Libro en PDF 10 MITOS identidad mexicana (PROFECIA POSCOVID)

Libro en PDF 10 MITOS identidad mexicana (PROFECIA POSCOVID)

  Interesados comunicarse a correo: erubielcamacho43@yahoo.com.mx  si quieren versión impresa o electrónica donativo voluntario .

martes, 15 de enero de 2013

Sura Al-Másad


Sura Al-Másad

Al-Másad (Las Fibras Retorcidas) 111. Traducción y tafsir de Abderrahmán Muhámmad Maanán

15/06/2000 - Autor: Tafsir de Muhámmad Asad y Abdurrahmán Muhámmad Maanan - Fuente: Verde Islam 14
  • 0me gusta o estoy de acuerdo
  • Compartir en meneame
  • Compartir en facebook
  • Descargar PDF
  • Imprimir
  • Envia a un amigo
  • Estadisticas de la publicación


Las fibras retorcidas
Tafsir de Muhámmad Asad
 
Esta sura, muy temprana —la quinta en el orden de revelación—, toma su nombre de su última palabra. Se refiere a la enconada enemistad que mostró siempre hacia el mensaje del Profeta su tío Abû Lahab: una enemistad arraigada en su arrogancia innata, en el orgullo por su gran riqueza, y en su antipatía por la idea, propugnada por Muhámmad, de que todos los seres humanos son iguales ante Dios y que serán juzgados por Él sólo conforme a sus méritos (Ibn Seid, citado por Tabari en su comentario al primer versículo de esta sura).
 
Según ha sido transmitido por varias autoridades fidedignas —Bujari y Muslim entre ellas— el Profeta se subió al altozano de As-Safa, en Mecca, y llamó a todos los que podían oírle de su tribu, los Quraish. Cuando se hubieron reunido, les preguntó: “¡Oh hijos de Abd al-Muttalib! ¡Oh hijos de Fihr! ¿Si os informara de que un enemigo está a punto de atacaros desde detrás de esa colina, me creeríais?” Respondieron: “Si, te creeríamos.” Entonces dijo: “¡Pues, he aquí, que os advierto de la llegada de la Última Hora!” Al oír esto, Abû Lahab exclamó: “¿Para esto nos has hecho venir? ¡Muérete!” Y poco después fue revelada esta sura.
 
En el Nombre de Dios, el Más Misericordioso, el Dispensador de Gracia
 
(1) ¡Perezcan las manos del de rostro encendido, (1) y perezca él!
(2) ¿De qué ha de servirle su riqueza, y cuanto ha adquirido?
(3) ¡(En la Otra Vida) tendrá que sufrir un fuego llameante,(2)
(4) junto con su esposa, esa acarreadora de infamias,(3)
(5) (que lleva) alrededor de su cuello una soga de fibras retorcidas!(4)


Notas
1. El verdadero nombre del tío del Profeta era Abû al-Ussa. Era conocido, sin embargo, por el apodo de Abû Lahab (lit., “el de la llama”) por su prestancia, que alcanzaba su expresión más notable en su rostro encendido (Bagawi, transmitido de Muqátil; en diversos lugares de los comentarios de Samajshari y Rasi al versículo anterior; Fath al-Bari VIII, 599). Dado que este apodo o kunia era ya usado para referirse a él antes de la llegada del Islam, no hay razón para suponer que tuviera sentido peyorativo. - El término ‘manos’ en esa cláusula es, según el uso árabe clásico, una metonimia por ‘poder’, y alude a la gran influencia de Abû Lahab.
2. La expresión nar dat lahab es un sutil juego de palabras con el significado del apodo de Abû Lahab.
3. Lit.,”acarreadora de leña”, una conocida expresión idiomática que indica alguien que subrepticiamente lleva infundios y calumnias de una persona a otra “para avivar las llamas del odio entre ellas” (Samajshari; véase también Ikrima, Muyahid y Qatada, citados por Tabari). El nombre de esta mujer era Arwá umm Yamil bint Harb ibn Umayya; era hermana de Abû Sufián y, por tanto, tía paterna de Muáawiya, el fundador de la dinastía Omeya. Su odio hacia Muhámmad y sus seguidores era tan intenso que a menudo, al amparo de la oscuridad, esparcía pinchos de espino delante de la casa del Profeta para lastimarle los pies; y hacía uso de su gran elocuencia para calumniar persistentemente al Profeta y a su mensaje.
4. El término masad significa cualquier cosa hecha de fibras retorcidas, sea del material que sea (Qamús, Mugni, Lisán al-Aarab). En sentido abstracto, que es evidentemente el que se emplea aquí, esta frase parece tener una doble connotación: alude al carácter retorcido y avieso de esa mujer, y también a la verdad espiritual de que “el destino de cada ser humano está atado a su cuello” (véase 17:13 y, en particular, la nota 17 correspondiente) -lo cual revela, junto con el versículo 2, el sentido general e intemporal de esta sura.
 
