"En Siria estamos viendo cómo la guerra se extiende a los países vecinos"
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Ahmed Rashid: 'El poder de la calle en Pakistán está en manos de extremistas'
Es uno de los expertos en Afganistán y Pakistán más reconocidos.Ahmed Rashid, periodista y escritor nacido en Rawalpindi, lleva años analizando la convulsa realidad de Asia Central. En 2000 publico 'Los Talibán', que se convirtió en todo un éxito de ventas mundial. Ahora llega a España su último trabajo: 'Pakistán en el abismo, el futuro de EEUU, Pakistán y Afganistán' (Península), en el que no se muestra muy optimista.
PREGUNTA.- Este es su tercer libro sobre los acontecimientos en
la región tras el 11S. ¿Cuál es en este momento la clave para asegurar
la estabilidad?
Afganistán. Lo importante es la transición política. Siempre hablamos de
la transición militar, de la salida de las tropas, pero el asunto
realmente importante ahora es si veremos o no unas elecciones pacíficas,
relativamente libres y que tengan cierta legitimidad. Si no, el
resultado podría ser una guerra civil. Necesitamos la presión occidental
dentro de Afganistán para estar seguros de la honestidad del proceso
electoral. Abandonar el país es un error enorme. Dependeremos del
ejército afgano no sólo para que luche contra los talibán sino para que
controle las elecciones, que mantenga la paz y se asegure de que se
celebran unos comicios libres, creo que es demasiado para un ejército en
el que el analfabetismo alcanza el 80% y en el que la tasa de
deserciones el del 20%.
P.- ¿Occidente ha tirado la toalla?
R.- Obviamente hay un enorme cansancio en Occidente respecto a
Afganistán. El fracaso de las políticas económicas, contra la corrupción
o el narcotráfico, áreas en las que no hemos visto ninguna mejora en
los últimos años generan una frustración comprensible. La salida de las
tropas debería depender de la estabilización del país, pero como he
dicho, se va a producir justo al mismo tiempo que las elecciones.
P.- ¿Qué espera después de las elecciones?
R.- Es muy difícil de predecir. Dependerá de si hay un presidente
aceptado por la mayoría y de si será capaz de reestablecer el diálogo
con los talibán que lleve al establecimiento de un alto el fuego.
Después podremos discutir el asunto del reparto de poder entre el
gobierno y los talibán, pero esto también tiene que ser aceptable para
los países vecinos.
P.- ¿Es posible retomar las conversaciones de paz con los talibán?
R.- Sería muy positivo para acabar con la guerra y sí,
sería posible si de las elecciones sale un gobierno legítimo. Los
talibán no aceptan a Hamid Karzai porque le consideran una marioneta de
los estadounidenses pero dado que ellos se están marchando, el próximo
presidente no debería ser considerado como tal. Luego está el asunto de
que EEUU pretende dejar tropas en el terreno durante los próximos cinco
años, aunque Obama ha estado retrasando informar sobre la cifra exacta,
lo que por otro lado ha generado mucha frustración en el seno de la OTAN
que también tiene que hacer sus preparativos para los efectivos que
dejará allí para entrenar a las tropas afganas. La cuestión es si ese
número de tropas será aceptado por los talibán. Yo creo que no. Y aquí
está el dilema. Necesitamos efectivos extranjeros para ayudar en el
proceso, pero éstos podrían ser a su vez una influencia para frenar el
proceso porque los talibán pueden exigir que se marchen.
P.- ¿Cómo valora el papel de Qatar en el proceso de paz?
R.- El proceso de Qatar sigue adelante. Hay talibán
viviendo allí y las oficinas no se han cerrado. Aunque ellos han tomado
la decisión de no negociar con nadie por ahora, pero estadounidenses,
pakistaníes, afganos y cataríes están todos intentado reestablecer el
diálogo... pero creo que es complicado que esto suceda antes de las
elecciones. Espero que lo veamos después, con el nuevo presidente.
P.- En su libro habla del papel también decisivo de India, Rusia
y Arabia Saudí para el proceso de paz en Afganistán ¿cómo está afectado
la crisis Siria en este escenario?
R.- Desgraciadamente creo que Siria está chupando la
energía del mundo entero, y la energía diplomática en particular. Ya son
muchos meses, la crisis en Oriente Próximo se está poniendo muy seria,
no es sólo Siria, es también Irak, Libia, Egipto… El fracaso de Obama al
no tener una política regional consistente respecto a la Primavera
Árabe ha sido uno de los factores. Los afganos están muy nerviosos
porque piensan que Siria es una especie de aspiradora que va a acabar
con toda la energía diplomática. Afganistán debería ser la primera en la
lista de tareas, y está dejando de serlo.
P.- ¿Por qué es tan importante?
R.- La estabilidad en Afganistán y Pakistán es clave.
