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jueves, 14 de mayo de 2026

Cortés y Cuauhtémoc: despojo y resistencia

 Cortés y Cuauhtémoc:
despojo y resistencia

ABRAHAM NUNCIO
El de Andrés Manuel López
Obrador, quien pidió en mar-
zo de 2019 al rey Felipe VI
ofrecer disculpas al pueblo de
México por lo que significó
la conquista a manos de la monarquía
española en relación con los crímenes
cometidos durante la Colonia, ahora se
ve, fue un gesto justo y puntual desde el
punto de vista histórico, político y ético.
Desde la derecha y un segmento de la
izquierda mexicanas se lo tildó de ocioso,
teatral, anticlimático, inapropiado y has-
ta ridículo. Para no hablar de la derecha y
cierto público de España. Si la monarquía
española contemporánea no comul-
gara con ambos y hubiera aceptado la
solicitud de López Obrador, Isabel Díaz
Ayuso, la presidenta de la Comunidad de
Madrid, no habría osado venir a rendir
homenaje a la figura de Hernán Cortés,
revalidando con ello lo que la Conquista
resultó para la sociedad del Anáhuac en
términos reales de saqueo, genocidio
y destrucción material y cultural; ni a
fortalecer a la oligarquía empresarial
de nuestros días en territorio mexicano
y los empeños imperialistas de Estados
Unidos y su periferia partidaria, eclesial y
mediática en ambos países.
Ya en 1992, con motivo de los 500
años de la llegada de Cristóbal Colón a
América, esa periferia se tonificaba con
carantoñas ideológicas de un grupo de
intelectuales lamehuevos, entre ellos
algunos sedicentes guiados por Clío. Re-
pitieron la expresión “encuentro de dos
mundos” hasta el hastío. Sus medios,
sus académicos y sus políticos le quisie-
ron quitar peso llamando así a las atroci-
dades, despojo y demás actos violentos
de la Conquista. De paso le restaban en-
tidad a la resistencia de los gobernantes
y el pueblo mexica. A ese “encuentro”
lo consideraron “civilizatorio”. Tras la
injuria, el insulto. Esas manipulaciones,
que entonces ocultaron la infamia de la
conquista financiada y organizada por
la corona española y efectuada por sus
capitanes y ejércitos armados con tecno-
logía de fuego, ahora la glorifican.
La resistencia permanente de los
pueblos a la rapacidad y opresión de los
imperios ha generado odio y desprecio
hacia sus protagonistas. Los jefes de
Estado de la Comunidad Europea jamás
perdonaron a Evo Morales cuando les
hizo las cuentas a los “hermanos euro-
peos” de la sustracción que hicieron de
nuestras riquezas durante la colonia en
América Latina y el Caribe a través de
España. Después de 500 años era justo
que nos regresaron ese valor. Sólo del
monto, en lo que hace a los metales su
deuda, con intereses simples, equival-
dría a todo lo que vale Europa entera, y
no completarían.
Otro tanto, si bien menos puntual,
señaló Pedro Castillo. Tampoco lo per-
donaron. Ni, como lo hizo a gritos histé-
ricos, el rey Juan Carlos a Hugo Chávez.
La misma actitud han asumido con
Lula, López Obrador, Sheinbaum y Pe-
tro. Basta con enterarse lo que dicen sus
medios corporativos en torno a lo que
consideran expresiones inadmisibles
para medir la barbarie de los capitanes
imperialistas de occidente en su trato
golpista a ciertos insumisos gobernantes
latinoamericanos y caribeños.
Regresando a Cortés. El mejor jui-
cio sobre su conducta, y la semejante
de otros conquistadores, fue el de los
hombres de su época. En el significativo
decreto del rey Carlos I publicitado por
la presidenta Claudia Sheinbaum, se le
siguió un juicio de residencia por críme-
nes de toda laya (asesinatos masivos con
todas las agravantes, esclavismo, tortura
y otros actos de barbarie sin atenuantes).
Epítome de las atrocidades de Cortés
fue el trato vil que dio al emperador
Cuauhtémoc. Vencido y apresado lo
sometió a tortura y finalmente lo mandó
ahorcar como si se tratara de un vulgar
malhechor. La causa: arrancarle el se-
creto sobre la ubicación del tesoro real
de los aztecas. No lo consiguió. Pero a
eso es a lo que vienen los representantes
de los imperios de ayer y de hoy: a robar
todo lo que pueden.
El testimonio valiosísimo de intelectua-
les honestos, lúcidos y valientes sobre la
barbarie de los conquistadores españoles,
pronto se dio a conocer por boca y pluma,
muy señaladamente, de varios clérigos
dominicos. Antonio de Montesino, desde
La Española, fustigó a los responsables
de los tratos crueles y homicidas que
daban a los indígenas (1511). “¿Cómo los
tenéis tan opresos y fatigados, sin darles
de comer ni curarlos en sus enferme-
dades en que, de los excesivos trabajos
que les dais, incurren y se os mueren y,
por mejor decir, los matáis por sacar y
adquirir oro cada día?” El memorable
sermón de Montesinos fue recogido por
otro dominico, el obispo Bartolomé de
las Casas, en su Brevísima relación de la
destrucción de las Indias, donde se refiere
a las reiteradas acciones de la conquista:
“Entre éstas son las matanzas y estragos
de gentes inocentes y despoblaciones de
pueblos, provincias y reinos que en ellas
se han perpetrado, y que todas las otras
no (son) de menor espanto.”
Esas voces encontraron un oído re-
ceptivo en un dominico más, el filósofo
español Francisco de Vitoria (De Indis),
la gran referencia del derecho inter-
nacional y los derechos humanos. Sus
tesis, hoy, son omitidas por las derechas
prepotentes e ignorantes de todo el pla-
neta; entonces dieron lugar a las Leyes
Nuevas de 1542 donde la corona prohibió
la esclavitud. Más tarde, el dominico
Servando Teresa de Mier, precursor de la
independencia nacional, realizó una edi-
ción de la obra de De las Casas. En este
preciso momento, tan ilustres figuras y
actos de la resistencia frente a la opresión
y el saqueo imperialistas exigen una toma
de conciencia y la decisión de aprestarse
a combatirlos por todos los medios

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