La lista negra de Morena
Sí, Adolf Hitler y el régimen nazi tenían perfectamente identificados a sus enemigos. Esta identificación operaba en dos niveles claros: a través de una clasificación ideológica y racial generalizada, y mediante listas negras con nombres y apellidos específicos de personas que debían ser capturadas o ejecutadas.
El "Libro Negro" ( Sonderffahndugslite G.B)
El ejemplo más preciso de individuos identificados con nombre y apellido es el Libro Negro de Hitler, una lista elaborada por las SS y la Gestapo de cara a la planeada (pero nunca ejecutada) invasión de Gran Bretaña en 1940.
Este documento secreto contenía exactamente dos mil 820 nombres de personas prominentes y organizaciones identificadas como "enemigos del Estado, traidores e indeseables". Si los nazis hubieran conquistado el Reino Unido, estas personas habrían sido arrestadas y ejecutadas de inmediato.
Líderes políticos: Winston Churchill, Clement Attlee y Anthony Eden.
Escritores y artistas: H.G. Wells, Virginia Woolf, Aldous Huxley y la actriz Sybil Thorndike.
Figuras curiosas: Robert Baden-powell, el fundador de los Boy Scouts, por considerar que su organización realizaba labores de espionaje.
Los enemigos ideológicos y colectivos
El pueblo judío: Para Hitler, los judíos eran el "enemigo número uno". Utilizó la teoría conspirativa del "judeobolchevismo" para culparlos falsamente de la derrota alemana en la Primera Guerra Mundial y del auge del comunismo. Esto desencadenó el Holocausto, el genocidio sistemático de seis millones de judíos.
Comunistas y socialistas: El marxismo era visto como una plaga destructora de naciones. Fueron de los primeros en ser perseguidos y enviados a los campos de concentración
Minorías étnicas y sociales: Los romaníes (gitanos), los afroalemanes y las personas con discapacidades físicas o mentales eran catalogados como "amenazas a la pureza genética".
Homosexuales: Perseguidos bajo la premisa de que su conducta afectaba la tasa de natalidad de la supuesta raza superior.
Disidentes religiosos: Grupos como los Testigos de Jehová, quienes se negaban a jurar lealtad a Hitler o a unirse al ejército alemán.
Enemigos dentro de sus propias filas
Hitler también identificaba amenazas dentro del propio nazismo. El ejemplo más claro fue la Noche de los Cuchillos Largos (1934), una purga política donde mandó asesinar a antiguos aliados que amenazaban su control absoluto, como Ernst Röhm (líder de las SA) y facciones socialistas del partido.
Lo imaginó Philip K. Dick en su ucronia de 1962, El hombre del castillo. Un mundo en el que la contienda de Stalingrado no acaba con las esperanzas del ejército alemán sino que éste sale victorioso dominando al pueblo ruso, sometiendo por fin a los aliados y haciéndose así con el control geográfico e ideológico, el nuevo orden mundial.
En esa realidad alternativa que todavía era posible en 1939 compusieron los nazis varios planes futuros para el Reich, como el que ha llegado a nuestro conocimiento gracias al trabajo del Imperial War Museum de Londres. Sus responsables han digitalizado uno de los documentos más sorprendentes de la inteligencia nacional socialista. La Operación Leon Marino (o la Unternehmen Seelöwe) trataba la posible invasión de Gran Bretaña por parte de los alemanes en 1939.
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