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martes, 26 de mayo de 2026

Primera manifestación en México de madres y esposas de desaparecidos políticos, víctimas durante el periodo henriquista 9 de julio de 1952

 Primera manifestación en México de madres y esposas de
desaparecidos políticos, víctimas durante el periodo henriquista
9 de julio de 1952

l silencio durante las manifestaciones fue
utilizado para expresar enfáticamente el
rechazo a la violencia ejercida desde el
Estado para silenciar a las voces inconformes. La
exigencia de respeto y solución, sin usar palabras.
El 9 de julio de 1952, cientos de mujeres
simpatizantes henriquistas protestaron por la
desaparición de sus familiares y parejas durante la
represión y matanza perpetrada por el Estado Mexicano dos días antes, el 7 de
julio de 1952, en la “Fiesta de la Victoria”, en la Alameda de la Ciudad de México.
La pacífica protesta, fue llamada “muda protesta”, debido a que las mujeres se
manifestaron en silencio con banderas tricolores y negras, por lo que se
E “Una manifestación de mujeres henriquistas,
de ‘muda protesta’, por los acontecimientos de
lunes último, fue disuelta ayer tarde por los
soldados en las proximidades del zócalo, sin
mayores consecuencias.
Periódico Excelsior
10 de julio, 1952
consideró una expresión poderosa en contra de la represión.1
Herida abierta y fresca
El 7 de julio de 1952 el Estado Mexicano había perpetrado una de las mayores
y violentas represiones en contra de la oposición política. Aquel día,
simpatizantes del henriquismo se reunieron en la Alameda Central de la
Ciudad de México para celebrar el triunfo claro que había obtenido en las urnas
Miguel Henríquez Guzmán, candidato presidencial de la Federación de Partidos
del Pueblo Mexicano (FPPM).
El acto, que estaba llamado a ser la “Fiesta de la Victoria”, se convirtió en una
protesta enérgica, pero pacífica, ante el fraude que cometía el gobierno en el
poder al dar a conocer los resultados oficiales de la elección, que daban un
triunfo ilegítimo a Adolfo Ruiz Cortines, candidato del partido oficial, con el 70 por
ciento de los votos, contra sólo el 16 por ciento de los sufragios que le reconocían
a Miguel Henríquez Guzmán. Cifra por demás cuestionable pues en sus mítines
a lo largo de la república se congregaban miles de personas.
Aquel 7 de julio, 200 elementos policiales reprimieron a las y los henriquistas.
De acuerdo con las -poco confiables- cifras oficiales, hubo 524 detenidos, y de
77 a 100 heridos; sin embargo, la FPPM estimó que hubo entre 300 y 500
personas asesinadas, además hubo desapariciones forzadas, desapariciones
forzadas transitorias y detenciones arbitrarias.2 Este suceso quedaría marcado
como una de las peores expresiones de la violencia política de Estado ejercida
en contra de ciudadanos y ciudadanas, y caracterizada, por los múltiples
hechos violatorios a los derechos humanos de los asistentes: se vulneraron sus
derechos a la vida, a la seguridad personal, a la manifestación pacífica, a la libertad
de expresión, entre otros.
Exigir y visibilizar la masacre
Después de la represión, las autoridades dieron nula información sobre las
víctimas, solo se conoció que personas heridas eran transportados en unidades
1 Recomendación General 46/2023, 28/04/2022 (Ciudad de México: CNDH, 28 de abril de 2022),
https://goo.su/6zYwPxl
2 “La guerra sucia antes de la guerra sucia. 7 de julio de 1952. 70 años de la masacre de
henriquistas en la Alameda”, Perspectiva Global, septiembre (2022), https://goo.su/yFhBurF
de la Sanidad Militar, Cruz Roja y Cruz Verde; sin embargo, ya no se supo de
ellas y ellos después.
Por lo que familiares de las víctimas, crearon varios comités para movilizarse,
investigar y obtener información sobre el paradero de sus seres queridos. Así, el
8 de julio llegaron principalmente mujeres a los despachos del jefe de Policía
y del Procurador de Justicia del Distrito Federal para exigir información de sus
familiares.3
Al siguiente día, 9 de julio, un centenar de madres organizaron una marcha para
