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domingo, 9 de noviembre de 2025

¿La inteligencia artificial vs. la clase trabajadora?

 esde el origen de las civiliza-
ciones, el ser humano ha de-
pendido de las herramientas y
de la tecnología, y no se puede
negar que el beneficio de éstas
ha servido para la supervivencia humana; sin
embargo, no todo ha sido positivo.
Para entender mejor esta idea, recordemos
que desde el dominio del fuego, el invento de
la rueda o el descubrimiento de la potencia
de las armas de todo tipo, la sociedad siempre
ha sido cautivada por los beneficios que pro-
porciona la tecnología. Aparentemente, ésta
ha mejorado la calidad de vida, ha permitido
un mayor y rápido acceso a las comodidades
de proveerse de los recursos naturales nece-
sarios, sobre todo, por medio de la industria-
lización. De esta forma, la subsistencia esta-
ría garantizada. Nada más equivocado.
Pasaron siglos para lograr mejores opcio-
nes que estuvieran a la mano, más fáciles de
adquirir y a menor costo. Aunque un princi-
pio social nos dice que la ciencia y la tecno-
logía pertenecen a la población mundial, la
verdad es que ambas han sido acaparadas
por los grandes capitales.
La mayoría de la sociedad en la actualidad
depende de lo que esas empresas le impon-
gan. La tecnología pertenece a quienes la
puedan comprar. Lo hemos visto en todos los
rubros industriales y en todas las épocas. A
lo largo de los siglos, pulir las diversas tecno-
logías ha sido una tarea imprescindible para
las grandes empresas del mundo. Recorde-
mos que todo es negocio.
En realidad, la ciencia y la tecnología son
hitos en la historia sin los cuales no podría
hablarse de calidad de vida y desarrollo de la
sociedad. El crecimiento de las diferentes co-
munidades, hasta las más modestas, dependió
de su tecnología local, en un principio, y con el
tiempo la divulgación de las mejores técnicas
y métodos se fue convirtiendo en el intercam-
bio más importante entre la sociedad mundial.
Desde la revolución industrial, la produc-
ción de mercancías aumentó exponencialmen-
te, lo cual influyó en el cambio del estilo de
vida de la población y, en ocasiones, mejora-
ron los hábitos de salud, lo que se reflejó en el
aumento en la esperanza de vida. Aunque po-
demos asegurar que no mejoró, en sí, la salud
pública. Desde entonces, hemos sido testigos
de una inmensa lista de inventos, de desarrollo
y logros científicos. Pero, como toda innova-
ción humana, o al menos en su mayoría, suele
ser tema de polémica, ya que todo invento, su-
puestamente, ha sido creado buscando el bien
en general, aunque también corre el riesgo de
ser utilizado, involuntariamente o no, para la
destrucción del medio ambiente y, en conse-
cuencia, para nuestro perjuicio también.
Y aquí estamos de nueva cuenta en este
espacio de opinión de La Jornada para hacer
varias preguntas. Una de ellas es: ¿por qué la
creación de técnicas como la inteligencia arti-
ficial (IA) tiende, en parte, a la deshumaniza-
ción de la vida social, en lugar de representar
un importante beneficio para todo el mundo,
sin excepción, como argumentan sus creado-
res? En realidad, analizar la parte polémica
de las innovaciones de cualquier época acer-
ca del beneficio inicial, especialmente para
quienes las crearon, no es tarea fácil, pues
inevitablemente caemos en contradicciones.
Inicialmente, la curiosidad por las nuevas
posibilidades de mejorar la vida en cualquier
aspecto cautiva y obliga a la población a con-
sumir esa nueva cosa inventada. No vemos
las repercusiones, sólo el supuesto beneficio
inmediato. Por ejemplo, la transformación
de los recursos naturales para simplificar la
vida fue y ha sido, hasta la actualidad, lo más
importante en el consumo de tecnología no-
vedosa. Los perjuicios a largo plazo nadie los
enfrenta desde un principio; se cuestiona por
voces críticas, pero no tienen éxito. Lo im-
portante ha sido resolver necesidades reales
o inventadas en el corto plazo y sin reparar
en el precio monetario, social o cultural.
Debido a la curiosidad masiva inducida por
las empresas creadoras de innovaciones, des-
aparece el filtro del razonamiento ante los
beneficios o peligros de la nueva mercancía.
Así es la reacción humana en general.
Con la invención de la máquina de vapor
creada por James Watt en 1769 dio inicio la
era industrial, y con el paso del tiempo, las
máquinas de vapor se fueron perfeccionan-
do, al punto de ser lo suficientemente capa-
ces de generar servicios y productos. Gracias
a esta forma de producir, se desplazó en gran
parte la energía física, tanto humana como
de animales de carga.
Sin embargo, en el caso de los ferrocarri-
les, nació un gremio, y por otro lado, desapa-
reció otro, el del viejo transporte. Gracias a
la energía del vapor nacieron las fábricas. La
producción de mercancía se multiplicó y a
menor costo debido a su masividad. Es aquí
donde nace un gremio muy importante: la
clase obrera. La fuerza de trabajo artesanal
desapareció y no existió ninguna organiza-
ción que la defendiera. Fue una consecuencia
natural entre comillas.
En los últimos años, las tecnologías y avan-
ces científicos han dado pasos gigantescos;
un ejemplo de ello es la espectacular IA,
tema que ya ha sido publicado ampliamente
en este diario. Los beneficios pueden ser
múltiples: en la práctica médica, en la in-
dustrialización de recursos naturales, en el
conocimiento ambiental, en la preservación
de especies, en la industrialización con me-
nor contaminación, incluso en el arte y en
otros rubros podría ser un gran beneficio.
Sin embargo, los perjuicios, si no se resuel-
ven conforme a las necesidades humanas,
podrían ser incalculables, muy grandes y
trascendentales en contra de la estabilidad
social. Las protestas de hecho ya iniciaron y
el problema, al parecer, es potencialmente
devastador para la fuerza laboral, aun con
toda su organización. Pero antes de especu-
lar, sigamos analizando a profundidad sobre
este importante asunto.
(Colaboró Ruxi Mendieta)
Para Ximena Guzmán Cuevas y José
Muñoz Vega, la justicia llegará.
antonio.gershenson@gmail.com

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