Sionismo mexicano HERMANN BELLINGHAUSEN Llama la atención el revuelo en redes y la histeria de los vale dores del autor de un artículo sobre el genocidio en Gaza (inexistente según el escrito). Lo notable no es lo que dice, sino cómo fue leído en México. Su contenido pro pagandístico es idéntico, y hasta menos prolijo que lo que se lee un día sí y otro también en la prensa y los medios do minantes de Europa, Estados Unidos y desde luego Israel. Acá picó el avispero local al sostener cruda y cínicamente los argumentos del sionismo, algo que en nuestro país no es frecuente ni bien visto. Quizá no ocurre en las élites donde se mueve Ezra Shabot Askenazi (éste, su segundo apellido, además de adscrip ción común en el judaísmo de origen centroeuropeo). Pero sí en la calle, en el sentido común de campesinos, obre ros, pueblos originarios, la clase media consciente, la izquierda en su más am plio espectro, los nacionalistas de todo cuño, muchísimos católicos y un respe table número de judíos. ¡Claro que es genocidio la matanza indiscriminada, el arrasamiento de ciudades, huertos, campos de pastoreo y labranza, univer sidades, hospitales, jardines de niños, ambulancias, bebés con su madre y el resto de su familia, fiestas, funerales, campamentos de refugiados! Pavor y hambre como armas de destrucción masiva. Shabot es un veterano analista eco nómico y político, abiertamente pro ca pitalista, consejero y vocero frecuente del poder económico privado nacional y trasnacional, voz muy escuchada por la derecha mexicana y una parte de la oposición al actual régimen, y buen sionista cuando lo considera necesario. Ahora recurre al discurso propagan dístico básico de Israel, el mismo con que ellos adoctrinan a niños, soldados y población general. El que enarbolan los invasores de Palestina, eufemística mente llamados “colonos” por la prensa occidental, la cual ya anuncia la venta de lotes en la tierra arrasada. Shabot emplea términos similares a los del energúmeno Itamar Ben-Gvir, los rabinos patrioteros y pro bélicos, el Estado entero de Israel, la opinión pública, los medios (salvo excepciones como Haaretz o +972 Magazine) y en general los sionistas en todo el mundo. Ahora leemos la negación del genocidio en Palestina por un elocuente defensor de la noción del Holocausto judío contra los negacionismos de la derecha europea (ver Letras Libres, febrero de 2007). La evidente contradicción no le preocupa; como todo sionista, piensa que una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. versación”. Quizás lo lograron entre los suyos, pero han recibido una cascada de burlas, descalificaciones, acusaciones y réplicas que no les será fácil superar. El sionismo es defendido con la ley y la espada en la Europa cómplice y cliente del Estado de Israel bajo la culpa hipócrita que corroe a los ale manes, al autoritarismo británico o al doble discurso de Francia. Se persigue a los críticos, se establece el delito de “antisemitismo” como conjuro, enga rróteseme ahí, contra quienes apoyan a Palestina, lloran y actúan por Gaza, opinan, marchan, gritan. Los grandes medios occidentales (inútil enumerarlos) sesgan sus lectu ras de los acontecimientos de manera constante y predecible. La derecha mexicana, intelectual o no, abreva en dicha información, como quien vive en un mundo paralelo. Basta leer a Jorge G. Castañeda y a su hijo en redes socia les, a los Krauze y a tantos más. El sai nete de Nexos fue calculado para abrir espacio a opiniones que comparte sin admitirlo. Tú lo firmas, yo lo publico. La advertencia al artículo de Shabot (“Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad exclusiva del autor, y no reflejan la postura de las editoras de Nexos”; sí, dice “editoras”) fue seguida por el respaldo personal de Héctor Aguilar Camín y Enrique Krauze, a quienes, allá en su prehistoria (1979), Octavio Paz llamó proféticamente “cuerpo con dos cabezas”. Tras la pieza de marras quisieron abrir cauce a la re tórica sionista, “normalizarla en la con El sionismo en México ocupa no po cos espacios, muchas veces de manera embozada. Las dos grandes televisoras son, una de propiedad sionista y otra cristiana sionista. En el mundo de las finanzas y los negocios domina vastos territorios. Algunos, en la ciencia y la academia. En su mayoría se trata de mexicanos judíos, con nacionalidad israelí y quizás alguna otra. Pero ante todo israelíes, así que acusarlos de ser vir a Mossad, el ejército, las empresas o el gobierno de Tel Aviv resulta innece sario. Lo hacen por convicción. Existe una amplia operación mundial de blanqueamiento de Israel como proveedor, cliente, amigo, aliado, socio o patrón. Los magnates del supramun do tecnológico son sionistas, aun los no judíos. El algoritmo les pertenece, aunque no siempre lo controlen. La pieza de Shabot es un granito más, que en México resultó pedrada por lo inusual. Muchos lectores se sintieron ofendidos cuando equipara “el sufri miento” de Gaza con el de la Alemania nazi bombardeada por los aliados. Un despropósito histórico inaceptable en un estudioso del Holocausto. Resulta ridículo para quien
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