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domingo, 29 de mayo de 2011

Afganistán y la Heroína que financia a CIA

Afganistán y la Heroína que financia a CIA

Nadie mencionaba la producción de heroína afgana en 1980 cuando se produjo la invasión soviética. Tampoco nadie mencionó la heroína cuando se articuló desde Pakistán la resistencia afgana. Ni siquiera apenas existieron noticias de los cultivos durante el régimen talibán. Las primeras noticias masivas sobre los cultivos de opinión en Afganistán aparecen en julio de 2001, cuando se rompen definitivamente las conversaciones entre los talibán y el gobierno norteamericano y desde los centros de poder de los EEUU se inician las operaciones psicológicas destinadas a justificar la intervención en Afganistán.

Ya se había intentado antes de Colombia cuando el embajador norteamericano aludió a los "narcoterroristas" refiriéndose a las FARC y el ELN. El término dio resultado y se ha aplicado allí donde existía el problema o bien donde era necesario, aunque no verdadero. Mientras duró al campaña de Afganistán las informaciones sobre la heroína proliferaron en los medios occidentales. Luego volvió a haber sequía informativa sobre el tema. Y sin embargo, ha sido precisamente bajo el gobierno de Hamid Karzai cuando el cultivo de la adormidera ha alcanzado máximos históricos.

En efecto, a mediados de 2002 empezaba a rumorearse que la cosecha iba a ser extraordinaria. A principios de 2003, la BBC publicaba que éste año la producción de heroína iba a ser ese año ¡18 veces superior al anterior! El dato procedía de la Oficina para el Control de las Drogas y la Prevención del Delito (UNDCP) de NNUU. Su director ejecutivo, Antonio María Costa, intentó quitar hierro al asunto y explicó que dicho aumento se debía al "colapso total de ley y orden en el otoño de 2001". Pero ese no era exactamente el problema. Los talibán, en tanto que fieles islamistas fanatizados, se oponían al cultivo del opino y consiguieron reducir la producción durante sus años de gobierno. Los talibán habían conseguido reducir el cultivo del opio a 185 toneladas. Pero, tras la operación norteamericana en Afganistán, esta cantidad aumentó hasta ¡3400 toneladas! Esto implica un retorno a los tiempos –principios de los años 90- en los que la producción afgana suponía el 70% de la heroína producida en el mundo.

El gobierno afgano intentó salvar las apariencias ofreciendo 500 dólares por hectárea que cambiara de cultivo. Si tenemos en cuenta que una hectárea de este cultivo produce anualmente unos beneficios anuales de 4000 dólares, se comprobará que esa cantidad no solamente era insuficiente, sino que rozaba el ridículo. La UNDCP calcula que en 2002 se llegará a cultivar entre 45.000 y 65.000 hectáreas de opio, frente a las 7.606 del año anterior. El año 2003 se cultivarán 58379 hectáreas de opio, más o menos las mismas que en 1997, cuando los talibán se comprometieron a erradicar el cultivo.

En 1999 , de todas formas el cultivo había llegado a máximos históricos, pero al año siguiente logró reducirse en un 10% y al siguiente volvió a repetirse el éxito. El 2001 el cultivo del opio se había reducido espectacularmente y solamente se cultivaban 7.606 hectáreas, el 10% de lo que se cultivaba cuatro años antes. Bruscamente, cuando el cultivo podía ser definitivamente erradicado en pocos años más, se produjeron los bombardeos americanos y la invasión del país. En un ambiente de vacío de poder, anarquía y corrupción, las nuevas autoridades dejaron de preocuparse por el problema. Es más, la droga volvió a ser un incentivo para los campesinos afganos. Pero se trataba de una vieja historia. Efectivamente, la heroína se cultivaba desde la másr emota antigüedad en la región, pero se trataba de un cultivo marginal y así siguió siéndolo hasta 1979, cuando se produjo la invasión soviética. Desde ese momento, el opio financió a la guerrilla con el visto bueno de la CIA y de la Administración norteamericana. El opio cultivado en Afganistán, se llevaba a cientos de laboratorios instalados en Pakistán que la procesaban y la transformaban en heroína. Sus beneficios, no solamente revirtieron en la guerrilla antisoviética sino que ayudaron al general Zia Ul-Haq, dictador pakistaní e integrista islámico, a financiar su programa nuclear. Charles Cogan, director regional de la CIA afirmó a posteriori que "se sacrificó la guerra contra la droga por la Guerra Fría".

