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lunes, 1 de julio de 2019

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Cuidado con el peje ¿La Guardia Nacional es fascista? ¿Por qué sólo él s...

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El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, en una conferencia de prensa en febrero de 2019CreditAlfredo Estrella/Agence France-Presse — Getty Images
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CIUDAD DE MÉXICO — El presidente de México tiene prisa. Pero en su impaciencia, Andrés Manuel López Obrador ha infringido la constitución de manera reiterada.
Sus acciones, al igual que sus mensajes y posicionamientos en las conferencias de prensa matutinas, las Mañaneras, exceden sus facultades constitucionales, vulneran las competencias de otras autoridades y violan derechos humanos. El orden constitucional es garantía de un buen gobierno. Y algunas de las declaraciones y acciones de AMLO en los primeros seis meses en el poder, sin embargo, ponen en riesgo la funcionalidad tanto de su presidencia como de las instituciones.
Quienes votamos por AMLO hicimos nuestro su lema “Por el bien de México, primero los pobres”. Confiamos en su promesa de que “al margen de la ley, nada; por encima de la ley, nadie”. Nos sedujo su oferta de un crecimiento económico del cuatro por ciento anual y coincidimos en que el combate a la corrupción y la seguridad pública tendrían que ser prioridades de su gobierno.
Como candidato, su oferta de conciliación nacional, de un México en paz y sin divisiones por razones ideológicas o de clase social, fue acogida por sus simpatizantes con el signo de #AMLOVE. En su propuesta de enfrentar la violencia con “abrazos, y no balazos”, no solo se esperaba el cambio de rumbo de una guerra sangrienta contra el narcotráfico, sino que la metáfora se extendiese a sus opositores, quienes tendrían su respeto y a los que nunca vería como enemigos, como lo prometió en el cierre de su campaña.
El triunfo del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), fundado por AMLO, fue arrollador. Además de los 30 millones de votos, equivalentes al 53 por ciento del electorado, que lo elevaron a la presidencia, alcanzó la mayoría en el congreso federal con 258 diputaciones y 59 senadurías, cinco gubernaturas estatales y el control en 19 de los 32 congresos locales. Esta fuerza ha permitido que AMLO impulse reformas constitucionales para crear la Guardia Nacional con mandos civil y militar, y ampliar el catálogo de delitos que ameritan prisión preventiva oficiosa, entre ellos el robo de hidrocarburos, la corrupción y los delitos electorales.
Desmontar la corrupción de gobiernos anteriores, velar por el bien público y gobernar con justicia para el “pueblo bueno” son justificaciones válidas para efectos políticos y sociales, sobre todo por la premura en dar resultados antes de que concluya su primer año de gobierno. Pero este pragmatismo apresurado, llevado al extremo, arriesga la estabilidad del sistema constitucional de México, pues quebranta los principios fundamentales de legalidad y división de poderes. De prolongarse en los seis años de su presidencia, el daño será estructural y la reconstrucción institucional, ardua y prolongada.
La ausencia de balances y contrapesos de su gobierno lo ha empoderado para legislar y derogar de facto disposiciones constitucionales y legales de manera unilateral, sin respetar el procedimiento legislativo establecido en la constitución. A través de un memorándum, AMLO canceló la reforma educativa del expresidente Enrique Peña Nieto, mientras entraba en vigor su propuesta para reformar el artículo 3.º de la constitución, modificación que se materializó el 15 de mayo.
