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martes, 26 de mayo de 2026

Explicación: Irán emerge como centro de trasplantes de órganos en Asia Occidental

 

Explicación: Irán emerge como centro de trasplantes de órganos en Asia Occidental

Publicada: lunes, 25 de mayo de 2026 23:48

Irán emerge como el centro de trasplantes de órganos en Asia Occidental, convirtiendo la adversidad en esperanza para miles de personas.

Por: Mina Mosallanejad

Monir aún recuerda el sonido inquietante de los monitores de la unidad de cuidados intensivos: pitidos largos y repetitivos que borraban la diferencia entre el día y la noche.

Durante meses, su corazón había estado fallándole. Caminar unos pocos pasos la dejaba sin aliento, y subir una escalera se sentía como cargar una montaña sobre el pecho.

Los médicos le habían dicho que su enfermedad había avanzado demasiado y que un trasplante era su única posibilidad de supervivencia. Pero más que la muerte en sí, temía otra cosa: dejar atrás a su pequeña hija sin verla crecer.

“Hubo noches en las que permanecía despierta hasta la mañana, mirando el techo del hospital mientras intentaba silenciar los pensamientos que me atravesaban la mente”, relató.

La muerte ya no le parecía una realidad lejana. Caminaba a su lado por los sombríos y lúgubres pasillos del hospital y se sentaba en silencio al borde de su cama en todo momento.

Esperar un corazón donado se convirtió en una forma de existencia suspendida: una vida medida no en días, sino en momentos de incertidumbre e imprevisibilidad.

Cada vez que sonaba el teléfono, su pulso se aceleraba. Quizás era la llamada. Quizás no. Cuando finalmente llegó la llamada, Monir dice que su vida volvió a comenzar.

Nunca llegó a saber de quién era el corazón que ahora late en su pecho. No sabe qué familia, en medio de una pérdida inimaginable, aceptó donar los órganos de alguien a quien amaban.

Pero años después, sigue pensando constantemente en ellos. “Gracias a ellos”, dice, “pude ver crecer a mi hija”.

Hoy, Monir puede caminar junto a su hija, reír libremente e imaginar un futuro que antes creía imposible.

“A veces, pongo la mano sobre mi pecho y pienso en la extraña conexión entre el duelo y la supervivencia: cómo la tragedia de una familia se convirtió en una segunda oportunidad de vida para otra”, afirma.

Su historia no es única. Miles de pacientes en todo Irán viven en el frágil espacio entre la esperanza y la pérdida, esperando la llamada telefónica que podría salvarles la vida.

El largo camino del trasplante de órganos en Irán

El trasplante moderno de órganos en Irán comenzó con una decisión religiosa que cambió la trayectoria de la medicina en el país.

El 21 de mayo de 1989, el Imam Jomeini, fallecido fundador de la República Islámica, emitió una histórica fatwa (edicto religioso) que declaraba permisible desde el punto de vista religioso la donación de órganos de pacientes con muerte cerebral.

Antes de eso, muchos pacientes iraníes que necesitaban trasplantes no tenían otra opción que viajar al extranjero, a menudo con enormes costes financieros y emocionales.

Tras la declaración de la fatua, Irán realizó su primer trasplante renal de un donante con muerte cerebral en 1991, seguido por el primer trasplante de hígado y corazón en 1993. El primer trasplante de pulmón tuvo lugar en 2000, mientras que el primer trasplante de páncreas se llevó a cabo en 2006.

El Parlamento iraní aprobó formalmente en 2000 la Ley de Trasplante de Órganos y Muerte Cerebral, más de una década después de la fatua.

Dos años más tarde, las unidades de obtención de órganos comenzaron a operar oficialmente bajo universidades médicas en todo el país. A partir de ahí, los programas de trasplantes de Irán se expandieron rápidamente.

Hoy, Irán realiza en el país todos los principales trasplantes de órganos vitales y se ha convertido en uno de los principales centros de trasplante de la región.

