Morena legitima los permisos para robar
El fenómeno parece demencial.
Y es que, si algún ciudadano mexicano o extranjero quiere robar, extorsionar o saquear las arcas públicas en México, no necesita más que afiliarse al Partido Morena.
En efecto, pertenecer hoy al Partido Morena, es igual a ser dueño de una licencia para robar, para matar, extorsionar o para saquear las arcas públicas.
Sí, si lo vemos de manera fría, militar en Morena no es más que tener licencia para cometer los peores delitos en una sociedad como la mexicana.
Pero no solo se trata de la licencia para cometer los peores crímenes, sino que, sobre todo, con esa afiliación se garantiza la impunidad total por parte de las instituciones del Estado mexicano.
Pero también es cierto que no se trata de una casualidad.
No, la verdad es que la cultura de la transa, del robo, el despojo y el saqueo del dinero público, es un “modus operandi” de pillos como López Obrador y como la propia Claudia Sheinbaum, entre muchos otros.
Lo peor del caso es que siempre estuvo, a los ojos de todos, la prueba de que esos políticos se movilizaban, realizaban plantones y protestaban, para chantajear a los gobiernos en turno.
Y una vez en el poder, volvió a estar al ojo público la forma en que López Obrador y Morena corrompieron todo aquello que tocaron.
Por ejemplo, AMLO corrompió a casi todo el PRD, para construir Morena; luego corrompió a militares, marinos y guardias nacionales, para tener de su lado a las fuerzas del orden público; corrompió la política, el servicio público, el periodismo y hasta la dádiva.
Y por eso debemos llegar al extremo de las preguntas impensables.
¿Cómo fue posible que tantos políticos y servidores públicos mexicanos se convirtieran en ladrones del dinero público, de la noche a la mañana?
¿Cómo fue posible que, sin pudor, sin vergüenza y sin recato, esos políticos y ladrones fueran capaces de exhibir de manera pública el producto de sus raterías?
¿Cómo se explica que, desde lo más alto del poder –desde Palacio–, se estimula la complicidad con las mafias criminales, al extremo de defender a “narco-gobernadores” como Rubén Rocha Moya, entre muchos otros que gozan de la impunidad de lo más alto del poder?
¿En qué momento las instituciones del Estado mexicano –como la Sedena y la Marina–, se convirtieron en emblema de la transa, la corrupción y los negocios sucios entre la política y los grupos criminales?
¿En qué clase de sociedad vivimos cuando, por ejemplo, por todo el país aparecen pandillas criminales que masacra a familias enteras para robarle todas sus pertenencias, producto de años de trabajo?
¿En qué capital del país vivimos, en donde en un solo día son masacrados decenas de ciudadanos en total y en donde las bandas criminales hacen y deshacen, sin que ninguna autoridad intervenga?
¿En qué clase de sociedad vivimos, para que, en una aparente venganza de cobro de piso, se prenda fuego a negocios, casas y bodegas, sin importar las consecuencias?
¿En qué clase de sociedad vivimos para que, en un día cualquiera, el número de ejecutados en todo el país llegue a la escalofriante cifra de 70 mexicanos asesinados de forma violenta?
¿En qué sociedad vivimos cuando, desde el Congreso mexicano, los legisladores del partido en el poder exigen juicio político contra la gobernadora de Chihuahua, por “cometer el delito” de perseguir a las bandas criminales?
Todo ello mientras que los “narco-presidentes”, “narco-gobernadores” y “narco-legisladores” se pasean por México y por el mundo, exhibiendo sus fortunas –producto de la corrupción–, y de la impunidad.
Sí, vivimos en el México fallido de la “4-T”; un México sometido por los “narco-políticos” del cártel criminal llamado Morena y que, desde 2018, no sólo solapa a los grupos criminales de todo el país, sino que les brinda protección oficial.
Todo ello mientras que son perseguidos los críticos y opositores que se atreven a denunciar a los fallidos gobiernos de Morena.
Críticos y opositores a los quienes desde el poder se les endilga el “sambenito” de “traidores a la patria”, por cometer el delito de cuestionar a los fallidos gobiernos de Morena.
Sí, al final de cuentas, Morena es la fábrica de permisos para robar, para extorsionar y para matar. ¿Lo dudan?
Al tiempo.

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