Tafsir y traducción de Abderrahmán Muhámmad Manan
 
Surat AL-Masad: Las Fibras, Revelada en Mecca, 5 versículos

Bísmil-lâhi r-rahmâni r-rahîm
Con el Nombre de Allah, el Rahmân, el Rahîm

(1) tábbat yadâ: abî láhabin wa tabb*

¡Sean destruidas las manos de Abû Láhab! Ha sido destruido.

(2) mâ: agnâ ánhu mâluhû wa mâ kásab*

No lo libran ni sus riquezas ni lo que ha ganado.

(3) sayaslà nâran dzâta láhabin

Arderá en un Fuego de llamas,

(4) wa mráatuh*

con su mujer,

hammâlatu l-hátabi

la acarreadora de leña:

(5) fî ÿîdihâ háblun min másad*

a su cuello lleva una cuerda de fibras.

Esta sura nos devuelve a la revelación del Corán en Meca, antes, por tanto, de la Emigración (la Hégira o Hiÿra) que sacaría a los musulmanes de la clandestinidad y les permitiría emanciparse en Medina. Durante ese difícil período, de necesaria introspección, el Corán se propone ante todo cimentar el Islam sobre las sólidas bases de una ‘Aqîda clara, de una concepción de la Unidad que fuera calando en los corazones y los vaciara de ídolos, orientándolos hacia Allah-Uno y preparándolos para la constitución de una comunidad cuando llegue el momento. Su primer y principal objetivo es despertar en los hombres el Îmân, la inclinación hacia lo Absoluto, la apertura hacia Allah, pero el Îmân también se define por su opuesto, el Kufr, la cerrazón, que se traduce de hecho en aversión hacia el Islam. Prevenir contra esto último y condenarlo será el tema de la sura, que en lugar de ofrecer un enunciado teórico propone una imagen práctica. El Kufr tiene nombres y apellidos.
 
Abû Láhab ("el Padre de la Llamarada") era el apodo de Abd al-Uçça ibn Abd al-Muttalib, tío paterno de Muhámmad (saw), próspero comerciante de Meca que encabezaba con saña la oposición a su sobrino. Su apodo lo debía a lo sonrojado de su rostro. Su mujer era conocida como Umm Ÿamîl, aunque su verdadero nombre era Árwa bint Harb ibn Umayya, hermana de otro de los líderes de Meca, Abû Sufiân. Era, junto a su marido, una de las más acérrimas enemigas del Islam. Esta pareja va ser tomada por el Corán como modelo del Kufr más agresivo.
 
Abû Láhab y Umm Ÿamîl, a pesar del parentesco que los unía a Muhámmad (saw), fueron encarnizados en su intento por desprestigiar y dañar a Rasûlullâh (saw). En su Sîra, o Biografía del Profeta, Ibn Ishâq transmite el siguiente relato en el que queda ejemplificado el modo de actuar de Abû Láhab. Rabîa ibn Abbâd ad-Dáili contó que cuando era joven acompañó a su padre a una reunión concertada por Rasûlullâh (saw) con representantes de diversas tribus entre las que buscaba difundir el Islam y protección para los musulmanes. Detrás de él iba un hombre bizco, de rostro claro y cabellera larga. Rasûlullâh (saw) decía: “¡Gentes! Yo soy el Mensajero de Allah entre vosotros, y os enseño que no reconozcáis como Señor más que a Allah, y no le asociéis nada. Confirmadme y salvaguardadme, hasta que cumpla aquello para lo que he sido enviado”. Cuando acabó sus palabras y se retiró, el que venía detrás dijo: “¡Gentes! Éste quiere despojaros de vuestros dioses al-Lât y al-Uçça y separaros de vuestros aliados entre los genios. Os trae una novedad que es error y perdición. No le escuchéis ni le sigáis”. El narrador del relato preguntó a su padre quién era ese segundo hombre, y le respondió: “Es su tío Abû Láhab”.
 
