Rosario Robles, pan y circo en San Lázaro de la malinche moderna
En medio de reclamos, cuestionamientos y hasta enfrentamientos entre los legisladores, compareció este martes ante el pleno de San Lázaro la titular de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu), Rosario Robles Berlanga.
Aunque iba como parte de la glosa del Sexto Informe de Gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, todos sabíamos que en el fondo habría tunda seca para la funcionaria por sus presuntos vínculos en la denominada Estafa Maestra, a partir de la cual se desviaron miles de millones de recursos públicos a empresas fantasmas a través de una red en la que estuvieron involucradas universidades públicas.
La secretaria trató de defenderse e insistió en que ella tenía “las manos limpias” y que no hallarían pruebas en su contra.
“Yo no voy a tener fuero. Yo voy a ser una ciudadana común y corriente que le hará frente a cualquier autoridad, porque tengo las manos limpias y tengo la conciencia tranquila”, respondió Robles al posicionamiento del PRD, presentado por el diputado Emmanuel Reyes, a través del cual solicitaron a la secretaria dejar el cargo antes de que termine el periodo de transición.
“Aquí a nadie se ha juzgado, aquí no hay una sola prueba, y hace un rato, que solo se dio insulto, yo le digo al diputado del PRD, que aquí estuvo presente, que quedan nada más 45 días, pero hay mucho qué hacer, no pienso renunciar, tengo mucho trabajo todavía”, dijo.
Aburrido de todo lo que decía la exjefa del Gobierno capitalino, Gerardo Fernández Noroña, del PT, demandó cancelar la comparecencia ante lo que llamó “cinismo” de parte de la experredista.
“Es intolerable seguir escuchando ese nivel de desvergüenza”, expresó.
Una legisladora priista lo calló, y él muy a su estilo la confrontó y, entre manoteos, el peculiar Luis Enrique Miranda salió al quite.
Evitando una pelea que se convertiría en legado dada la personalidad de ambos legisladores, el guerrerense René Juárez intervino y todo quedó, como siempre, en bravuconerías.
Rosario, no muy preocupada, tal como se lo recomendó hace algunos años su jefe, siguió hablando por horas, intentado justificar sus acciones, hasta que la diputada de Movimiento Ciudadano, Martha Tagle, le puso un monumental ‘estatequieto’.
“¿Por qué se tomó la decisión editorial de poner el nombre y la cara de una mujer a esta investigación periodística (La Estafa Maestra)? Eso se llama violencia política de género y usted y yo hemos luchado en contra de ello, señora diputada”, lanzó primero la secretaria.
“La condiciones de género no nos eximen de asumir nuestra responsabilidad en el cargo público y de ser señaladas por actos de corrupción, no te equivoques, Rosario, tampoco, al querer seguir tapando a esta red de corruptos que te pusieron en esa comisión”, respondió tajante Martha Tagle.
Los señalamientos se prolongaron a lo largo de la tarde.
Como si los legisladores no entendieran que solo se trataba de un “chivo expiatorio” al que, si de veras creen culpable, lo primero que habría que hacer sería denunciar formalmente y luego exigir a las autoridades que realmente tomaran cartas en el asunto.

No hay comentarios:
Publicar un comentario