Solo en la ciudad sureña de Shiraz, un importante centro de trasplantes realiza cientos de trasplantes hepáticos al año, una cifra que ha llevado a algunos especialistas a describir a Irán como un “imperio regional del trasplante de hígado”.

 

En febrero de 2023, cirujanos iraníes anunciaron un procedimiento pionero de donación de órganos tras la muerte circulatoria (DCD), también conocido como donación tras muerte cardíaca.

En una entrevista con el sitio web de Press TV en ese momento, el Dr. Sam Zeraatianneyad Davani explicó que el procedimiento ya se había realizado con éxito en múltiples donantes en el Hospital General Hazrate Rasul de Teherán.

Según el Dr. Davani, la técnica podría aumentar entre un 20 % y un 30 % la disponibilidad de órganos para pacientes en lista de espera. Su equipo logró trasplantar riñones, hígados, pulmones y un páncreas mediante este método.

Especialistas de la Fundación Instituto de Donación y Trasplante (DTI Foundation) describieron el logro como uno de los primeros de este tipo a nivel internacional.

Entre otras personas que contribuyeron a este avance se encuentra la doctora Katayun Nayafizade, especialista torácica y profesora titular de la Universidad de Ciencias Médicas Shahid Beheshti, quien fundó el programa de trasplante pulmonar en el Hospital Masih Daneshvari.

A lo largo de los años, se ha convertido en una de las defensoras más reconocidas de la donación de órganos en Irán, trabajando no solo en quirófanos, sino también en educación pública y políticas sanitarias.

En 2024, la Dra. Nayafizad recibió reconocimiento internacional en el 30.º Congreso de la Sociedad de Trasplantes (TTS), donde fue distinguida en la sección “Mujeres en Trasplante” como una de las mujeres más influyentes del mundo en donación y trasplante de órganos.

Una cultura creciente de esperanza y segundas oportunidades

La doctora Katayoun Nayafizade declaró al sitio web de Press TV que, a pesar de los desafíos del sistema de trasplantes del país, Irán cuenta hoy con la experiencia médica, la infraestructura y los equipos especializados necesarios para realizar procedimientos de trasplante de órganos altamente avanzados.

Según la Dra. Nayafizade, cada año se producen entre 5000 y 8000 casos de muerte cerebral en Irán, y casi la mitad de esos pacientes tienen potencial para convertirse en donantes de órganos.

Actualmente, alrededor de 1000 donaciones de órganos se realizan cada año en Irán, salvando miles de vidas y dando a muchos pacientes críticos una segunda oportunidad de vida.

Al mismo tiempo, entre 28 000 y 30 000 pacientes permanecen en listas de espera de trasplantes en todo el país, una cifra que, según los especialistas, refleja también cuántas vidas podrían transformarse con una mayor concienciación pública y el aumento del registro de donantes.

“Más de quince personas pierden la vida cada día mientras esperan un órgano”, afirmó la Dra. Nayafizade, subrayando la urgente necesidad de continuar con la educación pública y reforzar las campañas de concienciación.

Considera que Irán ya cuenta con una de las bases científicas y médicas más sólidas de la región en materia de trasplantes, y que la expansión de la cultura de la donación de órganos podría reducir de forma drástica las listas de espera en los próximos años.

“Entre los donantes cuyos órganos finalmente no son utilizados, muchos poseen varios órganos sanos que podrían salvar vidas”, declaró al sitio web de Press TV. “Si logramos conectar esas oportunidades con los pacientes que lo necesitan, podremos salvar a miles de personas más cada año”, agregó.

Para los especialistas en trasplantes, el futuro de la donación de órganos en Irán depende menos de la capacidad médica y más de la comprensión, la concienciación y la confianza del público —ámbitos que, según afirman, han mejorado de forma significativa en la última década y continúan avanzando en una dirección positiva.

 

El desafío cultural

Durante la última década, Irán ha invertido fuertemente en campañas de concienciación pública sobre la donación de órganos. Escuelas, grupos de defensa, organizaciones de trasplantes y campañas mediáticas han intentado normalizar las conversaciones sobre la muerte cerebral y la donación.