Por su parte, en su Sahîh, al-Bujâri recoge el siguiente hadiz transmitido por Ibn ‘Abbâs y en el que se descubre que Abû Láhab adoptó esa postura contra el Islam desde el primer momento: “Cuando le fue dada la orden de comunicar el Islam, el Nabí (s.a.a.s.) salió a la explanada de Meca y, subiéndose sobre el montículo, exclamó: ‘¡Ay de esta mañana!’, y la tribu de los Quráish se congregó a su alrededor. Les dijo: ‘¿Me creeríais si os comunicara que un ejército enemigo está al acecho y que llegará aquí esta mañana o luego por la tarde?’, y le respondieron: ‘Sí, pues sabemos que eres digno de crédito’. Entonces, Muhámmad (saw) les dijo: ‘Pues bien, soy el anunciador de un castigo terrible’. Entonces Abû Láhab le interrumpió y dijo: ‘¿Para esto nos has reunido? ¡Seas destruido!’. Y fue entonces cuando Allah reveló la sûra tábbat yadâ: abî láhabin wa tabb...”.
 
Cuando el clan de los Banû Hâshim —al que pertenecían Muhámmad (saw) y Abû Láhab— decidió, a pesar de no aceptar el Islam, defender al Profeta frente a la agresión de los demás clanes, para mantener la ancestral costumbre que obligaba a cada grupo a proteger a sus miembros en cualquier circunstancia, Abû Láhab se opuso a ello. No dudó en aliarse con los demás quraishíes contra su sobrino, y estuvo en la reunión en la que las familias poderosas de Meca condenaron a los Banû Hâshim a la incomunicación en sus barrios para forzarles por el hambre a entregar a Muhámmad (saw) y a los musulmanes. Fue la intervención de otros notables de la ciudad la que impidió que la incomunicación alcanzara niveles desastrosos.
 
Umm Ÿamîl no le iba en la zaga en el propósito de destruir el Islam. El Corán deja adivinar que era una instigadora que soliviantaba a las gentes contra Rasûlullâh (saw). Según un relato, incluso agredía físicamente al Profeta. En cierta ocasión arrojó espinos a sus pies cuando caminaba descalzo. De ahí que el Corán la describa como “acarreadora de leña”, que puede ser entendido como una referencia literal a dicha anécdota o bien en sentido metafórico como “alimentadora” del odio que había en Meca contra Muhámmad (saw). En cualquier caso, se nos dice en la Tradición que aprovechaba la proximidad de su casa a la del Profeta (saw) para molestarle. También se cuenta que, antes del Islam, Abû Láhab y Umm Ÿamîl casaron a dos de sus hijos con Ruqaya y Umm Kulzûm, hijas de Muhámmad (saw), pero cuando el Profeta comenzó a comunicar el Islam, les obligaron a repudiarlas.
 
La sura retoma la imprecación que Abû Láhab lanzó contra Muhámmad (saw) convirtiéndola en una maldición que ahora recae sobre él: tábbat yadâ: abî láhabin wa tabb, ¡sean destruidas las manos de Abû Láhab! Ha sido destruido... Cuando Rasûlullâh (saw) empezó a comunicar públicamente el Islam, Abû Láhab le dijo: tábban lak, ¡seas destruido!, y ahora Allah se hace cargo de responder por su Mensajero, y vuelve la maldición contra Abû Láhab: ‘¡sea él destruido!’. Al ser una invocación de Allah, el Corán apostilla confirmando su cumplimiento: “y ya ha sido destruido”.
 