Esta situación debía de cambiar con la llegada de los talibán. Sea por que el Corán es manifiestamente hostil al consumo de droga, sea por la presión de las NNUU, el caso es que el 27 de julio de 2000, el jeque Muhammad Omar, líder de los talibanes, prohibió el cultivo de la adormidera por razones religiosas y se produjo una reducción espectacular en su cultivo. De hecho el el 83% de la producción de opio ha sido recolectado en la provincia afgana de Badajshan, bajo el dominio de la Alianza del Norte, que utilizaba sus beneficios para proseguir el combate. El misterio es cómo ha sido posible que el precio de la heroína no subiera en Europa y como el suministro a los consumidores se continuó realizando sin grandes problemas. Esto ha hecho pensar a algunos observadores que existían en Pakistán fuertes reservas de adormidera en algún lugar no identificado. . Según el UNDCP, los campesinos recibían menos del 1 % de los beneficios totales generados por el tráfico de heroína, el 2,5 % se quedaba en Afganistán y Paquistán, en manos de los traficantes, y el 5 % en los países por los que pasaba la heroína en dirección a Occidente. Pero, incluso teniendo en cuenta estos débiles porcentajes, estamos hablando de cientos millones de euros. Desde 1980, todos los "señores de la guerra" han financiado a sus ejércitos particulares y sus bolsillos con dinero procedente de la droga.

Pakistán fue hasta 1989 el primer productor mundial de heroína, acaparando el 70% del mercado mundial. Esta inmensa producción había sido tolerada por la CIA y el ISI (servicios secretos pakistaníes), parte de los beneficios iban a parar a los mujahidines afganos. Cuando en 1983, el nuevo jefe del ISI, Akhtar Abdur Rehman advirtió que la situación se les había escapado de las manos, se vió obligado a expulsar a todo el personal del ISI en Quetta, implicado en el tráfico de drogas y armas con destino a los muyahidin. En 1986, se produjo la mayor incautación de droga de la historia paquistaní.

Resultó detenido el comandante Zahooruddin Afridi cuando conducía por la carretera de Karachi a Peshawar con doscientos veinte kilos de heroína. En esa misma ruta, un par de meses después fue detenido el teniente Jalilur Rehman, con doscientos veinte kilos de heroína quien no tuvo el menor inconveniente que esta era su quinta "misión". El monto total de estas dos capturas suponían la misma cantidad que entregaba EEUU durante todo el año en concepto de ayuda a Pakistán.

Ambos oficiales, tras ser detenidos pudieron fugarse cómodamente de la cárcel. Los 17 agentes de la DEA de servicio en Pakistán lograron identificar cuarenta núcleos mafiosos en el país formados todos ellos a la sombra del poder y al calor del conflicto afgano. Ni uno solo de estos grupos fue desarticulado en la época. Los agentes de la DEA pidieron otros destinos quejándose de que la CIA les impedía cumplir con su misión. En efecto, los sobornos de la CIA pagados a los "señores de la guerra" pashtunes permitían el paso de los convoyes de armamento por las zonas tribales; en una segunda etapa, por esas mismas rutas se inició el tráfico de heroína. Todo este tráfico, ciertamente ha beneficiado a los "señores de la guerra" y al mantenimiento de sus ejércitos particulares. Ha beneficiado en su momento a la lucha contra los soviéticos y, más tarde, ha podido alimentar el foco guerrillero –testimonial hasta la intervención americana- de la Alianza del Norte contra el régimen talibán. Pero también ha causado extraordinarios conflictos allí y en los países por donde esta mercancía circula hasta Europa. Pakistán, que carecía de adictos a la heroína en 1979, antes de la invasión soviética de Afganistán, tenía 600.000 en 1986 y tres millones en 1995. En la actualidad se estima que pasan de cinco millones. Otro tanto ha ocurrido en Irán que era víctima de una auténtica plaga: en pocos años la sociedad iraní había generado tres millones de toxicómanos, a pesar de las leyes antidrogas extremadamente duras y que implican pena de muerte por la posesión de unos pocos gramos de esta droga.

Irán había luchado duramente contra el narcotráfico perdiendo en operaciones antidroga a 2500 policías y militares, víctimas de enfrentamientos con narcotraficantes. Así mismo, los adictos a la heroína también aumentaron en Uzbekistán, Tayikistán, Turkmenistán y Kirguizistán, países por los que transita inexorablemente la heroína hasta Europa. Pero lo más sorprendente es que la primera oleada de heroinómanos en Europa Occidental tuvo lugar en 1983 de forma brusca e inesperada. Esto coincidió con el recrudecimiento de las operaciones antisoviéticas en Afganistán y con la frenética actividad de los laboratorios pakistaníes en el procesado de la adormidera afgana. Las miles de familias que han sufrido en España el azote de la droga, deben saber dónde y por qué se inició el conflicto que acabó en muchos casos con la muerte de seres queridos y siempre con un inmenso dolor.

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