La Dra. Nayafizade, quien actualmente dirige la Asociación Iraní de Donación de Órganos, afirma que la concienciación ha mejorado significativamente en comparación con años anteriores. El tema de la donación de órganos incluso ha sido incorporado en 11 libros de texto escolares en todo el país.

Sin embargo, considera que la comprensión pública sigue siendo insuficiente.

“Si preguntas a muchas personas —incluso a funcionarios— qué significa realmente la muerte cerebral, muchos aún no lo entienden del todo”, señala.

Actualmente, solo entre el 10 % y el 12 % de los adultos iraníes poseen una tarjeta de donante de órganos.

En comparación, el registro de donantes en algunos países alcanza casi el 70 %, en gran medida porque la condición de donante está integrada en los permisos de conducir.

Irán ha dado recientemente pasos similares. Según la Dra. Nayafizade, las autoridades han comenzado a permitir que el registro como donante de órganos figure también en los permisos de conducir, un cambio que espera mejore gradualmente la participación.

Pero insiste en que el problema de fondo va más allá de los trámites administrativos.

“En países como España, la gente conoce la donación de órganos igual que conoce el fútbol”, afirma, para luego indicar que “ese nivel de comprensión aún no está plenamente arraigado en nuestra sociedad”.

La muerte cerebral no es coma

Para los coordinadores de trasplantes, las conversaciones más difíciles suelen ocurrir en los pasillos de los hospitales, momentos después de informar a las familias de que un ser querido ha sufrido muerte cerebral.

De acuerdo con la Dra. Nayafizade, la principal razón por la que las familias rechazan la donación es simple: muchos aún creen que la muerte cerebral puede revertirse.

“La idea errónea más extendida es que la muerte cerebral no es una muerte real”, apostilla.

La doctora subraya repetidamente la diferencia entre el coma y la muerte cerebral.

En un coma, la estructura cerebral permanece intacta y aún puede existir posibilidad de recuperación. Sin embargo, en la muerte cerebral, las células del cerebro se han deteriorado de forma irreversible.

“No existe absolutamente ninguna posibilidad de recuperación”, señala.

Aun así, las familias que enfrentan una tragedia repentina a menudo tienen dificultades para aceptar esa realidad.

“Algunas familias nos dicen que creen que puede ocurrir un milagro”, recalca la Dra. Nayafizade. “Nosotros les decimos que el milagro no es que una persona con muerte cerebral despierte. El milagro es que la vida pueda continuar en otros”, precisa.

El momento emocional hace que estas conversaciones sean aún más difíciles. A las familias se les pide comprender un concepto médico desconocido en los momentos más duros de sus vidas.

“Estamos intentando explicar un fenómeno científico justo en el momento en que una familia está en shock y duelo”, explica, apostillando que “esa comprensión debería existir antes de que ocurra la tragedia”.

Por ello, los defensores del trasplante sostienen cada vez más que la educación sobre la muerte cerebral debe comenzar mucho antes de que las personas se enfrenten a ello en los hospitales.

 

Irán lidera Asia Occidental en donación de órganos

La Dra. Nayafizade afirmó que el sistema de trasplantes de Irán destaca en varios aspectos importantes, lo que lo convierte en uno de los modelos más sólidos y equitativos de la región.

Durante años, añade, Irán ha ocupado el primer lugar en Asia Occidental en donación de órganos de donantes con muerte cerebral, aunque a nivel mundial se sitúa alrededor del puesto 30.

Según la doctora, una de las mayores fortalezas del sistema es que los costes del trasplante están cubiertos por el Estado.

A diferencia de muchos países donde el acceso al trasplante depende en gran medida de la riqueza personal o del seguro médico, el sistema iraní funciona bajo un modelo distinto.

Cuando los costes de la obtención y el trasplante de órganos son cubiertos por el gobierno, tanto los pacientes ricos como los pobres pueden recibir tratamiento bajo el mismo marco, remarca la Dra. Nayafizade.