protestar ante la represión de los días anteriores y exigirle al gobierno
información sobre el paradero de sus hijos, ya que el encubrimiento de la
verdad acrecentaba la indignación, el dolor y la crueldad, no solo para los
familiares, sino para la sociedad en su conjunto.
El punto de salida fue la plaza de “La Aguilita”, ubicada en la Merced, de ahí irían
a la Plaza de la Constitución. Sin embargo, nuevamente se dio la orden de
reprimirles y la manifestación fue disuelta por elementos del ejército y la policía
a la altura de Bellas Artes, violando así nuevamente sus derechos.
El derecho a la manifestación está consagrado en la Constitución Política de
los Estados Unidos Mexicanos, donde se establece lo siguiente:
No se podrá coartar el derecho de asociarse o reunirse pacíficamente con cualquier
objeto lícito […] No se considerará ilegal, y no podrá ser disuelta una asamblea o
reunión que tenga por objeto hacer una petición o presentar una protesta por
algún acto.4
Control de los medios de comunicación y la versión “oficial”
El acontecimiento fue poco documentado e incluso deliberadamente
ocultado en los medios impresos; varios periódicos negaron que hubiera
existido esa marcha, y en otros solo se mencionó sin dar detalles. Por ejemplo,
el 10 de julio de 1952 el periódico Excelsior publicó una nota sobre la disolución de
una “Muda protesta” de mujeres henriquistas por los acontecimientos 7 de julio;5
3 Recomendación General 46/2023, 28/04/2022 (Ciudad de México: CNDH, 28 de abril de 2022),
https://goo.su/6zYwPxl
4 Cámara de Diputados. Artículo 9.o. Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos,
https://goo.su/rw9lKzf
5 Recomendación General 46/2023, 28/04/2022 (Ciudad de México: CNDH, 28 de abril de 2022),
https://goo.su/6zYwPxl
en ella se menciona que la manifestación fue disuelta sin mayores
consecuencias y que se confiscaron banderas tricolores y negras.
Luego, el mismo diario publicó una nota que hablaba sobre “rumores para
mantener un estado de inquietud”. De acuerdo con el diario, sus reporteros
negaron la existencia de la manifestación; solo fueron rumores, decían.
Por otro lado, el agente Ramón Herrera Esponda escribió un informe para la
Dirección Federal de Seguridad (DFS) sobre la manifestación de las mujeres,
organizadas por Consuelo Michel y Aurora Reyes. No obstante, la gravedad de
las represiones, invisibilizó el propósito de la lucha mediante comentarios
como “[…] se sabe que lideres de izquierda han tratado de intervenir en los
conflictos henriquistas y agitar […]” y “[…] con el pretexto de que son las esposas
de los henriquistas detenidos”.6
Durante el mes de julio siguió la lucha de las mujeres henriquistas, que derivó en
varias detenciones. Así que ellas, junto con sus familiares, continuaron exigiendo la
libertad de los y las detenidas “han hecho toda clase de gestiones para lograr
que sean puestas en libertad o, en todo caso, que se le ponga a disposición de
jueces competentes para que juzguen sus casos”.7
La violencia política de Estado en contra del movimiento henriquista
constituye uno de los episodios más obscuros y represivos en la historia de
México por, lo que, hasta la fecha, sus partidarios siguen siendo recordados
como luchadores que defendieron la justicia social y la democracia.
Panorama diferente
Actualmente en México se consolida una sociedad más democrática, en la
cual la protesta social es parte de la dinámica política cotidiana; es una de las
formas de materializar y ejercer los derechos de libertad de expresión,
manifestación pública y reunión pacífica. Por ello es de suma importancia
garantizar los derechos humanos frente a las viejas prácticas de violencia
política en el país.
En ese aspecto, desde noviembre de 2019 la Comisión Nacional de los
Derechos Humanos (CNDH) ha realizado un esfuerzo notable en mostrar las
luchas del pueblo de México, con el fin de visibilizar el largo camino hacia la
búsqueda del respeto a la justicia, dignidad y democracia.
6 Dirección Federal de Seguridad, 10 de julio de 1952.
7 El Universal, 24 de julio de 1952.

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