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jueves, 25 de junio de 2026

Enajenacion de la Matrix futbolera de morenarcos judaicos

 De vez en cuando, César Rosales se lleva el anverso de la mano a la frente para evitar que las perlas de sudor resbalen por su rostro, pero no detiene el ritmo de su hipnótica tarea. Viste la camiseta verde de la selección, aunque admite que es sólo de dientes para afuera. Mientras machaca kilos de apio en un cubo de madera –porque aquí se usa aún la técnica artesanal–, suelta una carcajada: “Vamos a perder, pronto quedaremos fuera”. No tiene fe en el representativo mexicano. Sin embargo, acepta que recibir por tercera vez el Mundial en el país ha sido una experiencia emocionante. “Ha venido mucha más gente, hartos extranjeros, y el ambiente se pone a todo dar. El futbol es contagioso, nos une”, afirma mientras el aroma fresco del apio se mezcla con el olor a maguey fermentado que impregna La Paloma Azul, la pulquería más antigua de la colonia Portales Sur, con sus más de 80 años. La noche de este 24 de junio cae sobre la urbe. Faltan unos minutos para el pitazo inicial del México-Chequia en el estadio Azteca, y el lugar ya es un hervidero, sin alcanzar a llenarse en primera instancia. Los bancos crujen bajo el peso de los cuerpos ansiosos. En las paredes, azulejos azules y un mural gigante –pintado por Bernardo Rodríguez Sánchez (Berosa) en 2011– cuentan la historia del pulque: desde el mito prehispánico de Mayahuel hasta la nación moderna que somos hoy día, pasando por las haciendas que aún surten este néctar a la ciudad, como la que posee este negocio en Tlaxcala. Esa pintura es un testimonio de resistencia, como lo es la propia cultura del pulque, que sobrevivió a la llegada de la cerveza, así como a la desinformación y los prejuicios de clase. Una resistencia que ahora, materializada en expendios de pulque como éste y otra amplia variedad de negocios en la Ciudad de México –loncherías, torterías, mercados públicos, bares y cantinas– se ha convertido en tribunas para esas decenas de miles – por no hablar de millones– de aficionados nacionales y extranjeros que buscan seguir en directo los juegos del equipo tricolor, ante la imposibilidad de asistir a los estadios, por los precios exorbitantes de los boletos. Actos patrióticos “Esta es de las pocas pulquerías tradicionales que nos quedan en esta ciudad”, dice Bernardo, el muralista, que acudió a ver el juego a este “expendio de pulques finos” como un acto de patriotismo. “Ver aquí a la selección es un orgullo, por lo que significan estos lugares para nuestra cultura. Ojalá que esta noche, contra Chequia, demuestren que tenemos nivel”. Su voz se pierde entre la música de la rockola, que suelta una rola de Los Bukis mientras estalla el grito de “¡México, México!” con la fuerza de quienes creen ciegamente. Omar Celaya, “todólogo” del local, como él se define, limpia mesas y sirve curados con la misma destreza. “El Mundial nos hace olvidar los problemas de todos los días”, asegura. Está convencido de que los dirigidos por Javier Aguirre llegarán a cuartos de final. Otro de los dependientes, Edwin, el Rocko, con un sombrero de charro, asiente: “La plantilla es mejor que en otros mundiales. Hay que tener confianza”. Más allá, Néstor Arellano lleva un curado de piña. “Sí nos veo en la final, lo digo con mucha fe”, confiesa con su mano sobre el corazón. De pronto, el bullicio crece. Las dos pantallas gigantes muestran al representativo mexicano en el Azteca. Los vasos de neutle o caldo de oso se alzan como ofrendas. El ambiente se electrifica. Aquí no hay distingos de clase ni de origen: oficinistas comparten mesa con obreros, turistas con playeras de Brasil se mezclan con los del Cruz Azul. Todos hermanados por la misma angustia y la misma esperanza. Suena el Himno Nacional en el Coloso de Santa Úrsula y dentro de La Paloma Azul la piel se torna en pellejo de pollo mientras que, de pie, los parroquianos entonan a todo pulmón “Mexicanos al grito de guerra…” Aquí, como reflexiona Juan, un simpático soldador, lo mejor es tener oportunidad de compartir el momento con los otros, pero sobre todo “estar juntos y apoyar a la selección” . Si alguna experiencia colectiva ha dejado en muchos esta Copa del Mundo es que “si nosotros no vamos al estadio, el estadio viene a nosotros”, como agrega Juan. “Lo importante es disfrutar (esta histórica experiencia) como sea

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