Tras el retraso del congreso en aprobar su Ley de Austeridad Republicana para la reducción de sueldos de funcionarios, del gasto corriente y de la propaganda oficial, y la eliminación de las pensiones de expresidentes, en otro memorándum ordenó la implementación de trece medidas radicales para un gobierno austero.
Otras decisiones de AMLO se han implementado también con memorandos. En uno de ellos ordenó la compra directa en Estados Unidos, sin licitación pública, de quinientos camiones cisterna para paliar el desabasto de combustible, ciertamente urgente, resultante del robo de hidrocarburos en los ductos de Petróleos Mexicanos (Pemex). En otro documento similar inhabilitó, sin juicio previo, a tres empresas distribuidoras de medicamentos del sector de salud pública por haberse beneficiado de contratos millonarios en la administración de Peña Nieto.
La experiencia nacional e internacional demuestra que apartarse de las reglas constitucionales deriva en violaciones de derechos humanos. En su derecho de réplica, invocado con frecuencia en las Mañaneras, AMLO descalifica a sus detractores. Así ha sucedido con el periódico Reforma, al que caracteriza como prensa conservadora, protectora de intereses neoliberales y encubridora de la corrupción del pasado. Las repercusiones son serias: Juan Pardinas, el director editorial, ha recibido amenazas de muerte en redes sociales.
AMLO, como presidente, está obligado a respetar los derechos humanos. No puede arrogarse el derecho de réplica propio de los ciudadanos respecto de las notas publicadas o los comentarios de sus detractores. En un esquema de transparencia y rendición de cuentas, que como autoridad está obligado a cumplir, puede aclarar datos y precisar conceptos, pero no adjetivar a sus contrarios como corruptos, vendidos y conservadores retrógrados, y menos agraviarlos o intimidarlos. Por eso fue una coacción a la libertad de expresión la advertencia a los reporteros presentes en una conferencia matutina, a quienes dijo: “Ustedes no solo son buenos periodistas, sino prudentes […] y si ustedes se pasan, ya saben lo que sucede”.
Una muestra adicional de disfuncionalidad constitucional es el ataque frontal a otros órganos del Estado. Durante años, AMLO ha arremetido contra la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), a cuyos integrantes ha acusado de actuar bajo consigna y de gozar de sueldos privilegiados. La llegada de Arturo Zaldívar como presidente de la SCJN, con capacidad de interlocución con el Ejecutivo federal, ha atenuado las tensiones entre ambos. Una muestra de ello ha sido la decisión voluntaria de los ministros de reducir sus propios sueldos.
Otro flanco de ataque de AMLO ha sido el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI), al que ha acusado de encubrir la corrupción en Odebrecht y la condonación de adeudos fiscales de grandes contribuyentes. En sus palabras: “Cuesta mil millones de pesos mantener ese organismo […]. La corrupción creció como nunca, a la par de que se creó”. El INAI ha desmentido ambos señalamientos y recuerda que en diversas ocasiones ordenó a la Fiscalía General de la República y al Servicio de Administración Tributaria hacer pública la información respectiva.
El respeto institucional es una condición del Estado de derecho. Si el presidente considera que el funcionamiento del INAI es insatisfactorio, las opciones son promover una reforma constitucional para hacerle ajustes, o bien, impugnar sus resoluciones ante los tribunales federales.
El pragmatismo de AMLO no puede instituirse como modelo rector de su gobierno: el orden constitucional es garantía de seguridad jurídica. La aprobación popular es importante —sobre todo porque el mandato disruptivo en las urnas fue claro—, pero lo es todavía más que el presidente actúe en el marco de sus facultades y en respeto de los derechos humanos. Su “aspiración legítima de pasar a la historia como un buen presidente” implica el respeto a la Constitución de México. Actuar en sentido contrario garantizará el desgobierno de su gobierno.

