El Sionismo actual
El Sionismo no es lo que solía ser. Y por eso todos nosotros tenemos un gran motivo para estar agradecidos. Imaginen si más de cien años después de la fundación del movimiento estuviéramos aún enfrentando la tragedia de la falta de hogar e impotencia judía, de la falta de un idioma común con el cual hablar unos con otros, de la falta de una experiencia colectiva con la cual crear una cultura contemporánea, de la falta de representación en la familia de las naciones, de la falta de una sociedad soberana a través de la cual expresar el espíritu de nuestras tradiciones, y de la dependencia de la buena voluntad de otros para nuestro bienestar.
El primer siglo de la empresa sionista ha sido un éxito increíble en cualquier nivel, y los logros de Israel y su contribución para el mejoramiento no solo del pueblo judío sino de la Humanidad como un todo han superado claramente incluso las más optimistas expectativas de aquellos cuyos sueños sirvieron como los fundamentos para este maravilloso hogar que nos hemos construido.
Pero esas son las buenas noticias. Las malas son que el Sionismo no es lo que necesita ser. Nadie es más responsable por esta situación que los pocos cientos de participantes del Consejo General Sionista, incluyéndome, quienes nos estamos reuniendo en Jerusalén para establecer el curso futuro del la Organización Sionista Mundial (OSM). Esta es la misma Organización fundada por Theodor Herzl, más de cien años atrás, que puso en movimiento la empresa sionista, la misma OSM que David Ben Gurión presidió como un gobierno de hecho en vísperas de la Independencia de Israel. Aún hoy, muchos están sorprendidos de saber que continúa existiendo, y pocos expresan algún interés en sus actividades. Esto no es porque los postsionistas y los antisionistas hayan sido victoriosos. Lamentablemente, es porque el movimiento sionista ha cesado de inspirar. Es la responsabilidad colectiva de todos quienes sostienen la causa sionista atreverse a rectificar la situación. Hay formas de ir haciéndolo.
Imaginen un Congreso Sionista como un festival de debate ideológico, programas culturales, estudio, celebración y planeamiento estratégico, tanto como un lugar de exposición para proyectos innovadores sucediendo a través de Israel y la diáspora. Imaginen una fundación para la innovación sionista apoyando a noveles emprendedores propuestos por cualquiera con una buena idea, casas de Herzl establecidas en conjunto con casas de Hillel y centros comunitarios judíos, reuniendo la historia del Sionismo de manera poderosa y sirviendo como escenario y estudio para la expresión y creación de una visión sionista contemporánea. Imaginen havurot sionistas, clubes de individuos de igual pensamiento encontrándose regularmente para discutir literatura, música, arte y cine israelí, revisitando fuentes sionistas clásicas y considerando lo que ellos quieren decir cuando declaran “El año próximo en Jerusalén”. Imaginen redes sociales creadas en el ciberespacio, enfocándose en distintas dimensiones de la empresa sionista, alcanzando a los no afiliados en un mundo cambiante en el cual las comunidades virtuales están rápidamente tomando los marcos organizacionales tradicionales como el terreno preferido de encuentro de la próxima generación.
Estas no son más que algunas de las formas en las cuales la causa sionista podría ser revitalizada y rescatada de ser reducida a la defensa en nombre de Israel y de los judíos donde estén.
Tan importantes como son estas causas, no son el fin del Sionismo que necesita incluir también una dimensión positiva, un esfuerzo consciente por formar un futuro judío en la forma que da significado a nuestras proclamaciones respecto a la centralidad de Israel en la vida judía.
El ferviente discurso ideológico, junto con preguntas existenciales, predisposición para el autosacrificio, autorrealización dentro del colectivo y el espíritu pionero catalizaron y caracterizaron el movimiento sionista en sus principios. Aunque los desafíos que estamos enfrentando hoy son muy diferentes de aquellos de hace un siglo, no son menos merecedores de nuestra pasión.
Aunque la historia del Sionismo es ilustre, no existen garantías de que lo mismo será dicho acerca de su futuro. A cien años de ahora, ¿aquellos que evalúen el segundo siglo del movimiento nacional de liberación del Pueblo Judío serán capaces de apuntar los logros que haya en una forma comparable con la grandeza de los triunfos que han caracterizado sus primeras diez décadas? Ninguno de nosotros estará para escuchar la respuesta, pero estamos ahora aquí, y somos capaces de tener una idea sobre lo que será.
Creo que la idea sionista continúa siendo relevante para la vida judía; aquellos que estamos en Jerusalén tenemos la responsabilidad de asegurar que la OSM consiga siendo relevante para la vida del Sionismo.
David Breakstone es miembro del Ejecutivo de la Organización Sionista Mundial, donde el representa a Mercaz, el brazo del Movimiento Conservador/Masortí mundial.
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