IATOWSKA
Este domingo celebra-
mos el Día Interna-
cional de los Pueblos
Indígenas, que la
Asamblea General
de Naciones Unidas proclamó
en diciembre de 1994, lo que
compromete a los mexicanos
a proteger los derechos de
las comunidades originarias,
salvaguardar sus tradiciones y
reconocer su valor en la histo-
ria de nuestro país que les debe
mucho.
En los años 50 del siglo XX,
el antropólogo veracruzano
Gonzalo Aguirre Beltrán fue
pionero en investigaciones y
estudios etnográficos de los
pueblos afromexicanos, espe-
cialmente en Cuijla, en el esta-
do de Guerrero, zona conocida
también como la Costa Chica.
Sus investigaciones resultaron
esenciales para reconocer a
una sociedad apartada del
mundo, debido a la falta de
comunicaciones, pero que
mantenía vivas sus tradiciones
desde hacía 300 años: su mez-
cla con indígenas, europeos,
organización social de los
cuijleños, ritos, creencias y su-
persticiones, así como la forma
de hablar español en esa zona
de México. Estas investigacio-
nes fueron también ilustradas
con los grabados de Alberto
Beltrán, artista que entregó su
vida y su talento a las causas
sociales, y que defendió siem-
pre tradiciones y costumbres
en el Taller de Gráfica Popular.
Asimismo, el 10 de agosto ce-
lebramos el día en que entró en
vigor el reconocimiento consti-
tucional de personas, pueblos
y comunidades afromexicanas,
cuya iniciativa presentó la se-
nadora Susana Harp Iturriba-
rría en 2019, misma que rindió
fruto ante la Reforma Constitu-
cional de 2024, para priorizar
a los pueblos y comunidades
afromexicanos como parte de
la composición pluricultural de
nuestro país con los mismos de-
rechos que cualquier mexicana
y mexicano.
–Susana, ¿por qué te intere-
saste tanto en las comunidades
afromexicanas?
–Porque estaban totalmen-
te invisibilizadas. No se les
reconocía como una cultura
diferente. Son tres pueblos con
distintas maneras de bailar, de
comer, con sus propios receta-
rios y creencias diferentes. Por
ejemplo, los del sur, en la Costa
Chica: Oaxaca y Guerrero ha-
cen “versos en topada” (cantos
poéticos). Es una manera de
jugar entre un hombre y una
mujer que se declaran su amor
en versos. En Oaxaca, hace
poquito, un muchacho me dijo
un verso en topada, porque
deseaba llevarme con él. Y yo
le contesté con otro verso en
topada: “Yo soy de la Costa
Chica, / del corazón azulejo, /
soy más sabrosa que un pan /
repartido en el festejo. / Dices
que me has de morder,/ pero
también si me dejo”.
–¿Nunca hay que dejarse?
–Es una manera de jugar al
amor. Más arriba, en el sota-
vento, en la parte afrojarocha
entre Loma Bonita, Oaxaca y
Tuxtepec, Veracruz, cantan
“décimas”. En México, Elena,
se reconocen 68 pueblos indí-
genas, tres pueblos afromexi-
canos y todo el resto del pueblo
es mestizo, como tú y como yo.
De los 68 pueblos indígenas
con todas sus variantes dialec-
tales, tenemos 364 maneras de
conversar, más la lengua de los
mascogos, en Múzquiz, Coahui-
la, en peligro de desaparecer.
–Y tú sigues viajando a resca-
tar lo que todavía puede salvar-
se. ¿Viajas cantando para los
olvidados de siempre, Susana?
–Ahorita como estoy en el
Senado voy a apoyarlos en sus
gestiones. Viajo a Oaxaca, a
Chiapas, a Hidalgo. Yo creo,
Elena, que cuando propones
una ley y logras que entre en vi-
gor, es muy importante ir a las
comunidades a explicarles sus
derechos. Este fin de mes voy a
Chiapas, porque su universidad
(Unachi) me pide dar una ex-
plicación la ley de Protección al
Patrimonio Cultural Indígena
y Afromexicano que hicimos
para detener los plagios de los
textiles y de otras artesanías
que habían plagiado marcas
nacionales e internacionales.
–Susana, el saqueo ha sido
una constante en la historia
de México. En Oaxaca se hizo
muy fácil a los visitantes em-
bolsarse vasijas dizque para
protegerlas en su casa.
–Así es. Tuvimos diferentes
culturas y al construir puentes,
carreteras, al excavar la tierra,
a cada rato salían tesoros y
todavía hoy salen vestigios de
nuestro extraordinario pasado.
Por ejemplo, cerca de Monte
Albán hay muchas pirámides
más de las que ya están a la vis-
ta; algún día me dijo el Institu-
to Nacional de Antropología e
Historia: “si no se van a poder
conservar después de excavar,
mejor que se queden bajo
tierra porque así se conservan
mejor”.
