Balas y drones en el Día de
las Madres en la Montaña
IVÁN RESTREPO
A.más de un lector le sorpren-
derá que hoy no escriba sobre
el medio ambiente. Prefiero
resumir la experiencia que,
junto con una familia argentina
y una de Brasil, viví hace poco al regresar de
Sudamérica por la Terminal 1 del Aeropuer-
to Internacional de la Ciudad de México. Lo
hago justo un mes antes del arribo de cerca
de 2 millones de visitantes con motivo del
mundial de futbol. Una parte importante
ingresará por dicho aeropuerto.
Para ellos, no será verdad el “Detente via-
jero, has llegado a la región más transparen-
te del aire”, popularizada por don Alfonso
Reyes en su Visión de Anáhuac (1917). Frase
también atribuida a Alexander Von Hum-
boldt, quien visitó nuestro país a principios
del siglo XIX.
El visitante no disfrutará de la pureza y
claridad del aire. Antes de aterrizar en el
aeropuerto verá la capa de contaminantes
que distingue a la Cuenca de México. Y ya
en tierra, que la terminal aérea se localiza
en una zona de la megaurbe con la mayor
contaminación por partículas suspendidas
PM2.5 y PM10, ozono, óxidos de nitrógeno,
monóxido de carbono y dióxido de azufre.
El viajero del Mundial tampoco disfrutará
plenamente lo que el británico Charles
Joseph Latrobe llamó “Ciudad de los Pala-
cios”, impresionado por la bella arquitec-
tura virreinal del Centro Histórico. A él le
indignó mucho más la destrucción que el ré-
gimen colonial hizo de lo que sí fue una urbe
magnífica: la Gran Tenochtitlan. Esos pala-
cios hoy son casi imposibles de ver por estar
deteriorados y/o invadidos por bodegas con
mercancía de todo tipo, y por miles de per-
sonas que en busca de sustento se dedican
en las calles al comercio informal.
Regresemos al aeropuerto. Prometieron
remodelarlo a un costo millonario para
recibir a los visitantes de la mejor manera,
instalaciones adecuadas y los servicios que
requiere una terminal de primer mundo.
Más moderno el proceso de ingreso migra-
torio, pero con salas demasiado pequeñas
para albergar a cientos de pasajeros. El área
de entrega de equipaje sin mucha variación.
Los baños, no los ampliaron, sólo los remo-
delaron. Son insuficientes en el corredor
que va de la llegada nacional a la internacio-
nal. Lo que sí abundan son negocios de todo
tipo. Cero sitios con asientos para los que
esperan a los viajeros o los despiden.
Como una muy buena parte de los visitan-
tes mundialistas proceden de Suramérica,
tendrán sorpresas nada gratas. Una de ellas
es el tiempo de entrega de equipaje en una
sala especial, la 12. Estrecha, sin aire acon-
dicionado, la espera puede tardar una hora.
Ese equipaje ya pasó revisión minuciosa en
la ciudad de embarque del pasajero para
evitar que en él vayan sustancias prohibidas.
Mas, por si las dudas, actúa la Marina que,
como bien se sabe, demostró su eficacia en
evitar el contrabando de combustibles des-
de Estados Unidos.
Ya con tu equipaje, sales al pasillo de lle-
gada de la terminal. La familia argentina y
la brasileña no sabían que estaba prohibido
utilizar los servicios de aplicación (Uber y
Didi, por ejemplo), para abandonar el ae-
ropuerto hacia su lugar de destino. Es zona
federal y sólo se pueden utilizar los taxis au-
torizados por la terminal aérea. Su servicio
es más caro y la espera larga.
Les pido no desesperarse porque, según
las autoridades, resolvieron muy bien el
problema habilitando un área donde puedes
abordar cómodamente los vehículos de apli-
cación. La llamaron “bahía”, pero no hay se-
ñalamientos que indiquen en varios idiomas
la ruta que debes seguir para llegar a ella.
