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domingo, 15 de mayo de 2011

El Sionismo actual

El Sionismo actual
El Sionismo no es lo que solía ser. Y por eso todos nosotros tenemos un gran motivo para estar agradecidos. Imaginen si más de cien años después de la fundación del movimiento estuviéramos aún enfrentando la tragedia de la falta de hogar e impotencia judía, de la falta de un idioma común con el cual hablar unos con otros, de la falta de una experiencia colectiva con la cual crear una cultura contemporánea, de la falta de representación en la familia de las naciones, de la falta de una sociedad soberana a través de la cual expresar el espíritu de nuestras tradiciones, y de la dependencia de la buena voluntad de otros para nuestro bienestar.

El primer siglo de la empresa sionista ha si­do un éxito increíble en cualquier nivel, y los lo­gros de Israel y su contribución para el mejo­ra­mien­to no solo del pueblo judío sino de la Hu­ma­nidad como un todo han superado cla­ra­men­te incluso las más optimistas expectativas de aque­llos cuyos sueños sirvieron como los funda­men­tos para este maravilloso hogar que nos he­mos construido.

Pero esas son las buenas noticias. Las malas son que el Sionismo no es lo que necesita ser. Na­die es más responsable por esta situación que los pocos cientos de participantes del Con­se­jo General Sionista, incluyéndome, quie­nes nos estamos reuniendo en Je­rusalén para establecer el curso fu­tu­ro del la Organización Sionista Mun­­dial (OSM). Esta es la misma Or­ganización fundada por Theodor Herzl, más de cien años atrás, que pu­so en movimiento la empresa sionis­ta, la misma OSM que David Ben Gu­rión presidió como un gobierno de he­cho en vísperas de la Inde­pen­den­cia de Israel. Aún hoy, muchos están sor­prendidos de saber que continúa exis­tiendo, y pocos expresan algún in­terés en sus actividades. Esto no es por­que los postsionistas y los antisio­nis­tas hayan sido victoriosos. Lamen­ta­blemente, es porque el movimiento sio­nista ha cesado de inspirar. Es la res­ponsabilidad colectiva de todos quie­nes sostienen la causa sionista atre­verse a rectificar la situación. Hay formas de ir haciéndolo.

Imaginen un Congreso Sionista como un fes­tival de debate ideológico, programas cul­tu­ra­les, estudio, celebración y planeamiento es­tra­tégico, tanto como un lugar de exposición pa­­­ra proyectos innovadores sucediendo a tra­vés de Israel y la diáspora. Imaginen una fun­da­ción para la innovación sionista apoyando a no­ve­les emprendedores propuestos por cual­quie­ra con una buena idea, casas de Herzl esta­ble­ci­das en conjunto con casas de Hillel y centros co­mu­nitarios judíos, reuniendo la historia del Sio­nis­mo de manera poderosa y sirviendo como es­ce­nario y estudio para la expresión y creación de una visión sionista contemporánea. Imaginen ha­vurot sionistas, clubes de individuos de igual pen­samiento encontrándose regularmente para dis­cutir literatura, música, arte y cine israelí, re­vi­sitando fuentes sionistas clásicas y conside­ran­do lo que ellos quieren decir cuando de­cla­ran “El año próximo en Jerusalén”. Imaginen re­des sociales creadas en el ciberespacio, enfo­cán­dose en distintas dimensiones de la empresa sio­nista, alcanzando a los no afiliados en un mun­do cambiante en el cual las comunidades vir­tuales están rápidamente tomando los mar­cos organizacionales tradicionales como el te­rre­no preferido de encuentro de la próxima ge­ne­ración.

Estas no son más que algunas de las formas en las cuales la causa sionista podría ser revi­ta­li­zada y rescatada de ser reducida a la defensa en nombre de Israel y de los judíos donde estén.

Tan importantes como son estas causas, no son el fin del Sionismo que necesita incluir tam­bién una dimensión positiva, un esfuerzo cons­cien­te por formar un futuro judío en la forma que da significado a nuestras proclama­ciones res­pecto a la centralidad de Israel en la vida ju­día.

El ferviente discurso ideológico, junto con pre­guntas existenciales, predisposición para el au­tosacrificio, autorrealización dentro del co­lec­tivo y el espíritu pionero catalizaron y carac­te­ri­zaron el movimiento sionista en sus prin­ci­pios. Aunque los desafíos que estamos enfren­tan­do hoy son muy diferentes de aque­llos de ha­ce un siglo, no son menos merecedores de nues­tra pasión.

Aunque la historia del Sionismo es ilustre, no existen garantías de que lo mismo será dicho acer­ca de su futuro. A cien años de ahora, ¿aque­­llos que evalúen el segundo siglo del movi­mien­to nacional de liberación del Pueblo Judío se­rán capaces de apuntar los logros que haya en una forma comparable con la grandeza de los triun­fos que han caracterizado sus primeras diez décadas? Ninguno de nosotros estará para es­cuchar la respuesta, pero estamos ahora aquí, y somos capaces de tener una idea sobre lo que se­rá.

Creo que la idea sionista continúa siendo re­le­vante para la vida judía; aquellos que estamos en Jerusalén tenemos la responsabilidad de ase­gu­rar que la OSM consiga siendo relevante para la vida del Sionismo.



David Breakstone es miembro del Ejecutivo de la Organización Sionista Mundial, donde el representa a Mercaz, el brazo del Movimiento Conservador/Masortí mundial.

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