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sábado, 16 de mayo de 2026

La trampa de Tucídides

 LA JORNADA
Sábado 16 de mayo de 2026POLÍTICA8
LECCIÓN ● JERGE
La trampa de Tucídides
FABRIZIO MEJÍA MADRID
La frase del encuentro entre la
élite tecnológica de Estados
Unidos y el líder del Partido Co-
munista Chino la dijo este últi-
mo: “¿Pueden China y Estados
Unidos superar la ‘trampa de Tucídides’
y establecer un nuevo paradigma para
las relaciones entre grandes potencias?”
En 2015 y en 2023 ya había citado a Tu-
cídedes, pero fue hasta este encuentro
pasado que todo mundo se puso a hablar
de la guerra del Peloponeso. Se habló de
Atenas y Esparta entre 431 y 404 antes
de nuestra era y de otras guerras largas
y tan truculentas que hasta tuvieron mo-
mentos de cese el fuego.
Pero justamente Tucídides, que era
una cronista más que un historiador,
evita en su recuento de esa guerra que
afectó la vida de tantos, entre ellos de
Sócrates y de Platón, simplificar las
causas de una guerra a lo que implica
citar “la trampa de Tucídides”. No hay tal
trampa. Nunca hubiera consentido que
su guerra estaba causada por la “natura-
leza” temerosa de la potencia en declive
frente al empuje de la ascendente. Todo
lo contrario. Hay que recordar que él
escribe después de que lo han mandado
como general al Egeo a luchar contra los
espartanos, pero llega tarde a la batalla.
Así que la asamblea de Atenas lo degrada
y lo exilia. Es desde esa posición que de-
cide narrar.
La frase se ha usado por los políticos y
sus militares así: “Lo que hizo inevitable
la guerra fue el crecimiento del poder
ateniense y el temor que esto provocó en
Esparta”. Pero, nos dicen los historiado-
res, la palabra en griego no es “provocó”,
sino “empujó”. No hay en el texto de Tu-
cídides causa inevitable para la guerra.
El hecho es que lo que sigue a esa frase
en su libro es un largo recuento de even-
tos, estructuras, decisiones, impresiones
y emociones que echan por tierra lo
ineludible de la supuesta “trampa”. Por
ejemplo, los teóricos han tomado como
dogma que Tucídides diga que el miedo,
el honor y el interés propio son los que
forjan los imperios.
No lo dice así porque, en realidad, está
escribiendo sobre Atenas y, como sabrá
quien hojee el texto, está lleno de los
discursos de uno y otro lado, incluso de
personajes que Tucídides no pudo haber
escuchado, como los del Diálogo de Los
Melios, que hoy se retoma como “manual
de realismo político”.
Su libro es, también, un vistazo a la
retórica guerrerista que convence o
no a quien vota. El principal orador es
Pericles al final del primer año de la
guerra cuando habló de la defensa de
la democracia, muchas de cuyas frases
fueron retomadas por los marines de la
guerra fría. Pero hay que recordar que es
Pericles el que idea la estrategia militar
fallida de encerrar a los atenienses tras
las murallas con lo que se desata una
epidemia –se piensa que de fiebre tifoi-
dea– que acaba por matar a un tercio de
la población, incluyéndolo. Se da tam-
bién lugar a una guerra interna, entre
demócratas y oligarcas, que describe con
mucho detalle la violencia en las calles de
lo que hoy es la isla de Corfú. Puede que
Pericles fuera un buen orador fúnebre
pero no era un buen militar.
Así que tratar de extraer enseñanzas
ahistóricas, permanentes, del texto de
Tucídides sobre la naturaleza de las po-
tencias mundiales es, en sí mismo, una
trampa.
Pero la idea de la trampa es de un alto
militar estadunidense: Graham Allison,
quien fuera el asesor especial del secre-
tario de Defensa Caspar Weinberger, du-
rante la presidencia de Ronald Reagan.
Desde entonces, hasta Trump ha tenido
esa misma función. De hecho, funda el
proyecto de Harvard sobre la tan traída
“trampa de Tucídides” que, como siem-
pre que se tienen ganas de encapsular
la realidad y la historia en una frase o en
una simplificación, acaba en un recua-
dro: de un lado, las potencias emergen-
tes, del otro las declinantes, y si hubo
guerra o no. Así, el cuadro abarca 16
guerras tan disímiles como la Guerra de
los 80 Años entre España y Países Bajos;
las guerras napoleónicas; la de Crimea o
la Segunda Guerra Mundial. Según este
recuadrito, sólo cuatro de 16 guerras
“tucididenses” habrían sido evitadas y
una de ellas sería la guerra entre la URSS
y Estados Unidos. El recuadro no le pre-
guntó a los coreanos (1950-53), ni a los
vietnamitas (1955-75), ni afganos (1979-
89) congoleses (1960-65), angoleños
(1975-2002), salvadoreños y nicaragüen-
ses (1979-1992), ni a los cubanos que se
defendieron de la invasión en 1961.
En la propuesta de Graham Allison
de deshacer la trampa del miedo y, con
ello, la inevitabilidad de una guerra entre
China y Estados Unidos, se encontrarían,
según el recuadro de Harvard, las cuatro
soluciones pacíficas: aliarse el decadente
con el ascendente; aliarse frente a un
tercero; canalizar lo militar hacia una ca-
rrera espacial, o amarrar al ascendente
a una estructura de decisiones que abar-
que a los otros dos, como en el caso de
la Unión Europea con Alemania. Por su-
puesto que esto de meter la complejidad
en una gráfica y tomarla como guía para
decidir es una tontería. En realidad, hace
un pequeño homenaje a Tucídides en
cuanto resulta que es parte de la retórica
militar y política, cosa que le fascinaba
citar en detalle, aunque nunca hubiera
escuchado a los oradores. Pero que Xi
Jinping diga lo de la trampa a Trump es
más que juego de palabras. Está utilizan-
do acaso al más militar de los militares
estadunidenses para decir que es prefe-
rible un mal arreglo a un buen pleito. Sin
duda, fue tan sutil que Donald Trump no
pudo reaccionar sino hasta que llegó a
su cuarto de hotel en Pekín. Una vez ahí,
cuando alguien le explicó a qué se refería
el presidente de la República Popular, só-
lo atinó a tratar de desviar especulando
que se refería a Joe Biden.
Como ven, estuve pensando un rato
en lo de la trampa y al final, tomándola
como lo que es –una trama retórica–
imaginé que de todas esas 16 guerras
entre decadentes y emergentes, América
Latina tuvo dos tipos de repercusiones.
En la guerra fría sufrimos guerras, inva-
siones, golpes de Estado, injerencia. En
las napolónicas nos fue bien: la invasión a
España posibilitó nuestras independen-
cias, la de México, con una insurrección
popular larga y tortuosa. En el recuadri-
to ni siquiera pintamos. Y creo que es
mejor así. No vaya ser que la potencia en
declive no quiera quitarnos un poco la
vista de encima

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