El verbo tábba-yatubb significa “ser destruido, hacer perecer, cortar”. En la expresión coránica tábbat yadâ: abî láhabin, “¡sean destruidas —o cortadas, o mueran— las manos de Abû Láhab!...” se citan sus manos como objetos maldecidos. La mano (yad) es con lo que se manipula las cosas, es la materialización de la energía de una persona. ‘¡Sea, por tanto, reducida a la nada la fuerza de Abû Láhab!’, y, al instante, su poder se ha desvanecido: wa tabb, “¡ha sido destruido!”. Con la intervención de la Única Verdad, toda la aparente consistencia de Abû Láhab queda disuelta como por encantamiento. Su furia, su odio,... se disipan. Lo imponente de su agresividad, su prestigio en Meca, la influencia que ejercía con su riqueza, todo pierde importancia ante la severidad de esta maldición inmediatamente ejecutada. Una vez maldito por Allah, el poder del kâfir se desvanece ante el mûmin: ya no es nadie, ya no puede atemorizarlo.
 
A continuación, el Corán explica: mâ: agnâ ánhu mâluhû wa mâ kásab, “no lo libran ni sus riquezas ni lo que ha ganado”. Este versículo reúne varias significaciones. La más inmediata es que ni su riqueza (mâl, riqueza, bienes materiales) ni su prosperidad, es decir, lo que ha ganado (kásaba-yáksib, ganar, adquirir) con sus negocios invirtiendo su fortuna, nada de ello lo libran ante la maldición que ha sido proferida contra él. Pero el verbo agnà-yugnî tiene más connotaciones. Efectivamente, significa ‘evitar’: sus riquezas y ganancias no le evitan la maldición. Pero el verbo significa en realidad “enriquecer’, es decir, ‘sus riquezas y sus ganancias no lo han enriquecido’... en definitiva, no lo han hecho autosuficiente frente a Allah. Ganí, Rico, es uno de los Nombres de Allah, y significa que Él es Suficiente para Sí mismo, mientras que todo lo que no es Él está supeditado a su Querer y está necesitado —para existir en cada momento— de su Voluntad Creadora. Todo lo que no es Allah es faqîr, pobre, insuficiente en sí, necesitado de Allah.
 
El problema del kâfir es que, cegado por sus posesiones, cree estar al margen de Allah, cree, en definitiva, ser una realidad independiente. Pero en su raíz todo está sujeto ineludiblemente a Allah. Es esa autoafirmación al margen de Allah lo que cierra al kâfir en su propio círculo y lo aísla en su mundo quimérico, y es a la vez la razón de su rechazo y lo que configura su terrible destino. Cree ser rico cuando es pobre, cree ser autónomo cuando en realidad ignora su propia fuente en la que está su Señor, la Verdad que lo gobierna, y la creencia en su riqueza y su autosuficiencia lo condenan a la nada de su realidad y a la frustración de sus esperanzas.
 
Sus riquezas, que son todo lo que Allah le ha ofrecido —desde el ser y la existencia hasta las facultades y el cuerpo con los que cuenta— y sus acciones —lo que gana haciendo uso de lo que Allah le ha dado— lo han confundido, le han hecho elaborarse una identidad falsa y separada de lo esencial, y ya no reconoce a Allah en Su Presencia Inmediata. Es decir, lo que Allah ha depositado en él se ha convertido en una maldición para el kâfir, porque la inclinación hacia las banales pretensiones del ego lo hunde en la nada de lo ilusorio, en lo ‘ajeno’ a su misma verdad configuradora, y el kâfir se desvanece.
 
Por ello, el Corán enuncia a continuación: sayaslà nâran dzâta láhab, “arderá en un Fuego de llamas”. Definitivamente, porque es incapaz de salir de su pozo, Abû Láhab (el “Padre de la Llamarada”, es decir, la ira, el odio) arderá (saliya-yaslà, arder, abrasarse) en un fuego (nâr) poseedor de llamas (láhab). “Poseedor de llamas” quiere decir “agitado, inquieto, revuelto”, tal cual es la naturaleza de Abû Láhab, el padre de su propio fuego.
 
El versículo anterior le anunciaba la ruina y la frustración en este mundo (Duniâ), y el versículo actual le anuncia la ruina y el dolor junto a Allah tras la muerte (al-Âjira), siendo ambas experiencias las dos caras de la moneda de su ser, una la de lo efímero y pasajero, y la otra, la de lo eterno.
 