CAMPAÑA GLOBAL POR EL RETORNO A PALESTINA

 

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Comunicado del FAI contra la cumbre de Bahrein. Nueva agresión del imperialismo contra la Causa Palestina.

1 julio, 2019  Por Frente Antiimperialista Internacionalista
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Logo FAI
Los días 25 y 26 de Junio de 2019 se ha celebrado en Bahrein un foro económico patrocinado por Estados Unidos que afirmó tener como objetivo abordar una “solución de paz” para Palestina. Se trataría de un encuentro de posibles inversionistas en Oriente Próximo que crearían las condiciones para un acuerdo, grandilocuentemente calificado por la Administración Trump como “El acuerdo del siglo”.
Los medios de comunicación de masas – grandes corporaciones económicas – han presentado el encuentro como una oportunidad para los Palestinos y los países que acogen a los cientos de miles de refugiados que desde 1948 vienen sufriendo la limpieza étnica por parte de Israel. Han mostrado a Estados Unidos y al Ente sionista como promotores de una iniciativa de paz honesta y desinteresada, dispuestos a resolver el conflicto. Como ha ocurrido otras veces, los medios se ponen al servicio de la propaganda imperialista y nos presentan una supuesta buena disposición de los agresores y una falta de colaboración de las víctimas.
A la cabeza de esta farsa, el gobierno de EEUU ha colocado a Jared Kushner, yerno de Donald Trump y su principal asesor para la región, que se subordina al lobby sionista. Participan también altos representantes del Ente sionista, así como de los gobiernos lacayos del mundo árabe: la satrapía de Arabia Saudí, el anfitrión Bahrein, Egipto, Jordania, Emiratos Árabes Unidos, Omán y Marruecos. Por contra, se niegan a tomar parte la propia Palestina y otros actores regionales clave: Siria, Irán, Líbano, Irak, Turquía, etc.
Los medios de comunicación han calificado esta cumbre como un fracaso por la falta de participación de los actores principales y por el rechazo de los países “receptores” de la ayuda. Sin embargo, el objetivo real del Foro iba más allá de la puesta en escena de un mercado de supuestos inversionistas para la zona. Detrás de este encuentro está lo que viene siendo la estrategia de un imperio en declive, Estados Unidos y su doble necesidad, tanto de recuperar espacios económicos como de defender a su principal enclave militar en la zona, Israel.
En Oriente Próximo, el principal obstáculo del imperialismo liderado por Estados Unidos sigue siendo la resistencia del pueblo palestino. Derrotado en Siria, sin conseguir estabilizar Iraq, con el Líbano gobernado por Hezbollá e Irán resistiendo la guerra económica, los palestinos vuelven a aparecer como un problema central para la reorganización de la zona según los intereses económicos estadounidenses. El intento de implicar a los países afectados por el conflicto pretende también aislar a Irán y aumentar el cerco y el asedio a este país clave para el control de los recursos del área.
El Foro de Bahrein ha sido una farsa como lo es la pretensión de un acuerdo de paz en el que no se cuente con los palestinos y sus legítimos derechos. Como dijera Mustafa Barghouthi, secretario general del Movimiento por la Iniciativa Nacional Palestina: “Nadie tiene derecho a hablar en nombre de Palestina”.
Asimismo, al ente sionista israelí no puede considerársele como contraparte válida para un acuerdo de paz: Israel funciona como una fuerza de ocupación de la Palestina histórica y viola de manera continua y sistemática todas las resoluciones de Naciones Unidas. Así, mientras no sea obligado a respetar el derecho internacional, Israel se invalida a sí mismo como interlocutor por la paz.
Su socio estadounidense también deja clara su postura de irrespeto más absoluto al derecho internacional, como pone de manifiesto – por ejemplo – la declaración por Trump de Jerusalén como capital israelí y el consiguiente traslado en diciembre de 2017 de su embajada.
Por otro lado, los fondos prometidos en este foro de Bahrein – unos hipotéticos 50.000 millones de dólares estadounidenses, que supuestamente se repartirían a partes iguales entre inversiones en la región (principalmente Líbano, Jordania y Egipto) y ayuda económica a los Territorios Palestinos, reflejan cómo la propuesta Kushner se reduce a un intento de acuerdo comercial, tan acorde con la mentalidad de la Administración Trump.