En países como India, señala, las desigualdades económicas pueden influir en el propio proceso de trasplante.

“En algunos lugares, los pacientes más ricos prácticamente financian el trasplante e incluso compensan a las familias donantes”, anota, acentuando que “en Irán, el sistema fue diseñado para evitar esa desigualdad. Eso significa que los pacientes pobres y ricos se benefician por igual”.

El sistema centralizado iraní fue concebido para evitar esa brecha. Otra característica distintiva es el estricto proceso de confirmación de la muerte cerebral.

Según la ley iraní, explica, cuatro especialistas médicos distintos deben confirmar de manera independiente la muerte cerebral antes de que pueda proceder la obtención de órganos.

La Dra. Nayafizade señala que este proceso puede ser difícil y lento para los equipos de trasplantes, pero también genera un mayor nivel de certeza y confianza.

“Cuando los cuatro especialistas confirman la muerte cerebral por separado, la seguridad de que el paciente realmente ha fallecido es mucho mayor”, indica.

Aun así, reconoce debilidades en el sistema. Uno de los principales problemas es que la formación sobre muerte cerebral y donación de órganos aún no forma parte obligatoria de la educación médica para todo el personal sanitario.

“El personal sanitario suele ser el primero en entrar en contacto con pacientes con muerte cerebral”, señala, para luego declarar que “sin embargo, la formación en este campo aún no está plenamente integrada en los planes de estudio”.

La doctora también señala la insuficiente supervisión de las unidades de obtención de órganos en todo el país.

Aunque casi todas las universidades médicas cuentan ya con sistemas de donación, considera que aún se necesitan mecanismos más sólidos de supervisión y evaluación para mejorar el rendimiento a nivel nacional.

Cuando la crisis interrumpe los trasplantes

La inestabilidad regional y las condiciones de guerra también han afectado al sistema de trasplantes de Irán en los últimos meses, especialmente tras la guerra de agresión de EE.UU. e Israel contra Irán.

Conforme a la Dra. Nayafizade, las tasas de donación de órganos disminuyeron considerablemente durante este periodo porque los hospitales centraron su atención en la atención de emergencias.

“El sistema sanitario entró en modo de crisis”, asevera, resaltando que “el trasplante dejó de ser una prioridad inmediata”.

Sin embargo, para los pacientes en lista de espera, los retrasos pueden ser catastróficos.

La Dra. Nayafizade compara el número diario de muertes entre los candidatos a trasplante con una catástrofe que se desarrolla de forma silenciosa y continua.

“Si quince pacientes mueren cada día esperando órganos”, recalca, explicando que “es como si un misil impactara cada día en un edificio con quince personas dentro”.

A diferencia de las catástrofes súbitas, estas pérdidas suelen producirse lentamente: a través de meses o años de diálisis, insuficiencia respiratoria, hospitalizaciones repetidas y deterioro físico.

“Cuando estos pacientes mueren, familias enteras se ven afectadas. Algunas pueden no recuperarse nunca emocional ni económicamente”, añade.

Por ello, sostiene que los sistemas de trasplantes deben permanecer protegidos incluso durante emergencias nacionales.

La decisión que lo cambia todo

Para pacientes como Monir, la donación de órganos no es un debate médico abstracto. Es la delgada línea entre la ausencia y la supervivencia.

Años después de su trasplante, aún no sabe de quién era el corazón que le salvó la vida. Probablemente nunca lo sabrá.

“Pero cada momento cotidiano que antes temía perder —cada paseo con mi hija, cada cumpleaños, cada plan de futuro— ahora existe porque otra familia tomó una decisión en medio de un dolor insoportable”, puntualiza.

Esa conexión invisible entre la pérdida y la supervivencia está en el centro de cada historia de trasplante. En los quirófanos, los cirujanos realizan el trabajo técnico del trasplante.

Pero el primer y más difícil paso ocurre en otro lugar: en el momento en que una familia en duelo decide que, incluso en la muerte, parte de la vida de su ser querido puede continuar en otra persona.

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