Lo anterior es aplicable a su mujer (imraa). Como en el caso de Abû Láhab —cuyo nombre (el “Padre de la Llamarada”) era indicio de su mundo interior agitado por el fuego de la ira en la que acaba consumiéndose—, Umm Ÿamîl es descrita como “acarreadora de leña” por su actividad misma como instigadora, que anuncia su destino: es la que alimenta el fuego de una ira que se revuelve en ella: Abû Láhab arde en su fuego... wa mráatuh* hammâlatu l-hátab, “y también su mujer, la acarreadora de leña”. La imagen es suficientemente explícita.
 
La acarreadora (hammâla) de leña (hátab) va asfixiada por la carga que soporta: fî ÿîdihâ háblun min másad, “a su cuello lleva una cuerda de fibras”. Se trata de la cuerda (habl), formada con trenzas de fibras de palma (másad), con la que las beduinas sujetan a sus espaldas la madera y los espinos, pasando la cuerda por el cuello (ÿîd). Aquello con lo que Umm Ÿamîl quiere hacer daño pesa sobre ella, la fatiga y la oprime, ahogándola. Su rabia, su rencor... son una cuerda de fibras que ha ido trenzando en torno a su propio cuello con cada estratagema que urdía. Ese esfuerzo tiene su correlato en el mundo de Allah, en al-Âjira, y es la eternización de su acto y su intención: su acción exterior es reflejo de su universo interior y signo de su destino.
 
Umm Ÿamîl entendió de esta sura que se trataba de una simple sátira con la que Muhámmad (saw) quería ridiculizarla. El Corán la retrata como si fuera una pobre acarreadora de leña vencida bajo el peso de su carga. Ibn Ishâq, uno de los biógrafos de Muhámmad (saw) dice: “Me han contado que Umm Ÿamîl, la acarreadora de leña, cuando oyó lo que fue revelado concerniente a ella y a su marido fue a buscar al Profeta (saw) junto a la Kaba. Él estaba ahí sentado junto a su compañero Abû Bakr. Umm Ÿamîl llevaba en la mano una piedra, pero cuando se detuvo ante ellos, Allah le impidió ver a Muhámmad (saw), y solo veía a Abû Bakr. Le preguntó: ‘Abû Bakr, ¿dónde está tu compañero? Me han dicho que se burla de mí. Juro que si lo viera le golpearía la boca con esta piedra. Yo también sé componer versos: Es vil aquél al que no aceptamos / y su enseñanza rechazamos.’ Y se marchó. Entonces, Abû Bakr preguntó a Muhámmad (saw), que estaba a su lado: ‘¿Cómo es posible que no te haya visto?’. Y Rasûlullâh (saw) le respondió: ‘Allah ha apartado su mirada de mí’.”
 
Existe otra versión, la de Ibn Abbâs, que cuenta así el suceso: “Cuando fue revelada la sûra de tábbat yadâ: abî láhabin wa tabb, Umm Ÿamîl fue a la Mezquita en busca del Nabí (saw). Él estaba ahí con Abû Bakr, que le dijo cuando vio que se acercaba Umm Ÿamîl: ‘Si te pones detrás de mí no te verá ni podrá dañarte’, pero Rasûlullâh (saw) le contestó: ‘Allah se interpondrá entre ella y yo’. Cuando Umm Ÿamîl llegó a donde estaban, dijo a Abû Bakr: ‘Tu compañero me ha ridiculizado con sus versos’, y Abû Bakr le dijo: ‘No, y te lo juro por el Dueño de este Edificio, él no dice versos’, y entonces ella se fue. Abû Bakr preguntó entonces a Muhámmad (saw): ‘¿No te ha visto?’, y él le respondió: ‘Allah me ha estado tapando hasta que ella se ha dado la vuelta’.”
 
Sûrat al-Másad, el Capítulo de las Fibras Trenzadas, es un texto duro, de ecos y resonancias terribles. Incluso su ritmo es violento, propio de una maldición aprovechada para explicar a lo largo de ella, bajo el efecto de la intensidad de su lenguaje crudo, verdades viscerales. No podría ser menos al tratar de un personaje que se llama el Padre del Fuego, es decir, de la ira, de la furia del rencor,... y de otro que es la Acarreadora de Leña. Hay en esta sura un torbellino llameante, destructor, que describe la agitación de corazones turbios en los que se remueven sentimientos dañinos, que se desencadenan devorando a sus propios protagonistas.
 
