Estruendo de la flecha y eco de 'La bestia', tren de migrantes
Javier Álvarez y Emilio Said presenta acto electroacústico en la ESAY
Jafet Kantún
La Jornada Maya
Mérida, Yucatán
Lunes 24 de septiembre, 2018
Desde las 4 de la tarde del sábado pasado, una intensa lluvia cayó sobre el centro de la ciudad de Mérida. El pavimento de la 48, desde su cruce con la 65 y hasta donde se encuentra la antigua estación de trenes, actualmente sede de la Escuela Superior de Artes de Yucatán (ESAY), permanecía en su mayoría bajo unos 10 centímetros de agua.
En aquella ex estación de trenes, en las afueras enlodada por la tierra que se desbordaba de sus costados, se resguardaba el escenario donde se llevaría a cabo una noche artística.
Al cruzar el pasillo central, flanqueado por los salones de la ESAY, y al llegar hasta donde se encuentran metros de vía férrea y un andén remodelado, se sentía un ambiente distinto, casi atemporal. El olor a tierra producto de la lluvia, el marrón de las puertas de madera, las vías y un andén visiblemente limpio y recién trabajado, generaban un cúmulo extraño de sensaciones, que presagiaban lo que estaba por venir.
Tal era la esencia del lugar, que el equipo de sonido (bocinas y mezclador) y una computadora se veían fuera de lugar. Fue en esas bocinas que, a las 5:20 de la tarde, se proyectó el tenue sonido de una locomotora. Aquello, hizo a más de un asistente que platicaba con su próximo, levantar mirada, tal vez como si esperasen que de aquel brillante fondo del andén estuviese acercándose una máquina a vapor.
Pocos minutos después, Emilio Said, artista visual y miembro del Sistema Nacional de Creadores del Arte, armado con dos arcos y más de 50 flechas, se colocó frente a un piano, de espaldas al público. Aquello atrajo la atención de los presentes, y dejó un silencio en el lugar, propicio para que unos instantes después, Javier Álvarez, iniciara una abstracta melodía.
Javier Álvarez Fuentes, compositor especializado en música electroacústica, música para cine y concierto, fue nominado a los premios Grammy en el 2012, ganador del Premio Nacional de Ciencias y Artes de Bellas Artes de la SEP en 2013 y fungió como director de la ESAY hasta 2007. Además de tener una larga carrera como catedrático para diversas instituciones educativas en México y el extranjero.
Durante los siguientes diez minutos, Emilio fue disparando flechas, una detrás de otra, contra aquel cuerpo de madera ubicado en el centro del andén. Algunas flechas se quedaban incrustadas en el instrumento, otras, daban un chispazo y rebotaban cayendo al suelo. Cada disparo resonaba en el espacio. La razón, el eco de lugar de más de cien metros prácticamente vacío, y dos micrófonos colocados dentro del piano.
Al disparar la última flecha, la cual en vez de impactar contra el piano como las otras, recorrió el aire dentro del andén hasta tocar el piso. Emilio cerró su obra Arquitectura Molecular, se dirigió al público y les dijo que aquél era el momento para hacer preguntas. Al artista le pareció que aquella fue la mejor manera de concluir la pieza, admitió posteriormente.
La interrogante, ¿Qué era lo que acababa de pasar? fue inmediatamente planteada por los presentes. El artista explicó que a cada estruendo emitido por una flecha al golpear el piano, le correspondía un siguiente disparo en respuesta al sonido. “Tomo una fotografía al sonido, en audio, y haz de cuenta que las bocinas son proyectores de sonido”, describió Javier. De esta manera, a un disparo corresponde un sonido, y a ese sonido un disparo. “La pieza tiene un marco generativo, pero si la volvemos a hacer seguramente no va a ser igual”, detalló el compositor.
El piano, con decenas de flechas que le atravesaban, se volvió una obra de arte visual, que como relataron sus autores, posiblemente sea exhibida en la misma ESAY o en algún otro espacio.
Para cerrar la ceremonia se realizó un concierto digital de obras abstractas. Los asistentes, después de apreciar los más de 50 disparos de Emilio y tomarse fotos con el castigado piano, escucharon en silencio Flautas de Serpientes, de Roberto Morales; y casi al final, Mejor morir en la selva del mismo Javier Álvarez.
Esta última pieza fue inspirada en un artículo periodístico que el músico leyó en algún momento de su vida. Explicó que el artículo relataba la experiencia de un migrante a bordo de La Bestia. Cuando se le preguntó al viajero que si no era demasiado peligrosa la travesía, él respondió “Mejor morir en la selva”.
La pieza abstracta electroacústica, incorpora zumbidos de insectos y aspas de helicópteros que resonaban en el lugar y crecían progresivamente. Como si se regresara a aquel extraño ambiente del inicio de la jornada.
Ambos artistas, además de Elías Puc, compositor y alumno de Javier Álvarez desde 2004 que se ha presentado en varios países de América y Europa, agradecieron al director de la Escuela Superior de Artes de Yucatán, Enrique Martín Briceño, por permitirles exhibir la pieza Arquitectura Molecular en las instalaciones de la institución.
