Después de permanecer durante casi 200 años fuera de México, el Códice Azcatitlan podrá ser apreciado en el Museo Nacional de Antropología (MNA). El documento, colocado como libro abierto en una vitrina y en semioscuridad, se exhibirá en ese recinto hasta diciembre. Aunque el manuscrito fue elaborado en el valle de México, pertenece al acervo de la Biblioteca Nacional de Francia (BNF). Su llegada al país es resultado de una “colaboración inédita” y “un acto de confianza”, que incluye el traslado del Códice Boturini a París, el cual podrá ser visto en unos días en la BNF. La muestra El Códice Azcatitlan: México-Francia, 200 años de amistad fue inaugurada ayer en el recinto de Reforma, y forma parte de la Gran Fiesta Franco-Mexicana, que conmemora el bicentenario de las relaciones diplomáticas entre ambas naciones. Claudia Curiel de Icaza, titular de la Secretaría de Cultura federal, quien encabezó el acto protocolario, expresó que el acuerdo binacional temporal y recíproco fue acordado por la presidenta Claudia Sheinbaum y su homólogo francés, Emmanuel Macron, en noviembre de 2025. Puntualizó: “dos relatos de la peregrinación mexica cruzan el Atlántico en sentidos opuestos: el Códice Azcatitlan llega al MNA y el Códice Boturini viaja a París. Esta historia parte de la iniciativa de la comunidad hñähñu de Ixmiquilpan, Hidalgo, que impulsó la petición para que el Códice Azcatitlan volviera a México, iniciativa que pone en el centro el vínculo de los pueblos originarios con su memoria y su patrimonio”. Describió: “los dos códices cuentan la misma travesía, pero con lenguajes distintos: el Boturini es una larga tira de papel amate, con trazos sin color; por su parte, el Azcatitlan, en papel europeo, tiene ilustraciones a color que siguen la historia hasta la Conquista y los primeros tiempos del periodo colonial. Una misma historia contada dos veces y ahora leída en dos países”. En su turno, Roberto Velasco Álvarez, secretario de Relaciones Exteriores, destacó: “hoy, la diplomacia cumple una de sus tareas más nobles: reunir a un pueblo con su memoria. A partir de esta tarde, México podrá contemplar el Códice Azcatitlan, manuscrito que narra sus orígenes y que regresa temporalmente a la tierra cuya historia cuenta”. Esta exposición en el MNA, el cual también celebra 62 años, “es un acto de confianza entre dos naciones, y queremos convertir esa confianza en agenda, en investigación conjunta, en digitalización, en acceso abierto, en intercambio de conservadores e información de especialistas”, dijo Velasco Álvarez, quien subrayó que “la lección de esta tarde es que la diplomacia cultural no es adorno de la política exterior: es, con frecuencia, su lenguaje más eficaz”. Jean-Charles Bédague, director de las colecciones de la BNF, explicó que dicho recinto conserva un conjunto excepcional de manuscritos mexicanos, en torno a los cuales trabajan investigadores de ambos países. “Su estudio requiere el entrecruzamiento de disciplinas, lenguas y tradiciones científicas”, agregó. Hoy, enfatizó, “la era digital ha dado a este diálogo una nueva dimensión; casi un millar de documentos provenientes de las colecciones de la BNF relativos a la historia y las culturas de México están accesibles en Memórica, plataforma digital del gobierno mexicano”. A su vez, la embajadora de nuestro país en Francia, Blanca Jiménez Cisneros, destacó el traslado de los códices y la alianza entre ambos países. “Es muy importante la recuperación de bienes, y en eso estamos trabajando”. Se refirió a la discusión que tuvieron legisladores en Francia con el fin de “tener una nueva ley para el retorno de patrimonio, y México no existía en su visión, pero se logró que se discutiera sobre el caso mexicano; va a tardar en que cristalice en algo más, pero es importante que se conozca que se trabaja en el tema”. En la inauguración también estuvieron Omar Vázquez Herrera, director general del INAH; Antonio Saborit, titular del MNA; Baltazar Brito Guadarrama, director de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia, quien también fue responsable de la curaduría de la muestra, y la embajadora de Francia en México, Delphine Borione, entre otros invitados. Brito Guadarrama afirmó que el Códice Azcatitlan, que narra el devenir de la civilización mexica y salió de México en 1840, data del siglo XVI y principios del XVII. Contó que hace tres años se hallaron dos códices en una hacienda, cuyos dueños tenían unos documentos; en el primer volumen había unos manuscritos, y uno de ellos podría haber sido elaborado por el tlacuilo que hizo el Códice Mendoza, aunque faltan más estudios. La muestra, que incluye proyecciones, se complementa con 25 piezas que permiten comprender la manufactura y permanencia de estos documentos en el tiempo, las cuales se exhiben en seis ejes temáticos: Códices originarios: Tradición prehispánica; Pervivencia cultural: Los códices virreinales; Del origen al acervo; Códice Azcatitlan; Mitos fundacionales y las migraciones míticas, y Descubrimientos y perspectivas actuales. Asimismo, se incluyen facsimilares de nueve manuscritos prehispánicos y novohispanos, entre ellos el Bodley, el Boturini, el De la CruzBadiano y el Mendocino. Además se incluyen piezas arqueológicas de la colección del MNA, pertenecientes a diversas culturas, como una vasija tipo códice y puntas de proyectil del periodo Posclásico Tardío, de filiación mexica; un pectoral antropomorfo de la tradición mezcala, y objetos etnográficos, entre ellos jícaras con colorantes naturales y un textil de la cultura hñahñu (otomí).
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