Vocabulario

tábba-yatubb, ser destruido, perecer, cortar, amputar
yad, mano
láhab, llama, llamarada
agnà-yugnî, enriquecer, evitar (un mal a alguien), salvar
Ganí, Rico, Autosuficiente; es uno de los Nombres de Allah
faqîr, pobre, necesitado
mâl, riqueza, bienes materiales
kásaba-yáksib, ganar, adquirir
salia-yaslà, arder
nâr, fuego
imraa, mujer
hammâl, acarreador
hátab, leña
ÿîd, cuello
habl, cuerda
másad, fibras de palma trenzadas
duniâ, el mundo material
al-Âjira, el mundo de Allah experimentado con la muerte
 
APÉNDICE IV

Tafsir de Muhámmad Asad


Al-Muqattaat: las letras misteriosas del Qur’an

Casi una cuarta parte de las suras del Qurán vienen precedidas de letras misteriosas denominadas muqattaat (“letras inconexas”) o, algunas veces, fawatih (“aperturas”) porque aparecen al principio de esas suras. De las veintiocho letras del alfabeto árabe, exactamente la mitad aparecen en esta posición, bien solas o en diferentes combinaciones de dos, tres, cuatro o cinco letras. Se pronuncian siempre aisladamente, por sus nombres y no como simples sonidos, así: alif lam mim, o ha mim, etc.
La significación de estas letras ha dejado perplejos a los comentaristas desde los primeros tiempos. No existe indicación alguna de que el Profeta se refiriera a ellas en ninguno de los dichos que han sido transmitidos, ni de que ninguno de sus Compañeros le preguntase acerca de ellas. No obstante, es un hecho incuestionable que todos los Compañeros —siguiendo obviamente el ejemplo del Profeta— consideraban a las muqattaat como parte integral de las suras a las que dan comienzo, y así las recitaban: un hecho que refuta inapelablemente la sugerencia propuesta por algunos orientalistas occidentales de que estas letras pudieran ser simplemente las iniciales de los escribanos que escribieron las revelaciones parciales al dictado del Profeta, o de los Compañeros que las recogieron en el tiempo de la codificación final del Qurán durante el gobierno de los tres primeros califas.
 
Algunos de los Compañeros y también algunos de sus sucesores inmediatos y comentaristas posteriores del Qurán estaban convencidos de que estas letras son abreviaturas de ciertas palabras, o bien frases, relativas a Dios y a Sus atributos, e intentaron ‘reconstruirlas’ con gran ingenio: pero dado que las combinaciones posibles son prácticamente ilimitadas, todas esas interpretaciones resultan excesivamente arbitrarias y carecen, por tanto, de utilidad real. Otros han intentado vincular a las muqattaat con los valores numerológicos de las letras del alfabeto árabe, y han ‘extraído’ de ese modo toda clase de profecías e indicaciones esotéricas.
 
A lo largo de los siglos, sin embargo, algunos de los más destacados eruditos islámicos han propuesto otra interpretación, quizás más verosímil, basada en dos series de datos:
 
Primero, todas las palabras del idioma árabe están formadas, sin excepción, por una letra o una combinación de dos, tres, cuatro o cinco letras, y nunca más de cinco: y, como ya hemos mencionado, estas son las combinaciones en las que aparecen las muqattaat.
 
Segundo, todas las suras que vienen precedidas por estas letras comienzan, directa o indirectamente, con una referencia a la revelación, bien sea en sentido general o en su manifestación específica, el Qur’án. A primera vista podría parecer que tres de esas suras (29, 30 y 68) son excepciones a esa regla; pero tal suposición es engañosa. En el versículo inicial de la sura 29 (Al-Aankabut), existe una referencia a la revelación claramente implícita en las palabras: “Hemos llegado a creer” (amanna), e.d., en Dios y en Sus mensajes. En la sura 30 (Ar-Rum), la revelación divina está claramente enfatizada en la predicción de la victoria bizantina en los versículos 2-4. En el primer versículo de la sura 68 (Al-Qalam) se alude obviamente al fenómeno de la revelación con la mención evocativa de “la pluma” (véase la nota 2 al primer versículo de esa sura). Así pues, no hay ‘excepciones’ en las suras precedidas de una o más de las muqattaat: todas ellas comienzan haciendo referencia a la revelación divina.

No hay comentarios:

Publicar un comentario