La Jornada Maya
Mérida, Yucatán
Lunes 24 de septiembre, 2018
Desde las 4 de la tarde del sábado pasado, una intensa lluvia cayó sobre el centro de la ciudad de Mérida. El pavimento de la 48, desde su cruce con la 65 y hasta donde se encuentra la antigua estación de trenes, actualmente sede de la Escuela Superior de Artes de Yucatán (ESAY), permanecía en su mayoría bajo unos 10 centímetros de agua.
En aquella ex estación de trenes, en las afueras enlodada por la tierra que se desbordaba de sus costados, se resguardaba el escenario donde se llevaría a cabo una noche artística.
Al cruzar el pasillo central, flanqueado por los salones de la ESAY, y al llegar hasta donde se encuentran metros de vía férrea y un andén remodelado, se sentía un ambiente distinto, casi atemporal. El olor a tierra producto de la lluvia, el marrón de las puertas de madera, las vías y un andén visiblemente limpio y recién trabajado, generaban un cúmulo extraño de sensaciones, que presagiaban lo que estaba por venir.
Tal era la esencia del lugar, que el equipo de sonido (bocinas y mezclador) y una computadora se veían fuera de lugar. Fue en esas bocinas que, a las 5:20 de la tarde, se proyectó el tenue sonido de una locomotora. Aquello, hizo a más de un asistente que platicaba con su próximo, levantar mirada, tal vez como si esperasen que de aquel brillante fondo del andén estuviese acercándose una máquina a vapor.
Pocos minutos después, Emilio Said, artista visual y miembro del Sistema Nacional de Creadores del Arte, armado con dos arcos y más de 50 flechas, se colocó frente a un piano, de espaldas al público. Aquello atrajo la atención de los presentes, y dejó un silencio en el lugar, propicio para que unos instantes después, Javier Álvarez, iniciara una abstracta melodía.
Javier Álvarez Fuentes, compositor especializado en música electroacústica, música para cine y concierto, fue nominado a los premios Grammy en el 2012, ganador del Premio Nacional de Ciencias y Artes de Bellas Artes de la SEP en 2013 y fungió como director de la ESAY hasta 2007. Además de tener una larga carrera como catedrático para diversas instituciones educativas en México y el extranjero.
Durante los siguientes diez minutos, Emilio fue disparando flechas, una detrás de otra, contra aquel cuerpo de madera ubicado en el centro del andén. Algunas flechas se quedaban incrustadas en el instrumento, otras, daban un chispazo y rebotaban cayendo al suelo. Cada disparo resonaba en el espacio. La razón, el eco de lugar de más de cien metros prácticamente vacío, y dos micrófonos colocados dentro del piano.
Al disparar la última flecha, la cual en vez de impactar contra el piano como las otras, recorrió el aire dentro del andén hasta tocar el piso. Emilio cerró su obra Arquitectura Molecular, se dirigió al público y les dijo que aquél era el momento para hacer preguntas. Al artista le pareció que aquella fue la mejor manera de concluir la pieza, admitió posteriormente.
La interrogante, ¿Qué era lo que acababa de pasar? fue inmediatamente planteada por los presentes. El artista explicó que a cada estruendo emitido por una flecha al golpear el piano, le correspondía un siguiente disparo en respuesta al sonido. “Tomo una fotografía al sonido, en audio, y haz de cuenta que las bocinas son proyectores de sonido”, describió Javier. De esta manera, a un disparo corresponde un sonido, y a ese sonido un disparo. “La pieza tiene un marco generativo, pero si la volvemos a hacer seguramente no va a ser igual”, detalló el compositor.
El piano, con decenas de flechas que le atravesaban, se volvió una obra de arte visual, que como relataron sus autores, posiblemente sea exhibida en la misma ESAY o en algún otro espacio.
Para cerrar la ceremonia se realizó un concierto digital de obras abstractas. Los asistentes, después de apreciar los más de 50 disparos de Emilio y tomarse fotos con el castigado piano, escucharon en silencio Flautas de Serpientes, de Roberto Morales; y casi al final, Mejor morir en la selva del mismo Javier Álvarez.
Esta última pieza fue inspirada en un artículo periodístico que el músico leyó en algún momento de su vida. Explicó que el artículo relataba la experiencia de un migrante a bordo de La Bestia. Cuando se le preguntó al viajero que si no era demasiado peligrosa la travesía, él respondió “Mejor morir en la selva”.
La pieza abstracta electroacústica, incorpora zumbidos de insectos y aspas de helicópteros que resonaban en el lugar y crecían progresivamente. Como si se regresara a aquel extraño ambiente del inicio de la jornada.
Ambos artistas, además de Elías Puc, compositor y alumno de Javier Álvarez desde 2004 que se ha presentado en varios países de América y Europa, agradecieron al director de la Escuela Superior de Artes de Yucatán, Enrique Martín Briceño, por permitirles exhibir la pieza Arquitectura Molecular en las instalaciones de la institución.
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