Aguacate: costos y beneficios
Al menos 2 mil huertas de agua-
cate del estado de Michoacán no
pueden exportar el producto a
Estados Unidos debido a que sus
cultivos fueron levantados me-
diante la deforestación de áreas boscosas, al-
gunas de las cuales tienen un valor ecológico
incalculable en tanto sirven como santuario
durante la migración de la mariposa monar-
ca. El Tratado entre México, Estados Unidos
y Canadá (T-MEC) exige que 100 por ciento
del fruto exportado a nuestro país vecino del
norte esté certificado en el cumplimiento de
requisitos ambientales, en particular, que no
provenga de predios deforestados de manera
ilegal. En este sentido, cabe destacar que las
huertas sancionadas representan apenas el
3.45 por ciento de las existentes en la enti-
dad, y que en la actualidad se dispone de una
tecnología para monitorear en tiempo real
la tala irregular en las zonas aguacateras de
Michoacán.
La severidad con que Washington vigila y
restringe la cuarta mayor agroexportación
mexicana contrasta con el desmantelamien-
to de todas las protecciones al medio am-
biente, que es uno de los principales ejes del
gobierno de Donald Trump. Desde que volvió
a la Casa Blanca hace un año, el magnate
ha retirado a Estados Unidos del Acuerdo
de París (el más importante instrumento
multilateral para luchar contra el cambio
climático), así como de todas las agencias de
la ONU relacionadas con temas ambientales;
ha eliminado la protección de áreas naturales
a fin de permitir la extracción de hidrocarbu-
ros; ordenado el cierre de plantas de genera-
ción de energías renovables (con una guerra
personal contra la eólica, a la que considera
“antiestética”) y hasta llamado a talar árboles
dentro de su país para evitar las importacio-
nes de madera.
Sin embargo, la hipocresía estadunidense y
su uso de la agenda ambiental como un mero
pretexto para ejercer presiones y chantajes
sobre la economía mexicana no borran el
hecho de que el cultivo descontrolado de
aguacate para exportación es un problema de
primer orden tanto para el campo nacional
como de cara a la crisis hídrica que padece
nuestro país. Cada año, hasta 20 mil hectá-
reas de bosques son sustituidas por planta-
ciones de aguacate sólo en el estado de Mi-
choacán, lo cual supone casi la mitad de toda
la deforestación causada por la agricultura a
nivel nacional. Crecer un solo aguacate hasta
sus dimensiones comerciales requiere alre-
dedor de 220 litros de agua; un kilogramo del
fruto absorbe casi mil 200 litros del líquido y
los 1.8 millones de toneladas de aguacate que
se producen cada año en Michoacán consu-
men tanta agua como la ciudad de Morelia en
15 años. Más allá de las dificultades de acceso
al agua que se presentan cada temporada de
sequía en decenas de ciudades del país –y que
en algunas regiones son permanentes–, el
acaparamiento del líquido para la producción
de aguacate ya da pie a conflictos directos
entre comunidades, como ocurre en la zona
limítrofe entre Morelos y Puebla desde que
comenzó a cultivarse el fruto.
En suma, el cultivo del denominado “oro
verde” genera problemas ambientales y
sociales que no se cuantifican al calcular los
ingresos de su venta en los mercados nacio-
nal y global. Asimismo, consume recursos
que podrían utilizarse en la producción de
alimentos básicos que apuntalen la soberanía
alimentaria y contribuyan a la nutrición de los
mexicanos en lugar de generar ganancias pa-
ra unos pocos dueños de la agroindustria. Por
ello, es indispensable equilibrar los beneficios
económicos derivados del sector aguacatero
con sus impactos sobre la naturaleza, las
comunidades y las ciudades, pues la actividad
económica no puede desligarse de sus conse-
cuencias deseadas e indeseadas.
EL CORREO ILUSTRADO
México también fue
invadido en 1914 por
Estados Unidos
En La Jornada del día 15 de enero
se publicó un atinado artículo de
Imanol Ordorika sobre las múlti-
ples y prolongadas intervenciones
imperialistas de Estados Unidos
en América Latina, que van desde
1846-1948 en México, hasta la
reciente del 3 de enero de 2026
en Venezuela; se describen bre-
vemente alrededor de 20 de ellas.
Cabe señalar que nuestro país,
quizá, ha sido el más “intervenido”
y el más afectado (“tan lejos de
Dios y tan cerca de los yanquis”);
por ello es importante referirse a
una invasión militar que el maes-
tro Ordorika omitió: se trata de
la hecha del 21 de abril al 23 de
noviembre de 1914 en Veracruz,
en pleno proceso de la Revolución
Mexicana y meses antes del inicio
de la Primera Guerra Mundial,
comandada por una flota de de-
cenas de buques de guerra en los
que predominaban los marines y
soldados que ocuparon el puerto
mexicano. El gobierno de Woo-
drow Wilson buscó la manera de
entrometerse directamente para
presionar y deponer al gobierno
del golpista Victoriano Huerta
(a pesar de que el embajador H.
Lane Wilson había impulsado el
golpe a Madero) debido a que éste
habría comprado un gran lote de
armas a países europeos; después
de encontrar el pretexto en la
retención de algunos marinos
estadunidenses en Tampico, arre-
mete contra sitios estratégicos del
puerto. A pesar de la debilidad de
las fuerzas militares y de la Arma-
da en Veracruz, encontró resisten-
cia por parte principalmente de
cadetes navales, pues el general
Gustavo Maass recibió órdenes
de retirarse; el comodoro Manuel
Azueta Perillos dirigió la defensa,
en la que resultó herido y después
fallecido su hijo José; igualmente,
el cadete Virgilio Uribe cayó heroi-
camente en la defensa.
Sirva la presente para activar
nuestra memoria de resistencia
y soberanía nacional ante la
aplicación militar de la Doctrina
Monroe hoy reseteada 3.0, bajo la
denominación Trumproe.
Miguel Ángel Adame Cerón, ENAH-
INAH
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viernes, 16 de enero de 2026
México también fue invadido en 1914 por Estados Unidos
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