–Al excavar también se
destrozan muchas piezas y los
visitantes se las apropian con
la mano en la cintura…
–Así es, como la tumba 7 de
Monte Albán, que es maravi-
llosa, descubierta hace años
por Alfonso Caso. Es un placer
cuando vas a Santo Domingo,
en Oaxaca, a visitar el Centro
Cultural, observar toda una
sala repleta de tesoros que en-
contró Alfonso Caso, muy bien
conservados y protegidos con
veneración. Mi abuelo, que fue
historiador y periodista, Jorge
Fernando Iturribarría, oaxa-
queño, ayudó a Caso, y él nos
contaba lo impresionante que
resultó el descubrimiento de la
tumba 7 y la gran emoción de
todos los oaxaqueños.
–¡Qué bueno! Pero volviendo
a nuestra pregunta anterior,
Susana, ¿consideras que Méxi-
co ha sido un país racista?
–Nuestro país siempre ha
sido racista y clasista, por su-
puesto que sí, pero siempre se
reconoció la presencia de las
comunidades indígenas. Esa
fue la lucha de los zapatistas,
para que sus derechos estuvie-
ran claramente asentados en
la Constitución. Se lograron
avances, pero no se incluyeron
todas las peticiones. Por eso
se modificó el artículo 2 cons-
titucional. Había un apartado
A y un apartado B. Yo tuve
la oportunidad de agregar el
apartado C, en el que también
se reconocen los pueblos
afromexicanos, totalmente ol-
vidados. En 2024 se agregó un
apartado D, y ahora se va a ha-
cer una consulta para aprobar
una Ley General de los Dere-
chos de los Pueblos Indígenas
y Afromexicanos. Hasta 2019
logramos la inclusión de los
pueblos afromexicanos en este
nuevo apartado de ese mismo
artículo 2. Estamos, en 2026
y apenas vamos a hablarlo de
manera formal.
–Susana, ¿y por qué te apa-
sionó tanto el tema del respeto
y la recuperación de nuestro
pasado?
–No soy ni indígena ni soy
afro, pero soy oaxaqueña, y co-
mo decía Andrés Henestrosa:
“mis paisanos son los que veo
en el paisaje”. Cuando iba a
recopilar canciones y tonadas
de mi tierra, caminaba mucho
de pueblo en pueblo y tocaba
a la puerta de las comunida-
des para trabajar con ellos.
Me aceptaron y me dediqué
a guardar sus palabras, a
entender cuáles eran sus preo-
cupaciones y sus aspiraciones.
Mi especialidad fue buscar
temas de música, sus usos y
costumbres, y cantar con ellos.
En 2006 empecé a ir a la costa
a los pueblos afros de Oaxaca
y de Guerrero, y me resultó
impactante ver la cantidad de
población afrodescendiente
en nuestro país. No tenía
conciencia de su fuerza y de
su creatividad. Me contaron
que no podían transitar de
Oaxaca a Veracruz sin que
los detuvieran: “¿Adónde va”,
“¿de dónde eres?” “Cántanos el
Himno Nacional”, “¿Quién es
el presidente?”, “Enséñame tu
credencial de elector”, un aco-
so brutal que aún no termina
y se da a lo largo y a lo ancho
del país. Hubo una invisibilidad
sistemática de las minorías in-
dígenas en todo México.
“Cuando en México se abolió
la esclavitud, estos pueblos
desaparecieron, porque antes
se contaban como si fueran
‘activos’. Si una persona tenía
una hacienda con una cantidad
de hectáreas y de cabezas de
ganado, ahí mismo se anota-
ban los esclavos como si fueran
ganado. Cuando se abolió la
esclavitud desaparecieron
todos. Al no tener una lengua
propia ya no contaban ni como
zapotecos, ni como mixtecos,
ni nada. No eran mestizos, y
durante tres siglos lograron
conformar culturas propias
en estas tres regiones: Costa
Chica en Guerrero, la parte
afrojarocha en la zona fronte-
riza entre Oaxaca y Veracruz, y
la región mascogo en el muni-
cipio de Múzquiz, en Coahuila.
El Estado mexicano nunca los
reconoció como culturas pro-
pias, porque además se fueron
conformando poco a poco.”
–Susana, ¿quién te transmi-
tió tu extraordinaria y constan-
te lucha contra la discrimina-
ción racial?
–Yo lo vi, ellos mismos me lo
contaron cuando me iba a las
comunidades afro en Oaxaca.
Empecé a ir en 2006 y 2007
porque quería grabar un dis-
co de sus cantos y ritmos de
danza; ahí entendí la condición
de discriminación en la que se-
guían viviendo estas comuni-
dades en el siglo XXI, y conocí
y adquirí conciencia de la dis-
criminación, la invisibilidad, la
complicación de circular por
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domingo, 9 de agosto de 2026
Pueblos indígenas y afromexicanos
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