Calma, no faltará alguien que te indique la
ruta. Así sucede. Recorrerla con tu equipaje
tarda unos 10 minutos. Más, si vas con hijos
pequeños o personas mayores. Sales del
aeropuerto y tomas un sendero en mal es-
tado, que también conduce a la estación del
Metro y a una avenida supercongestionada
donde dejan y recogen pasaje las diversas
unidades de transporte público. Finalmente
llegas al sitio en que podrás utilizar la plata-
forma de tu preferencia. No está techada. Es
que en la ciudad nunca llueve.
Consejo: ponte mascarilla para protegerte
de la muy elevada contaminación vehicular
en dicha avenida. Pero ni la mejor te servirá
para evitar el intenso olor a podredumbre,
a aguas negras, que sale de una alcantarilla
ubicada precisamente en la famosa “bahía”.
Regresa por la Terminal 2 mi amiga Flor.
Me dice que allí ocurre algo semejante.
Bienvenidos aficionados al popular deporte,
expropiado por el poder del dinero. Y vergon-
zoso trofeo político: en diciembre pasado el
presidente de la FIFA, Gianni Infantino, entre-
gó a Donald Trump el Primer Premio de la Paz
por “promover la unidad global”.
El Aeropuerto
Internacional de
la Ciudad de
México llevó a
cabo una
millonaria
remodelación que
no ofrece una
bienvenida a los
viajeros, menos si
proceden de
Sudamérica
ABEL BARRERA HERNÁNDEZ*
Soy una madre de Tula, munici-
pio de Chilapa, Guerrero. Les
mando este mensaje desde
el cerro porque es el único lugar
donde me pude esconder. Tengo
miedo de lo que me vaya a pasar. Este
viernes 9, como a la una de la tarde, dejé
mi casa porque gente de la delincuencia
estaban tirando drones y balas de calibre
50. Saqué a mis gemelos como pude, ya
habían destrozado mi puerta con tantos
balazos. Con mucho miedo me escapé,
agarré la vereda para refugiarme entre
los árboles con mis hijitos. Las personas
armadas entraron a Tula ayer y hoy están
en Xicotlán. Algunos jóvenes grabaron
las balaceras y la quema de algunas ca-
sas. También hay fotos de las calles de
Acahuehuetla donde aparecen casquillos
y lugares quemados por los drones que
explotaron.
A pesar de las denuncias y del llamado
urgente al gobierno del estado, ninguna
autoridad acude para brindarnos auxilio,
sucede todo lo contrario, el subsecretario
Francisco se encarga de desmentirnos.
Le cree más a la delincuencia que nos
agrede y se pone contra nosotras, desca-
lificando todo lo que declaramos. Sobre
estos hechos se atrevió a decir que las
comunidades están en calma, que no son
ciertas las balaceras que denunciamos.
Ayer por la tarde enviamos varias fotos
de nuestras compañeras que salieron co-
rriendo de sus casas en busca de refugio.
Para el señor que está en Chilpancingo y
que no ve lo que nos está pasando, se le
hace muy fácil declarar que son mentiras
lo que decimos. Cómo le vamos a creer si
no está viviendo en el pueblo, si no tiene
hijos que sufren y lloran por las balaceras
que escuchan.
Quieren corrernos a todas las perso-
nas que no queremos trabajar con ellos.
Parece que el gobierno está de acuerdo
con esta idea porque nunca los investigan
a nosotros; mucho menos los culpan de
los asesinatos y las desapariciones que
han pasado en nuestras comunidades.
Antes sufríamos por tanto abandono del
gobierno, ahora que nos hemos organi-
zado como comunidades para defender
nuestros derechos, con el apoyo de la
policía comunitaria, resulta que el mismo
gobierno se encarga de destruirnos. Ha
dejado que grupos de la delincuencia nos
sometan y nos atemoricen. Lo hacen con
violencia porque nos balacean desde los
cerros y de repente entran en busca de
nuestras autoridades. Hace dos semanas
mataron a nuestro comandante regional,
Isaías Lucas, en la comunidad de Xicotlán
cuando estaba trabajando con otros tres
compañeros en la construcción de una
casa. ¿Cómo es posible que gente armada
haya entrado y salido del pueblo y que los
militares no hayan ubicado a los asesinos?
