Palestina.n «¿Qué persona puede aceptar que se asesine de manera sistemática a niños?»
Naiz / Resumen de Medio Oriente, 05 de octubre de 2026.
Raúl Incertis, especialista en Anestesiología y Reanimación, acababa de llegar a Gaza como voluntario de MSF cuando sucedieron los ataques del 7 de octubre de 2023. Vivió las primeras semanas del genocidio hasta que en noviembre fue evacuado. Regresó a la Franja, donde permaneció cuatro meses.
«…Lo que más me sobrecogía era el volumen de heridos y de muertos. Lo que más me dolía eran los niños heridos, sobre todo aquellos que llegaban solos porque toda su familia había muerto en el bombardeo. Y los padres de los niños muertos. Qué dolor indescriptible. Perdí la cuenta de los niños que murieron delante de mis ojos».
Es una de las reflexiones del médico de Emergencias y especialista en Anestesiología y Reanimación Raúl Incertis extraídas de su libro “Ojalá curar fuera más fácil” (Plaza&Janés). De manera íntima, directa, desgarradora, narra su experiencia como sanitario en las dos misiones en las que estuvo en la Franja de Gaza y también en otros contextos de conflicto como Afganistán, Yemen o Líbano.
La primera vez que Incertis llegó a la Franja de Gaza lo hizo como voluntario de Médicos Sin Fronteras pocos días antes de los ataques del 7 de octubre de 2023. Vivió las primeras semanas del genocidio hasta que el 1 de noviembre de ese año fue evacuado. Para este entonces, Israel ya había matado a 8.805 gazatíes, de ellos 3.650 niños. Meses después regresó a la Franja con la ONG canadiense Glia.
En los hospitales Nasser, en Jan Yunis, e Indonesio, en Jabalia, atendió a cientos de heridos, mutilados… en bombardeos masivos o tiroteados deliberadamente por francotiradores y drones durante los repartos de comida de la fundación creada por el Ejército israelí y EEUU.
En entrevista telefónica con NAIZ, se pregunta «qué persona en su sano juicio puede aceptar que se asesine de manera sistemática a niños», pide seguir hablando del genocidio y romper todo tipo de relación con Israel. Alaba a sus compañeros gazatíes: «Me encontré con personas con un gran respeto a la vida; nunca escuché de mis compañeros gazatíes una descalificación de los israelíes. Mucha gente dice que si hicieron el 7-O es porque es una sociedad violenta. En absoluto».
¿Cómo narrar Gaza?
Hay una parte de la narración que es apesadumbrada. Cada vez se habla menos de Gaza. Los medios de alguna manera han comprado el relato del alto el fuego y de que las cosas iban a cambiar.
Cuando quienes conocemos la realidad de la Franja nos enfrentamos a la narración de Gaza, lo hacemos con un poco de cansancio porque nada cambia y es tener que repetir y hacérselo ver a la gente. Ya no hay protestas multitudinarias.
Por una parte, es normal porque la gente está cansada. Pero nos tenemos que seguir enfrentando con gran determinación al relato sobre Gaza y no dejar de hablar de lo que está pasando.
¿Le ha sorprendido la reacción de Benjamin Netanyahu y sus ministros respecto al documental «NAZA»?
No. En el libro cito un estudio de campo sobre la sociedad israelí llevado a cabo en 2025 por la Universidad de Pensilvania, en cuyas conclusiones se señala que aproximadamente el 45% de los israelíes está de acuerdo con la aniquilación total de los gazatíes y cerca de un 80% con la limpieza étnica, es decir, aprueba la expulsión de los gazatíes. Gran parte de la sociedad israelí es proclive a la deshumanización y piensa que los gazatíes son animales.
¿Qué se puede hacer frente a la deshumanización?
Dos cosas fundamentales. Por una parte, tenemos que informarnos muy bien, hay mucha gente que todavía piensa que la víctima es el Estado de Israel. Atendiendo a las cifras desde el año 48, han muerto miles y miles más de palestinos que israelíes, pero siempre se ve a Israel como la víctima.
Yo le pediría a los periodistas que hagan un esfuerzo por contar lo que lleva pasando en Palestina desde 1948 o, incluso, antes. Mucha gente cree que este conflicto empezó el 7 de octubre. Pero la formación de Israel se sustentó en una limpieza étnica. Esto también lo dice Naciones Unidas.
