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lunes, 23 de febrero de 2026

$50 millones en “sportwashing”: tras ignorar genocidio durante dos años, FIFA financia estadios en Gaza

 

Publicada: domingo, 22 de febrero de 2026 23:56
Actualizada: lunes, 23 de febrero de 2026 3:22

FIFA ignora genocidio en Gaza por dos años y, en un gesto hipócrita, financia estadios con 50 millones de dólares mientras mantiene a Israel activo en el fútbol.

Por: Mohammad Ali Haqshenas *

FIFA, el organismo rector del fútbol mundial que se apresuró a sancionar a Rusia tras su operación militar en Ucrania, ha permanecido inmóvil durante más de dos años ante el genocidio perpetrado por el régimen israelí y Estados Unidos en Gaza.

La organización ha rechazado reiteradas solicitudes de aficionados, grupos de derechos humanos, relatores de la ONU y numerosos gobiernos para suspender al equipo de fútbol israelí por la masacre de más de 72 000 palestinos desde el 7 de octubre de 2023, la mayoría mujeres y niños.

Sin embargo, de manera repentina y con un marcado tufillo de hipocresía, la FIFA decidió financiar la construcción de instalaciones futbolísticas en el territorio sitiado y ensangrentado.

Durante el evento denominado “Board of Peace”, presidido por el presidente estadounidense Donald Trump en Washington, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, prometió formalmente 50 millones de dólares para infraestructura futbolística en Gaza.

El paquete incluye fondos para un nuevo estadio, centros de entrenamiento y la ampliación de la infraestructura deportiva en un territorio donde, tras más de 28 meses de genocidio —que continúa mientras se escribe este artículo—, los cementerios superan en número a los barrios residenciales.

En lugar de suspender a Israel por una guerra que incluso expertos de la ONU han calificado explícitamente como genocidio, la FIFA optó por un camino más cómodo: donar a Gaza.

El anuncio se produjo aproximadamente dos meses después de que el medio español AS informara que, en una reunión del Consejo de la FIFA en Doha, se decidió destinar una parte de los ingresos del Mundial 2026 para “apoyar a Gaza”.

La decisión de la FIFA resulta reveladora: expone a un organismo que no está dispuesto a enfrentar a los asesinos en masa, pero que está notablemente dispuesto a financiar a los bomberos.

El objetivo declarado es ayudar al pueblo palestino a recuperarse de una guerra genocida que se prolonga por más de dos años. Pero la hipocresía se evidencia en múltiples niveles.

El pretexto apolítico

La primera capa es la doctrina de la moralidad selectiva. FIFA insiste en ser “apolítica” cuando se le solicita sancionar a Israel, aunque no duda en entrar al terreno político cuando le conviene.

El mensaje desde Zúrich es inequívoco: suspender a una federación se presenta como un acto político, mientras que firmar un cheque se vende como un gesto humanitario.

Infantino ha perfeccionado este acto retórico de equilibrio. El 2 de octubre, frente a la creciente presión para actuar, desestimó los llamados a la suspensión caracterizando la crisis como un “problema geopolítico”.

“Estamos comprometidos a usar el poder del fútbol para unir a las personas en un mundo dividido”, declaró en ese momento, a pesar de las crecientes exigencias de actuación por parte de la FIFA.

Este es el escudo “apolítico”, que permite ignorar los desesperados llamados de expertos de la ONU, quienes el 23 de septiembre urgieron a FIFA y UEFA a suspender a Israel.

Se recordaba que las obligaciones para prevenir el genocidio son “normas imperativas del derecho internacional aplicables a todos, en todo momento, sin excepción”, y que el deporte “debe rechazar la percepción de que todo sigue como de costumbre”.

Normalización de la injusticia

Pretender apoyar financieramente a Gaza no aborda la cuestión de la rendición de cuentas. En cambio, convierte un asunto de responsabilidad legal y moral en uno de asistencia ante desastres.

Permite a FIFA proyectar compasión mientras evade la pregunta más difícil: ¿por qué una asociación miembro vinculada a un genocidio sistemático no enfrenta ninguna consecuencia deportiva?