A cambio de este dinero, se chantajearía a los estados vecinos para que reduzcan su apoyo a la causa palestina (sobre todo por parte del Líbano) y para que fuercen a la población refugiada palestina allí desplazada a tomar la ciudadanía de estos países. De un plumazo, los y las palestinas perderían así su legítima reivindicación histórica del Derecho al Retorno; además de su derecho a la tierra frente a la ocupación de los asentamientos de colonos israelíes, su identidad histórica y social, etc. En definitiva, una renuncia delirante la que el sionismo le pretende exigir al pueblo palestino y a su movimiento de liberación nacional.
Pero es que además, esta propuesta se lanza en una situación actual en la que el imperialismo estadounidense está dando muestras de haber entrado en un marcado declive, tanto económico como de su hegemonía militar en Oriente Próximo.
Mientras prometen ese caudal de millones a cambio de desmantelar cualquier reivindicación palestina, la dupla EEUU-Israel ha dejado de transferir pagos a la UNRWA para cubrir el sustento básico de la población refugiada. Pretenden hacer creíble esa inyección económica para Palestina a la vez que mantienen el criminal bloqueo terrestre, marítimo y aéreo a Gaza, el cual constituye un terrible castigo colectivo que asfixia desde 2007 a la población gazatí: más de 2 millones de personas asediadas.
El Foro económico ha de ser enmarcado dentro de la estrategia de EEUU contra la resistencia palestina, pero también contra Irán. El imperialismo norteamericano (junto con Israel y Arabia Saudí) acrecienta hoy sus preparativos para una agresión militar directa a Irán. Los ataques a los petroleros cerca del estrecho de Ormuz y las incursiones con drones en espacio aéreo soberano iraní, así como la desactivación de los acuerdos nucleares y el rearme, son claras muestras de una escalada que no parece presagiar una resolución pacífica en la zona. EEUU ha recrudecido sus “sanciones” – en realidad, una guerra económica – contra Irán que, junto a Siria y la milicia de Hezbollá, el llamado “Eje de la Resistencia”, es el apoyo fundamental, casi único, del movimiento palestino de resistencia y liberación nacional frente a la ocupación sionista.
Mientras tanto, el gobierno de Pedro Sánchez guarda un silencio cómplice con el sionismo, situando una vez más al Estado español en un rol de aliado y subordinado a la cadena imperialista. A pesar de que España ha tratado en numerosas ocasiones de situarse en un pretendido papel de mediación, lo cierto y constatable es que los diferentes gobiernos han propiciado que en la clase política y todas sus instituciones se asienten posiciones sionistas, con su ideología racista y xenófoba, las cuales fomentan la persecución de cualquier movimiento de solidaridad internacionalista con Palestina. Baste como deleznable ejemplo la reciente criminalización de las tres compañeras de Madrid acusadas de financiamiento del terrorismo por su recogida de fondos destinados a la causa palestina.
Además, con la pertenencia a la OTAN – máximo agente mundial de la agresión imperialista – y su estrecha relación con el Mossad israelí, España se sitúa como colaborador del genocidio contra el pueblo palestino.
En definitiva, desde el Frente Antiimperialista Internacionalista (FAI) expresamos nuestra más enérgica y rotunda condena de los planes sionistas contra Palestina. En nuestro ejercicio del internacionalismo, apoyamos la resistencia del pueblo palestino frente a las maniobras del imperialismo para imponer un “acuerdo de paz del siglo” que en realidad sólo busca la expulsión total de los y las palestinas de su tierra.
Por eso, como antiimperialistas denunciamos la conferencia de Bahrein y el plan Kushner, y exigimos que se garantice el legítimo derecho del pueblo palestino al retorno a su tierra.
¡Jerusalén capital de Palestina!
¡Por el Derecho al Retorno!
¡Desde el río hasta el mar, Palestina vencerá!
¡Viva la lucha del pueblo palestino!
¡Viva Palestina libre!
1 de julio de 2019

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