Por otra parte, es muy importante que a todos los niveles hagamos un esfuerzo por aislar a Israel como Estado. Ya se hizo con Sudáfrica y se ha hecho con Rusia.
«Todo esto en un mundo racional debería haber hecho que Ursula von der Leyen, Alemania, Reino Unido, Italia…. dijeran que no iban a dar ni un misil ni una bomba más»
El pequeño ciudadano puede con sus actos de consumo romper con Israel; hay un montón de multinacionales en el supermercado que, a través de sus inversiones en Israel, están contribuyendo a que esto se perpetúe.
Es muy importante que a todos los niveles hagamos un esfuerzo por aislar a Israel como Estado. Ya se hizo con Sudáfrica y se ha hecho con Rusia.
Además, el Tribunal Internacional de Justicia de la ONU advertía de la comisión de un genocidio e instaba a los países a poner todo por su parte para evitar que Israel siguiera por ese camino.
¿Se queda corto el término genocidio para describir lo que ha ocurrido y ocurre en Gaza? Hay voces gazatíes que piden hablar de feminicidio, familiacidio, infanticidio…
Creo que no, porque, probablemente, no haya un término más grave que ese. Representa la aniquilación de todo un pueblo, no solo de las personas, sino de su memoria, de las universidades, de todas las infraestructuras, etc. Pero es cierto que es muy generalista.
En el libro subraya que mientras estuvo ejerciendo en Gaza perdió la cuenta de cuántos niños vio morir ante sus ojos. ¿Cómo se sobrelleva?
Se vive con una sensación de fractura interior muy grande. Los niños no solo son bombardeados; el Ejército también les dispara a propósito a la cabeza o al tórax.
En el libro cito el caso de una niña de un año que estaba en los brazos de su madre en la fila de reparto de ayuda de la Fundación Humanitaria, creada por el Ejército israelí y EEUU. Los soldados dispararon a la madre y la bala golpeó a la niña en el pecho.

Se vive muy mal. Te entra una desesperanza y una rabia muy grande. Es un enfado contenido, porque no lo puedes expresar y tienes que seguir trabajando para atender a los heridos que llegan en cascada. Algo en tu interior se queda roto. Uno se pregunta qué persona en su sano juicio puede aceptar que se asesine de manera sistemática a los niños.
Ha estado en Gaza en dos ocasiones. La primera vez, antes del 7 de octubre de 2023. ¿Qué dos Raúles llegaron a Gaza?
En esa primera misión entró un Raúl con ilusión, con capacidad de entusiasmarse. La segunda vez que salí de Gaza, salió un Raúl sin capacidad de entusiasmo, deprimido y muy desalentado.
Al mismo tiempo, salió un Raúl muy agradecido de la hospitalidad que me brindaron los compañeros gazatíes, quienes me mostraron una enorme humanidad. Son personas que lo han perdido todo, incluidos hijos y familiares cercanos.
Relato lo sucedido a la doctora Alaa al Najjar del hospital Nasser. Nueve de sus diez hijos murieron en el bombardeo de su casa. También falleció su marido. Aun así, el trato entre ellos y hacia los pacientes es de un gran cariño. No paraban de trabajar sin quejarse. Me decían que para ellos no era un trabajo, sino un servicio público.
«Lo que está viviendo ahora Gaza no se va a solucionar en una generación; todos los habitantes tienen síntomas de estrés postraumático»
Me encontré con personas con un gran respeto a la vida; nunca escuché de ellos una descalificación o deshumanización de los israelíes. Mucha gente dice que si hicieron el 7-O es porque es una sociedad violenta. En absoluto. Salí muy apesadumbrado, pero también con un rayo de esperanza porque, dentro de lo peor, me encontré con grandes manifestaciones de que incluso en las peores circunstancias se puede mantener el respeto humano.
Uno de los capítulos del libro finaliza con la siguiente reflexión: «Me di cuenta de que lo más útil no era intubar, tratar shocks o colocar tubos de tórax, sino escuchar».
Los dos millones de personas que viven en la Franja son víctimas, también mis compañeros sanitarios. De ahí la palabra genocidio. Entre ellos no se quejan. ¿Qué le va a decir un compañero a otro cuando todos han sufrido situaciones y pérdidas similares?