La guerra sin restricciones en Gaza ha dejado más de 72 000 muertos y 172 000 heridos, incluidos futbolistas, y múltiples estadios e instalaciones deportivas han sido dañados o destruidos.

En este contexto, la promesa financiera de FIFA corre el riesgo de mercantilizar las secuelas de la violencia genocida, legitimando al mismo tiempo la impunidad del agresor.

Como han advertido expertos de la ONU, los organismos deportivos “no deben cerrar los ojos ante graves violaciones de derechos humanos, especialmente cuando sus plataformas son usadas para normalizar injusticias”.

Al mantener a Israel en el terreno mientras escribe cheques a las víctimas, FIFA está precisamente haciendo eso: normalizando la injusticia. Señala que la destrucción de Gaza es una tragedia que debe financiarse, no un crimen que debe castigarse.

Responsabilidad en La Haya

Esta tensión entre los llamados gestos humanitarios y la impunidad institucional ha alcanzado una nueva fase. El 16 de febrero se presentó formalmente ante la Corte Penal Internacional (CPI) una comunicación legal detallada contra Infantino y Aleksander Čeferin, presidente de la UEFA.

La denuncia sostiene que han asistido y facilitado crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad según el Estatuto de Roma, centrados en la inclusión continua de clubes israelíes ubicados en asentamientos ilegales en territorios palestinos ocupados.

Se permite que estos clubes compitan en ligas organizadas por la Asociación de Fútbol de Israel y celebren partidos en tierras confiscadas, mientras que a los palestinos se les prohíbe asistir, jugar o gestionar los clubes.

La presentación, de 120 páginas, proviene de futbolistas, clubes, propietarios de tierras y grupos de defensa internacionales palestinos. Desafía la noción de neutralidad de FIFA y UEFA y expone el costo legal de fingir lo contrario.

El precedente ruso

FIFA no puede alegar que su doble rasero sea accidental o burocrático. En 2022, sancionó a Rusia con rapidez récord para proteger la “integridad del fútbol”.

Gaza pone a prueba esa misma integridad, pero la respuesta no podría ser más distinta.

“Es difícil de explicar y entender que haya un doble estándar”, dijo la ministra española de Deportes Pilar Alegría en septiembre. “Es importante que el deporte, ante esta situación, adopte una postura al menos similar a la tomada contra Rusia”.

El excapitán del Manchester United Eric Cantona expresó lo mismo en Londres: “FIFA y UEFA deben suspender a Israel. Los clubes de todo el mundo deben negarse a jugar contra equipos israelíes”.

Al negarse a actuar, FIFA transmite que algunas muertes civiles violan más los valores del fútbol que otras. Cuando los tanques entraron en Ucrania, la amenaza a la “familia del fútbol” se consideró existencial. Cuando bombas caen sobre Gaza durante dos años, destruyendo estadios y matando atletas, se trata de un “problema geopolítico” que se resuelve con una donación.

Blanqueo de la inacción

Al prometer millones a Gaza mientras mantiene a Israel plenamente integrado, FIFA blanquea la inacción bajo el manto del humanitarismo. Busca crédito moral sin consecuencias políticas. No es ética, sino contabilidad para equilibrar su conciencia.

Por un lado, mantiene la normalidad lucrativa de la competencia internacional, contentando a patrocinadores y emisoras; por otro, destina una fracción de miles de millones a “apoyar la Franja de Gaza”, esperando que el brillo de la filantropía oculte su doble rasero.

La presión no proviene solo de altos funcionarios, sino de la base, de los aficionados a quienes FIFA dice representar. La campaña “Game Over Israel”, lanzada en Nueva York y financiada por el American Arab Anti-Discrimination Committee (El Comité Antidiscriminación Árabe-Estadounidense), ha promovido un boicot mediante pancartas, tifos y abandonos de estadio.

Los comités ejecutivos de FIFA y UEFA permanecen paralizados, escondiéndose detrás de frágiles ceses al fuego y debates interminables para evitar hacer lo que hicieron rápidamente en 2022.

* Mohammad Ali Haqshenas es periodista con sede en Teherán.


Texto recogido en un artículo publicado en Press TV

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