Todavía hay elementos de Al Qaeda allí, si no tenemos un buen gobierno
veremos de nuevo el revivir del extremismo. En Siria estamos viendo cómo
la guerra se extiende a los países vecinos como Líbano, Jordania o
Irak, los refugiados se multiplican y las milicias crecen. Lo mismo
puede pasar con Afganistán y Pakistán, donde hay extremistas como de 15
países. Si no hacemos nada veremos cómo acaban expandiéndose por India,
el Golfo. Es decir, si no es la primera prioridad, la paz en estos
países desde luego debería ser la segunda y no dejarse para los últimos
puestos de la lista.
P.- En su libro describe los problemas entorno a la identidad en
Pakistán. El sueño de su fundador, Muhammad Ali Jinnah, de crear un
estado democrático parece más inalcanzable que nunca. ¿Lo será algún
día?
R.- Siempre ha habido una tensión constante entre el
ejército y el poder civil, y hasta ahora los primeros han ganado porque
ellos controlan la política exterior, la nuclear, la dirección del país
lo que en definitiva es la identidad del país. ¿Debemos definirnos a
nosotros mismos como enemigos de India?, ¿debemos definirnos diciendo
que todos los países vecinos son nuestros amigos? Espero que el diálogo
entre el Gobierno civil y los militares que está teniendo lugar ahora
conduzca a una política más coherente. Por ejemplo, no tenemos una
estrategia de lucha contra el terrorismo de ningún tipo mientras que hay
tres guerras internas: en Baluchistán, en las áreas tribales y en
Karachi. Los militares dicen una cosa, el Gobierno civil dice otra.
Necesitamos una estrategia conjunta porque sino no dejaremso de ser un
barco que se hunde.
P.- ¿Cómo valora las últimas elecciones en Pakistán?
R.- Lo primero es que ha sido muy importante la
continuidad del Gobierno civil, es la primera vez en nuestra historia
que un Gobierno acaba su mandato y hoy en día hay diálogo con el
ejército acerca de economía, antiterrorismo, India... Vamos a ver qué
resultados trae. Espero que haya una posición común acerca de estos
grandes asuntos.
P.- ¿Qué papel juega la sociedad civil?
R.- Creo que ha dejado muy claro qué quiere: buenas
condiciones de vida, buenas relaciones con los vecinos, un cambio en la
política exterior, lucha contra el terrorismo. Pero el problema es que
está muy dividida y es débil. Por ejemplo, hemos visto un gran
movimiento contra las violaciones en India, que en Pakistán no podría
organizarse. El otro problema es que el control real de la sociedad y de
las calles lo tienen los extremistas, las madrasas, las escuelas
religiosas. Ellos pueden paralizar una ciudad en tres horas si quieren.
La clase media no tiene esta clase de poder. Además, no hay ningún
partido en Pakistán que represente a la clase media y sus valores.
P.- ¿Ni siquiera el partido de Imran Khan?
R.- Su partido en este momento es bastante confuso. No
tienen una posición clara respecto al extremismo. No puedes representar a
la clase media y ser simpatizante del extremismo. Khan no ha condenado
los recientes ataques cometidas por los talibán, ha echado la culpa a
los estadounidenses por llevar la guerra. Eso es ridículo. Nosotros
hemos creado nuestros propios problemas. Mirémonos a nosotros mismos
antes de echar la culpa a los demás.
P.- En su libro describe los problemas de las relaciones entre
EEUU y Pakistán en especial tras la operación de captura de Osama Bin
Laden. ¿Cuál es ahora la situación?
R.- Es una relación de necesidad, no es muy cercana.
Esencialmente EEUU necesita que Pakistán mantenga abierta la carretera
de Karachi, que ya cerró durante un año, porque por ella deberían salir
los vehículos y contenedores para la retirada de sus tropas de
Afganistán.
P.- ¿Cómo afectan en la región los ataques estadounidenses con
aviones no tripulados -drones– como parte de su lucha contra el
terrorismo?
R.- Ha generado un enorme sentimiento
antiestadounidense en la gente y empujándoles a acercarse a los
extremistas, y no es sólo que les caigan mal los americanos, es que
genera en el pueblo un sentimiento de rechazo hacia lo que tenga que ver
con Occidente y sus valores, hacia la democracia, los derechos de las
mujeres, la educación laica, etc. Los drones son un factor muy
importante que está dividiendo la sociedad.
P.- Malala se ha convertido en todo un símbolo en Occidente pero ¿cómo se ha visto en Pakistán?
R.- El fenómeno de Malala ha sido mucho más señalado
por la comunidad internacional que por nuestra gente en casa. Su caso
podría haber impulsado la educación, si hubiera sido bien utilizado por
el Gobierno, los medios… pero por desgracia todavía es vista con
suspicacia por mucha gente que considera que ha sido algo creado por
EEUU.
el mundo, es
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