La ‘religión’ woke: Un movimiento irracional e identitario que pone en jaque a Occidente

El libro ‘La religión woke’, de Jean-François Braunstein, urge a recuperar la razón ilustrada, la ciencia objetiva y la libertad de expresión como antídotos.
Por David Hurtado | 23/09/2025
En un mundo donde las redes sociales amplifican voces y las universidades moldean ideas, el término woke ha pasado de ser un llamado a la vigilancia social a convertirse en un mantra que divide sociedades enteras. ¿Es solo una moda progresista o algo más profundo y perturbador? Jean-François Braunstein, profesor de filosofía contemporánea en la Universidad de París 1 Panthéon-Sorbonne, responde en su libro La religión woke con una tesis audaz: el wokismo no es mera ideología, sino una nueva religión irracional que busca deconstruir los pilares de la civilización occidental bajo el pretexto de la justicia social.
Braunstein, especialista en epistemología, historia de las ciencias y filosofía de la medicina, no es un novato en estas batallas intelectuales. En su obra anterior, La philosophie devenue folle (Grasset, 2018), ya había criticado con rigor las derivas de la teoría de género y el poshumanismo, desmontando figuras como Judith Butler o Donna Haraway. Ahora, en La religión woke, aplica su bisturí analítico a un movimiento que, según él, ha infectado instituciones educativas, mediáticas y políticas, promoviendo una «ola de locura» que ahoga el debate racional.
Orígenes: De la lucha por los derechos a la fe dogmática
El libro traza los orígenes del wokismo en las universidades estadounidenses de los años 60 y 70, donde movimientos contra la discriminación racial y de género se fusionaron con corrientes posmodernas francesas —piénsese en Foucault o Derrida— para generar una epistemología radical. Braunstein explica cómo el «gran despertar» woke surge de buenas intenciones: combatir el racismo, el sexismo y el colonialismo. Sin embargo, argumenta que estas causas nobles se pervierten en principios inasumibles que exigen adhesión ciega, similar a una fe religiosa.
Para ilustrar esto, el autor recurre a una analogía provocadora: los «woke» tienen sus adeptos (estudiantes y activistas), sus rituales (cancelaciones públicas y «llamadas a la acción» en redes) y hasta sus «ministros» (profesores y influencers que predican la ortodoxia). En nombre de supuestas víctimas, el movimiento suscribe valores de filosofías «que han perdido la cabeza», como la negación de la objetividad científica o la deconstrucción total de la herencia cultural occidental.
Ideas clave: La deconstrucción como credo
Braunstein estructura su ensayo en torno a dos pilares ideológicos del wokismo, que expone con citas textuales de ensayos, tesis y conferencias para evitar cualquier acusación de caricatura. Primero, la teoría de género, que sostiene que «el sexo y el cuerpo no existen, y que solo cuenta la conciencia». Aquí, el autor critica cómo esta visión ignora la biología —disciplina acusada de ser un «constructo cultural blanco, masculino y colonialista»— y promueve intervenciones médicas controvertidas en menores, como las terapias de afirmación de género.
Segundo, la epistemología del punto de vista, que afirma que «todo conocimiento está localizado» y que no existe ciencia objetiva, ni siquiera en disciplinas tradicionales como la física o la medicina. Braunstein denuncia esto como un ataque frontal a la Ilustración: los woke ven solo «un árbol» (sus narrativas de opresión) y pretenden que sea «el bosque completo», ignorando la complejidad del mundo real. El objetivo final, según el filósofo, es «deconstruir» toda herencia cultural y científica de Occidente, acusado de ser la fábrica del racismo y el sexismo, para instaurar una dictadura en nombre del «bien» y la «justicia social».
El libro no se limita a la crítica teórica. Braunstein analiza ejemplos concretos: desde la infiltración en la educación sexual y la salud pública hasta la «cancelación» de figuras disidentes, pasando por el impacto en las ciencias naturales. En biología y medicina, por instancia, el wokismo acusa a la genética de perpetuar desigualdades, proponiendo en su lugar narrativas subjetivas que, para el autor, socavan el progreso humano.
Lo que hace La religión woke especialmente impactante es su diagnóstico del éxito del movimiento. Braunstein no lo atribuye solo a la manipulación, sino a un «eco social y político» que resuena en amplias capas de la población, especialmente en el ámbito anglosajón. Fuera de él, el arraigo es menor, pero creciente. El autor advierte que esta «religión» no desaparecerá de la noche a la mañana; al contrario, exige coraje para resistir un «mundo orwelliano» donde la disidencia se castiga con ostracismo.
En un pasaje memorable, Braunstein compara el wokismo con el totalitarismo: argumentar con un woke es «solipsismo puro», ya que su fe en la opresión absoluta cierra todo diálogo. El libro urge a recuperar la razón ilustrada, la ciencia objetiva y la libertad de expresión como antídotos.
Un ensayo ineludible para tiempos turbulentos
La religión woke es un ensayo conciso (unas 280 páginas), claro y profundo, ideal para quienes buscan entender —sin jerga académica— este «movimiento irracional e identitario que está poniendo en jaque a Occidente». Braunstein no pretende ser neutral; su pluma es incisiva, pero siempre sustentada en evidencia. En tiempos donde debates sobre identidad y censura dominan la agenda global, este libro llega como un soplo de aire fresco (o un grito de alarma, según se mire). Si el wokismo es, como dice el autor, una religión destructora de la libertad, leer La religión woke es un acto de herejía saludable. En palabras de Braunstein: hace falta coraje para decir «no» a esta ola.
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