Palantir, y su affaire tecno-
fascista, muestra un
nuevo striptease del capi-
talismo que prescinde de
todo disimulo. Aprendió
a exhibirse como solución y seduc-
ción técnica a problemas sociales
complejos. Bajo la retórica de la efi-
ciencia y la seguridad, despliega su
erótica de la dictadura que convierte
la vida social en flujo de datos explo-
tables, reinscribiendo la dominación
de clase en matrices algorítmicas
que operan con apariencia de neu-
tralidad. Y todo parece muy seduc-
tor. Ya el Informe MacBride advirtió
que la concentración de los medios
y la asimetría en los flujos informati-
vos constituyen un obstáculo estruc-
tural para la democracia (MacBride,
1980); hoy, esa concentración se
intensifica mediante plataformas
capaces de integrar vigilancia, pre-
dicción y decisión automatizada,
produciendo un campo de fuerzas
donde la hegemonía se codifica en
software. Palantir fue noticia mun-
dial por un post publicado en X el
18 de abril. Su desfachatez también
desviste nuestra desorganización
para esta batalla.
Ahí se desnuda ese proceso que
obliga a repensar la relación entre
ética, humanismo y lucha de clases,
evitando tanto el tecnopesimismo
paralizante como el tecnoutopismo.
El Informe MacBride, con su llamado
a un orden comunicacional más jus-
to, permanece como referencia para
una crítica que no se limite a denun-
ciar y aspire a transformar las condi-
ciones materiales que hacen posible
el tecnofascismo. La convergencia
entre capital financiero, industria
militar y desarrollo tecnológico con-
figura un complejo que recuerda la
noción de “complejo militar-indus-
trial” ampliada hacia una dimensión
informacional donde la materia pri-
ma es la conducta humana. Palantir
encarna esa mutación: no vende
únicamente herramientas, vende
modelos de interpretación del mun-
do social que priorizan la sospecha,
el riesgo y la anticipación de desvia-
ciones. En esa operación, la lucha
de clases se traduce en categorías
técnicas que identifican poblaciones
“problemáticas”, desplazando con-
flictos estructurales hacia el terreno
de la gestión policial.
En el Informe MacBride se insistía
en la necesidad de democratizar la
producción de sentido y garantizar
la pluralidad de voces (MacBride,
1980). Frente a ese horizonte, sis-
temas de análisis masivo de datos
operan como dispositivos de silen-
ciamiento estructural, filtrando
la realidad a través de parámetros
definidos por intereses corporativos.
Bourdieu señaló que el poder simbó-
lico actúa mediante la imposición de
esquemas de percepción (Bourdieu,
1991); en la era algorítmica, tales
esquemas se automatizan, natura-
lizando jerarquías y reproduciendo
desigualdades bajo la apariencia de
objetividad matemática. ¿Qué pasó
entonces, desde 1980, con todas las
advertencias del Informe MacBride?
Marx describió el fetichismo de
la mercancía como un proceso en el
que las relaciones sociales aparecen
como relaciones entre cosas (Marx,
1867/2011). En la economía de datos,
ese fetichismo se radicaliza: las deci-
siones políticas y económicas se pre-
sentan como resultados inevitables
de cálculos computacionales, ocul-
tando la intervención humana y las
relaciones de poder que estructuran
dichos cálculos. Palantir, al ofrecer
“inteligencia”, “vigilancia” y “segu-
ridad” basada en datos, refuerza esa
ilusión, desplazando la deliberación
democrática hacia el terreno de la
experticia técnica.
En el Informe MacBride se pro-
ponía un nuevo orden mundial de la
información y la comunicación ba-
sado en la equidad y la cooperación
(MacBride, 1980). Sin embargo, la
lógica dominante impulsa un orden
caracterizado por la centralización
extrema y la dependencia tecnológi-
ca. Zuboff ha conceptualizado este
fenómeno como “capitalismo de la
vigilancia”, en que la experiencia hu-
mana se convierte en materia prima
para la acumulación (Zuboff, 2019).
Tal proceso no ocurre en un vacío
político; se articula con estrategias
estatales de control que encuentran
en plataformas como Palantir un
aliado estratégico. En el contexto
digital, el consenso se construye
mediante narrativas de innovación
y promesas de seguridad, mientras
que la coerción se ejerce a través de
sistemas de vigilancia que operan de
manera invisible.
Y el Informe MacBride subrayaba
la importancia de la participación
ciudadana en la definición de polí-
ticas comunicacionales (MacBride,
1980). En contraste, el desarrollo
de tecnologías de análisis de datos
se realiza en entornos cerrados, sin
control democrático ni transparen-
cia significativa. Foucault analizó
la transición hacia sociedades dis-
ciplinarias y biopolíticas (Foucault,
1976/2003); la fase actual introduce
un componente algorítmico que per-
mite intervenir en tiempo real sobre
comportamientos individuales y
colectivos, configurando un régimen
de control que desborda categorías
tradicionales.
En ese marco, esas tecnologías
de vigilancia y análisis de datos
funcionan como instrumentos para
consolidar ese poder que facilita una
explotación más eficiente de la fuer-
za de trabajo y una neutralización
más rápida de la disidencia. Palantir,
al integrarse en estructuras estata-
les y corporativas, contribuye a esa
dinámica, reforzando la capacidad
de control de las élites. Así, la dicta-
dura del tecnofascismo encuentra
en Palantir una de sus expresiones
más depuradas: concentración
obscena de poder informacional
bajo la máscara de la eficiencia, en
que algoritmos opacos sustituyen la
deliberación política y convierten la
conflictividad social en problema de
gestión securitaria.
En el Informe MacBride se advir-
tió también que la asimetría en los
flujos de información amenaza a
las democracias y hoy tal asimetría
alcanza una intensidad inédita al
traducirse en monopolio de datos y
capacidad predictiva privatizada, su-
bordinando estados y poblaciones a
lógicas de acumulación que naturali-
zan la vigilancia total. Un fetichismo
algorítmico, en que decisiones histó-
ricamente situadas aparecen como
verdades técnicas inevitables, legiti-
mando una dominación que no nece-
sita ya ocultarse porque se presenta
como pornografía matemática; he-
gemonía encuerada que automatiza
todo mediante interfaces seductoras
con anuencia de gobiernos que, lejos
de ampliar libertades, reducen la
vida a series de datos explotables
y clasificaciones disciplinarias. La
lucha de clases se intensifica en
esta fase en que el capital captura la
semiosis social misma, imponiendo
una racionalidad que convierte a
la humanidad en objeto de cálculo,
anulando su potencia crítica y clau-
surando horizontes de organización
política bajo la coartada de la segu-
ridad y la innovación. ¿Y encima hay
que agradecerlo?
* Doctor en filosofí
Libro en PDF 10 MITOS identidad mexicana (PROFECIA POSCOVID)
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domingo, 10 de mayo de 2026
Palantir y otro striptease del capitalismo
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