacíficos observaban, retrataban y aplaudían, mientras acusaban de “cobarde” al gobierno “por no salir”.
La generación Z se vio rebasada en número por sus mayores, pero padres, abuelos y tíos les dedicaron la marcha como para darles ánimos. “Opresor”, “asesino” y otros adjetivos eran acompañados en Cinco de Mayo por las nostálgicas baladas de Molotov, bien chido. Se superpusieron banderas nacionales y la calaca con sombrero del anime One Piece en manos de adultos que es poco probable que conozcan la épica historieta de Monkey D. Luffy.
“Claudia es peor que Trump”, juraba a gritos una anciana. Un señor de edad enarbolaba una gran bandera de la Hispanidad, añorando “a Vasconcelos, que sí era humanista” y asegurando que “éstos son peores que el judío Calles, que prohibió la religión”. Una chica al borde de las lágrimas, con más palabras que ideas denunció “la falta de libertad de expresión” ante las cámaras de un canal de televisión comercial. Así de raro todo.
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Encapuchados desatan violencia en el Zócalo
Por Jared Laureles, Fernando Camacho y Kevin Ruiz
El Zócalo capitalino se volvió escenario de un prolongado choque entre un grupo de individuos que apareció casi al final de las marchas de la generación Z y el Movimiento del Sombrero, y cientos de policías capitalinos, quienes por momentos se vieron superados y fueron incapaces de mantener en su sitio las vallas metálicas que resguardaban Palacio Nacional.
Los hechos ocurrieron después de las 15:30 horas, tras más de tres horas de disturbios y cuando los uniformados comenzaron a replegar a los manifestantes para tomar el control de la plancha.
Las movilizaciones llegaron sin contratiempos al Zócalo y cuando los contingentes recién habían ingresado a la plaza, pasado el mediodía, aparecieron individuos con el rostro cubierto y llamaron a derribar las vallas metálicas que resguardaban Palacio Nacional.
Otro grupo de jóvenes atacó la entrada principal de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Incluso, hay un video que circuló en redes sociales donde se observa a una persona tratando de ingresar por la ventana al inmueble.
Durante el desalojo, los uniformados fueron señalados de incurrir en excesos en el uso de la fuerza pública, ya que además de robar celulares cometieron abusos indiscriminados contra las personas que se manifestaban, situación que no se había visto desde hace mucho tiempo.
Los policías corretearon y replegaron a los manifestantes, hasta llevarlos a las calles 5 de Febrero, 20 de Noviembre y Pino Suárez. Por el andador Francisco I. Madero ingresaron más elementos equipados con sus escudos.
En los primeros intentos para quitar las vallas, los policías que se encontraban detrás de ellas intentaron disuadir a los agresores al arrojarles polvo de extinguidor, pero pasados unos minutos, los jóvenes retiraron las placas de tres metros de altura. Para ello usaron esmeriles eléctricos, tijeras cortacadenas y cuerdas.
Así, por primera vez fueron derrumbadas las estructuras, que durante años se han utilizado en las protestas.
El grupo de choque, integrado por decenas de individuos, rebasó en número a los uniformados; por momentos parecía bajar la tensión, y se pudo observar a un policía saludar a algunos de los manifestantes y ondear la bandera mexicana para llamar a la calma.
Pero llegaron refuerzos. En medio del descontrol, se pudo observar a elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana golpeando a personas en el piso con sus escudos, otras siendo arrastradas y algunas más recibieron patadas. Paramédicos atendieron a decenas de heridos.
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