A pesar de que hemos tenido reuniones
con las autoridades en Chilpancingo,
todo queda en promesas incumplidas.
Desde que asesinaron a 10 compañeros
músicos de Alcozacán, en enero de 2020,
la violencia no ha parado, las autoridades
ya no investigaron, lo peor es que aquí
en la Montaña la justicia no existe para
los indígenas. En las reuniones se firman
muchos compromisos, sobre todo de que
habrá seguridad, de que se redoblará la
vigilancia y que se atenderán las deman-
das sociales. Lamentablemente, las cosas
van de mal en peor.
Llevamos más de 10 años con este
problema. Desde 2015 se complicó el
conflicto por las tierras y porque los de la
delincuencia no querían que hubiera po-
licía comunitaria en nuestros poblados.
Quisieron imponer su ley, así como lo han
hecho con los pueblos de Quechultenan-
go, de Hueycantenango y de algunas co-
munidades de Chilapa. Todo este tiempo
hemos resistido con el apoyo del Consejo
Indígena Popular Emiliano Zapata (Ci-
pog). Los saldos han sido sangrientos.
En un periodo que va de 2015 a 2026 han
asesinado a 76 compañeros y compañe-
ras, también tenemos 24 personas que
están desaparecidas. A pesar de que he-
mos denunciado estos hechos, el perso-
nal de la fiscalía en muy pocas ocasiones
acude para investigar. Quiere que noso-
tros le llevemos toda la información;
sobre cómo fueron los hechos, quiénes
fueron y dónde viven los acusados. Al
principio lo hicimos, pero fue peor por-
que luego mataron a los familiares que
acudieron al Ministerio Público a denun-
ciar. No hay garantías para denunciar,
pareciera que se protege a los malhecho-
res. A los funcionarios no les importa lo
que nos pasa. Nos culpan por la muerte
de nuestros hermanos o hijos, porque
luego dicen que algo malo hicieron y que
nosotros los cubrimos. También el trato
siempre es con regaños e insultos porque
no hablamos el español.
Seguimos con miedo porque los delin-
cuentes ya amenazaron con que van a
entrar a nuestras comunidades y que nos
van a matar. Desde hace tres días no pa-
ran las balaceras, por eso las familias de
Tula y Xicotlán están saliendo de sus co-
munidades. Estamos ante un callejón sin
salida, asediadas por la delincuencia, des-
protegidas por los cuerpos de seguridad y
con las autoridades del estado en contra,
porque no creen que la delincuencia llega
para quemar nuestras casas y para qui-
tarnos las tierras. Matan a nuestras au-
toridades y nos impiden salir de nuestras
comunidades; en los caminos nos matan.
¿Qué podemos esperar de un gobierno
cuando deja que los delincuentes patru-
llen los caminos y que desde los cerros
tiren drones y balazos? De nada sirve que
esté un retén del Ejército en Tula y que
haya otro en el Jaguey si nada más obser-
van y escuchan las balaceras.
Demandamos la presencia de las au-
toridades en el lugar del conflicto. No
podemos seguir a salto de mata. Ya es
tiempo que su presencia haga valer la ley
y que demuestre su compromiso con las
madres indígenas que por siglos hemos
padecido la discriminación y la violencia
estructural. No es posible que como ma-
dres tengamos que callar nuestro dolor
y guardar silencio ante las balas y los
drones que llueven en nuestros techos de
cartón.
*Director del Centro de Derechos Humanos
de La Montaña Tlachinollan
Libro en PDF 10 MITOS identidad mexicana (PROFECIA POSCOVID)
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lunes, 11 de mayo de 2026
Balas y drones en el Día de las Madres en la Montaña
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