Con la llegada del personal extranjero, se sienten menos solos. La realidad es que los políticos de nuestros países los han abandonado completamente; cuando no los están aniquilando. Las bombas están fabricadas en EEUU, Alemania, Italia… España también tiene negocios armamentísticos con Israel.
A nosotros sí que nos pueden expresar los dolores por los que están pasando. Necesitan encontrar un interlocutor que no esté tan mal como ellos para podérselo contar. Lo que puede hacer un médico extranjero frente a la magnitud del desastre es muy poco.
Junto a los periodistas, el sector sanitario ha sido sistemáticamente atacado. En el libro relata la visita apocalíptica al hospital pediátrico Kamal Adwan tras uno de los ataques que sufrió por parte de Israel. Destaca la imagen del director de ese hospital, Hussam Abu Safiya, «caminando entre los escombros hasta llegar frente a un tanque israelí». Fue detenido el 2 de diciembre de 2024 junto a 240 personas. Aún permanece en prisión. Usted mismo fue testigo de varios ataques de Israel contra el Hospital Nasser. ¿Cómo se vive?
Con un miedo atroz. Cuando el Ejército israelí rodeó el hospital a unos 300 metros, mis compañeros gazatíes sintieron pavor porque en incursiones anteriores habían secuestrado a compañeros. En el libro hablo de un amigo mío que fue secuestrado y torturado por el Ejército.
En agosto se cumplió un año del ataque al Hospital Nasser –ocurrió un mes después de que me fuera– en el que murieron más de 20 personas, entre ellas cinco periodistas. Por experiencia, el miedo a morir es horrible; te sientes desvalido y solo. Lamento profundamente que todo eso no haya generado ni el más mínimo cambio real por parte de quienes tienen el poder económico.
«La realidad es que los políticos de nuestros países los han abandonado completamente, cuando no, los están aniquilando. Las bombas están fabricadas en EEUU, Alemania, Italia… España también tiene negocios armamentísticos con Israel»
Al igual que el asesinato de niños y de periodistas, es otro de los límites que se ha sobrepasado en esta venganza israelí. Todo esto en un mundo racional debería haber hecho que Ursula von der Leyen, la Comisión Europea, los presidentes de Alemania, Reino Unido, Italia… dijeran que no iban a dar ni un misil ni una bomba más a Israel.
«Ojalá curar fuera más fácil» guarda entre su páginas reflexiones muy íntimas. ¿Qué poso le ha dejado su escritura?
Me ha ayudado a poner en orden los pensamientos y los sentimientos y también a reflexionar acerca de lo que puede durar la violencia. Pongo el ejemplo de mi abuelo, quien se llevó a casa la violencia tan extrema que vivió en la II Guerra Mundial; los efectos de aquella violencia traspasaron generaciones.
Lo que está viviendo ahora Gaza no se va a solucionar en una generación; todos los habitantes tienen síntomas de estrés postraumático, en particular, los niños que han sido bombardeados. Ese daño emocional va a pasar de generación en generación.
Me gustaría pensar que si Ayuso, Aznar, Netanyahu… estuvieran tres días trabajando o ayudando en las urgencias del Hospital Nasser y, de repente, empezaran a recibir niños bombardeados y tuvieran que cogerles en los brazos para ponerlos en la camilla, algo cambiaría dentro de ellos.
Tener a un niño herido, mutilado, a punto de morir y a sus padres al lado gritando, algo te tiene que tocar. Si no, se es un psicópata de manual.
¿Qué factura nos va a dejar este genocidio?
No tengo una respuesta clara. Lo que sí creo es que existe una esperanza para el cambio o, al menos, para equilibrar la balanza. Creo que en el fondo son muchas más las personas de bien que se indignan ante la injusticia.
Quiero pensar que hay muchas personas que cuando dentro unos años miren hacia atrás dirán: ‘Cuando pasó lo de Gaza, yo me coloqué en este lugar y era el lugar moral correcto. Fui a tal manifestación, dejé de comprar productos de ciertas marcas’.
Ya sé que es difícil, pero no nos podemos desesperanzar. Hay que seguir adelante, tratar de buscar el encuentro con la otra persona y, desde luego, no votar a la derecha o ultraderech
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