Somos fanáticos de que el Estado tiene que
controlar los resortes fundamentales [de la
economía]", declara Juan Carlos Giordano,
dirigente de IS, en el programa "Chiche en vivo".
Mencionamos la crítica de Engels al "socialismo esta-
tista alemán" (pensaban que las estatizaciones realiza-
das por Bismark iban en sentido socialista):
"Ni la transformación en sociedades por acciones, ni
en propiedad del Estado, suprime la propiedad del capi-
tal sobre las fuerzas productivas. En las sociedades por
acciones, la cosa es obvia. Y el Estado moderno, no es
más que la organización burguesa para sostener las
condiciones de producción capitalista contra ataques de
los trabajadores o de los capitalistas individuales.
El Estado moderno, cualquiera sea su forma, es una
máquina esencialmente capitalista, un Estado de los
capitalistas: el capitalista total ideal. Cuantas más fuer-
zas productivas asume en propio, tanto más se hace
capitalista total, y tantos más ciudadanos explota. Los
obreros siguen siendo asalariados, proletarios. No se
supera la relación capitalista, sino que, más bien, se ex-
acerba. (Anti-Dühring, pp. 275-6, México, Grijalbo, 1968).
También Engels, en 1891: "... en tanto las clases pro-
pietarias permanezcan al mando, cualquier nacionaliza-
ción no es una abolición, sino una alteración en la forma
de explotación" (carta de Engels a Oppenheim, 24 marzo 1891).
En el mismo sentido se pronunciaba la Tercera In-
ternacional: "Reivindicar la socialización o la nacionali-
zación de las más importantes ramas de la industria,
como lo hacen los partidos centristas, es embaucar a las
masas. No sólo inducen a las masas en el error, al tratar
de persuadirlas de que la socialización puede arrancar
de las manos del capital las principales ramas de la in-
dustria sin que la burguesía sea vencida; buscan desviar
a los obreros de la lucha vital por sus necesidades in-
mediatas, haciéndolas esperar un embargo progresivo
de las diversas industrias una después de otra, después
del cual comenzará la construcción "sistemática" del ed-
ificio económico. Vuelven así al programa mínimo de la
socialdemocracia, es decir, a la reforma del capitalismo,
que es hoy una treta contrarrevolucionaria" ("Tesis sobre tác-
tica", Tercer Congreso de la Internacional Comunista).
Que la burocracia estatal se apropie de una mayor o
menor tajada de plusvalía, vía sus organismos estatales,
no modifica que vive de la explotación del trabajo. Ésta
es una piedra basal de la crítica al Estado burgués.
Es imperioso que la crítica socialista vaya a fondo y
desnude la mentira y el engaño asociados a las bande-
ras del estatismo "progre". Un caso ejemplar (en Argen-
tina): la creencia de que se puede acabar con la infla-
ción vía el control de precios por parte del Estado.
Una amplia franja del progresismo nacional izquier-
dista considera que el control de precios es una medida
muy avanzada, casi revolucionaria. Pero ese manejo de
los precios por el Estado es imposible.
En una nota anterior decíamos: "...los movimientos
tendenciales de precios no pueden ser fijados a partir de
relaciones de poder, político o institucional, ya que están
regidos por la ley del valor, la cual es objetiva”. Los se-
res humanos no la dominan a voluntad, a pesar de que
se trata de un fenómeno social.
En tanto subsista el sistema capitalista –producción
para el mercado, acumulación por la lógica de la ganan-
cia– no hay posibilidad de que el Estado maneje los pre-
cios (Engels, control de precios). No engañen al pueblo
con planteos tan fantasiosos como subjetivistas.
Uno de los argumentos más difundidos en la izquier-
da dice que el control por el Estado del comercio exte-
rior, la estatización de los bancos (alternativamente, de
los depósitos bancarios) y similares, apuntan a terminar
con "la explotación neocolonial" (o semicolonial) de paí-
ses como Argentina. Giordano esgrime este argumento:
el comercio exterior "lo controlan las multinacionales
yanquis" (como Cargill). El control estatal sería parte del
programa de "liberación nacional".
Cargill no explota "al país", sino a su clase obrera.
Se apropia de una porción de la plusvalía generada por
los trabajadores, como cualquier otro capital, local o ex-
tranjero. De la misma manera que, por ejemplo, un
banco estadounidense, o suizo, o chino, participa de la
explotación del trabajo asalariado local, a igual nivel que
los bancos argentinos, sean estos privados o estatales.
Las diferencias son sustanciales. La crítica del esta-
tismo burgués (o burocrático) es parte constitutiva del
programa y estrategia del marxismo revolucionario. Es
lo opuesto a ser "fanáticos de la intervención estatal".
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