Lo que se oculta tras el burka
Por Miguel Ángel Moratinos para elplural.com
No es relativismo cultural, es exigencia democrática. La retirada del burka no debe ocultar otros intereses ni intenciones. Los verdaderos problemas españoles no son religiosos.

En las dos últimas semanas hemos asistido a una carrera desenfrenada entre los partidos políticos españoles del espacio de centro derecha, derecha o ultraderecha para ver quién ganaba la partida en proponer la abolición por ley del burka y el niqab en nuestro país. Tres proposiciones de ley orgánica han sido presentadas en el Congreso de los Diputados, aunque una ya ha sido votada y rechazada. Cada una cuenta con matices diferenciadores, pero todas coinciden en el propósito.
Pero ¿por qué ahora? ¿Acaso ha ocurrido algo en relación con el burka y la seguridad de las ciudadanas y los ciudadanos españoles en las últimas semanas? ¿Se les ha violado la dignidad y los derechos fundamentales? ¿Se ha hecho añicos nuestra convivencia entre las distintas comunidades religiosas y culturales de nuestro país?
He tratado de averiguar, a través de la hemeroteca, si se había producido algún incidente grave en un lugar público o incluso privado relacionado con la presencia de alguna mujer con burka o niqab en España, y la verdad es que no he encontrado ninguno. Entonces, ¿qué se oculta detrás de estas iniciativas? La respuesta para mí es sencilla: el uso de la religión, en este caso del Islam, como instrumento político para tratar de mejorar algunas bazas políticas. Probablemente el calendario electoral en nuestro país nos ayude a entender por qué resulta urgente abrir este debate ahora, ya que algunos partidos pretenden sacar réditos de esta cuestión. Lo que no persiguen en absoluto es mejorar y consolidar la cohesión social y política de la que razonablemente goza España en estos momentos.
Al leer las tres propuestas, he constatado que todas ponen énfasis en tres grandes cuestiones para legitimar su petición: la dignidad de las mujeres, la igualdad entre mujeres y hombres, y la seguridad y el orden público de nuestros espacios públicos. Además, el partido iniciador de esta polémica no pudo evitar recordar su obsesivo “choque de civilizaciones”. Todavía resuenan en muchos de estos grupos las tradicionales expresiones españolas como “No hay moros en la costa” o “Santiago y cierra, España”. Este grupo niega incluso las bases empíricas de nuestra “identidad”, la cual, para ellos, solo es cristiana y greco-romana, ni siquiera judeocristiana. Pero, por supuesto, nada que heredar de los 8 siglos de presencia musulmana en los que científicos, filósofos y pensadores lograron que nuestro país fuese centro de desarrollo y modernidad. Por cierto, este año se conmemorarán los 900 años del nacimiento de Averroes. No sé si los ideólogos o historiadores de estos grupos conocen o reconocen la contribución de esta gran personalidad hispanomusulmana al pensamiento crítico occidental.
Pero volvamos a la cuestión: si de lo que se trata es legislar mejor para garantizar la dignidad, la igualdad y la seguridad de las personas, es necesario debatir si con esta nueva legislación se lograrían esos objetivos. En cualquier caso, no se trata de abordar la cuestión a favor o en contra de una minoría religiosa o comunitaria, sino, sobre todo, de reforzar y defender los derechos y libertades de todos los ciudadanos españoles y de quienes residen legalmente en España, incluidos los de rito musulmán. No caigamos en la tentación de hacer leyes «de separación» o «de discriminación positiva» hacia una u otra minoría. Defendamos los mismos derechos por igual para todas las personas.
¿Y qué hay de la dignidad de la mujer? ¿Qué piensan las propias mujeres, en general, y las mujeres hispanomusulmanas, en particular? ¿Necesitan esta nueva legislación para que su dignidad sea mejor y más respetada? Hoy existe un gran debate en el propio mundo femenino islámico que revela la complejidad y las contradicciones entre dos corrientes de pensamiento que colocan el cuerpo de la mujer en el centro de la polémica. Un debate binario en el que aquellos que defienden «la modernidad» se ven impulsados por lo que algunos denominan corrientes «neo-orientalistas postcoloniales», que, sin matiz alguno, defienden la desaparición definitiva del velo. La otra corriente es la defendida por la retórica identitaria de un discurso islamista radical anclado en un pasado cultural antropológico que no se justifica en nuestra realidad contemporánea.
No hay comentarios:
Publicar un comentario