Libro en PDF 10 MITOS identidad mexicana (PROFECIA POSCOVID)

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viernes, 6 de febrero de 2026

TRUMP Y CLAUDIA LA MISMA BASURA

 ué relación existe entre el in-
consciente de Sigmund Freud y
el duende de García Lorca o el
de Nietzsche?
Extrapolando, ¿qué relación
existe entre el inconsciente de Donald
Trump y el duende de Claudia Sheinbaum?
No es fácil decirlo ni analizarlo; poder
misterioso que todos sienten y ningún filó-
sofo explica y es, en suma, el espíritu de la
tierra, el duende que abrazó el corazón de
Nietzsche, que lo buscaba en sus formas
exteriores –el ángel– sobre el puente Rial-
to o en la música de Bizet, sin encontrarlo
y sin saber que el duende que perseguía
saltó de los misteriosos griegos a los bai-
larines de Cádiz o al dionisiaco grito dego-
llado, de la seguidilla de Silverio, o al cauch
sicoanalítico de la calle de Bergasse 19,
donde residía el profesor Freud.
Sonidos negros de fondo común incon-
trolable y estremecido de leño, son, tela y
vocablo. Tres arcos: la musa, el ángel y el
duende. La musa permanece quieta. El án-
gel puede agitar cabellos, pero, el duende.
¿Dónde está el duende? Por el arco vacío
entra un aire mental que sopla con insis-
tencia sobre las cabezas de los muertos, en
busca de nuevos paisajes y acentos igno-
rados. Un aire con olor a saliva de niño, de
hierba machacada y velo de medusa que
anuncia el constante bautizo de las cosas
recién creadas. García Lorca, Federico,
“Juego y teoría del duende” (Obras com-
pletas, Editorial Aguilar).
Porque el duende había abandonado
Grecia, cuando los griegos abandonaron
sus misterios y habían saltado a las bailari-
nas tartésicas que entonces y aún hoy con-
servan ese poder misterioso inexplicable
para los filósofos que es verdadero estilo
vivo; sangre de creación en acto, espíritu
de la tierra dionisiaca, grito degollado, que
es, pues, el duende, como lo busca Lorca,
quien especifica dónde se encuentra. En
las últimas habitaciones de la sangre, para
volver a encontrarlo y no; magia andaluza.
Búsqueda en Freud de ese duende –bro-
tar de lo inesperado, fugacidad del instan-
te, juego en las entrañas– sólo explicable
en el a posteriori, con ecos y resonancias
ilimitadas hacia una remota oscura anti-
güedad andaluza, que es, tiene que ser, esa
oscura antigüedad del ser humano, anti-
güedad de culturas conquistables que echa
por tierra los conceptos de identidades
nacionales para dar paso a la búsqueda de
ese duende cosa de aspecto inmutable, in-
confundiblemente atemporal y aespacial,
por tanto, inatrapable, inasible, terrible-
mente angustioso y tan inmanejable para
el yo que es capaz de provocar la alucina-
ción, el delirio o la muerte ante su encuen-
tro, pese a ser tan buscado.
Ese duende de la magia de los cuentos
infantiles o de la frase de Manuel Torre:
todo lo que tiene sonidos negros tiene
duende.
Poesía de Lorca que enmarca la idea del
inconsciente en que sólo manda un color:
negro. Sonidos negros que para el poeta
son misterios, raíces que se clavan en el
limo que conocemos e ignoramos, pero de
donde nos llega lo sustancial: la creación.
La lucha del hombre con el duende du-
rante toda su vida, aun sin saber.
Sólo que quema la sangre como un tó-
pico de vidrios que agota, que rechaza la
dulce geometría aprendida, nómbresele
duende, sorpresa interior o trampa

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