PREFACIO DE MUNDOS EN COLISION
Mundos en Colisión es un libro sobre guerras en la esfera celeste que se verificaron en tiempos históricos. En esas guerras, el planeta Tierra participó también. Este libro describe dos actos de un gran drama: uno que ocurrió hace treinta y cuatro o treinta y cinco siglos, en la mitad del segundo milenio antes de la época actual; el otro en el siglo octavo y principios del séptimo antes de la era presente, hace veintiséis siglos. Por lo tanto, este volumen consta de dos partes, precedidas por un prólogo.
La harmonía o estabilidad en las esferas celestiales o terrestres es el punto de partida del concepto actual del mundo, según se expresa en la mecánica celeste de Newton y en la teoría de la evolución de Darwin. Si estos dos hombres de ciencia son sacrosantos, este libro resulta una herejía. Sin embargo, la física moderna, con su teoría de los átomos y del cuántum, describe cambios dramáticos en el microcosmo, el átomo, prototipo del sistema solar; una teoría, pues, que concuerde con acontecimientos no desemejantes en el macrocosmo, o sea él sistema solar, extiende el concepto moderno de las ciencias físicas a la esfera celeste.
Este libro fue escrito para los entendidos y para los no doctos, al mismo tiempo. A los que se pongan a leerlo, no se les aparecerán de súbito en el camino fórmulas o jeroglíficos. Si, de vez en cuando, los testimonios históricos no se compaginan con las leyes formuladas, habrá de recordarse que una ley no es más que una deducción de experiencias y experimentos, y que, por lo tanto, las leyes deben de conciliarse con los hechos históricos, no éstos con aquéllas.
Al lector no se le va a pedir que acepte una teoría sin impugnarla. Más bien, se le invita a que considere por sí mismo si está leyendo un libro de fantasía o de realidad; si lo que está leyendo son invenciones o hechos históricos. Sobre un punto único, no necesariamente decisivo para la teoría de catastrofismo cósmico, pido aceptación: uso una escala sincrónica de la historia egipcia y hebrea, la cual no es ortodoxa.
Fue en la primavera de 1940 cuando concebí la idea de que en los días del Éxodo, tan evidente que lo comprueban varios pasajes de las Escrituras, ocurrió una gran catástrofe física, y que tal acontecimiento podría servir para determinar la época del Éxodo en la historia egipcia, o para establecer una escala sincrónica para las historias de los pueblos referidos. Entonces empecé a escribir Edades en Caos, reconstrucción de la historia del mundo antiguo, desde la mitad del segundo milenio anterior a la era presente, hasta el advenimiento de Alejandro el Grande. Ya para el otoño de ese mismo año, el de 1940, me percaté de que había adquirido una buena comprensión de la naturaleza real y del alcance de esa catástrofe, y durante nueve años trabajé en ambos proyectos, la historia política y la historia natural. Aunque terminé primero Edades en Caos, en orden de publicación seguirá a este volumen.
Mundos en Colisión comprende tan sólo los dos últimos actos del drama cósmico. Otros cuantos actos anteriores —uno de los cuales se conoce como el Diluvio— serán asunto de otro libro de historia natural (Earth in Upheaval).
La narración histórico-cosmológica del presente trabajo se basa en testimonios de textos históricos de muchos pueblos alrededor del globo, en literaturas clásicas, en epopeyas de razas septentrionales, en libros sagrados de los pueblos de Oriente y Occidente, en tradiciones y folklore de pueblos primitivos, en inscripciones astronómicas y mapas, en hallazgos arqueológicos y también en material geológico y paleontológico.
Si erupciones cósmicas ocurrieron en el pasado histórico, ¿por qué la raza humana no las recuerda, y por qué fue necesario llevar a cabo búsquedas para hallarlas? Este problema lo discuto en la Sección llamada "La Amnesia Colectiva". La tarea que hube de emprender no era distinta a la que se le presenta a un psicoanalista que, con ayuda de recuerdos y sueños dispersos, reconstruye una olvidada experiencia traumática en la vida temprana de un individuo. En un experimento analítico sobre la humanidad, las inscripciones históricas y los motivos legendarios representan, a menudo, el mismo papel que los recuerdos (memorias infantiles) y los sueños en el análisis de la personalidad.
Con ayuda de esté material polimorfo, ¿podremos establecer hechos actuales? Confrontaremos a un pueblo con otro, una inscripción con otra, epopeyas con mapas, geología con leyendas, hasta que nos sea dable dilucidar los hechos históricos.
En unos cuantos casos, es imposible decir con certeza si un dato o una tradición se refiere a una catástrofe o a otra, que se produjo a través de las edades; también es probable que, en algunas tradiciones, se encuentren reunidos varios elementos de distintas edades. Sin embargo, en análisis final, no es tan de suma esencia segregar definitivamente los datos de catástrofes mundiales simples. Mucho más importante, al parecer, resulta comprobar: (1) que hubo trastornos físicos de carácter global en tiempos históricos; (2) que tales catástrofes fueron causadas por agentes extraterrestres; y (3) que dichos agentes pueden identificarse.
Existen muchos hechos implicados que se derivan de estas conclusiones. Me refiero a ellos en el Epílogo, por lo que puedo omitir referencia alguna de los mismos en este Prefacio. Unos cuantos lectores examinaron este libro en manuscrito, e hicieron sugestiones y observaciones valiosas. En orden cronológico son los siguientes:
El Dr. Horace M. Kallen, ex-Decano de la Facultad de Graduados de la Nueva Escuela de Investigaciones Sociales, de New York; John J. O'Neill, Editor Científico del New York Herald Tribune; James Putnam, Editor Asociado de la MacMillan Company; Clifton Fadiman, crítico y comentador literario; Gordon A. Atwater, Presidente y Curador del Hayden Planetarium, del Museo Americano de Historia Natural, New York. Los dos últimos leyeron el libro por propia solicitud, después de que el señor O'Neill lo discutió en un artículo del Herald Tribune, de 11 de agosto de 1946. Con todos ellos quedé en deuda de gratitud; pero yo solo soy el responsable tanto por su contenido como por su forma. La señorita Marion Kuhn limpió el manuscrito de hierbajos gramaticales, y ayudó a corregir las pruebas.
Muchos autores le han dedicado su libro a su esposa o la han mencionado en el Prefacio. Siempre me pareció eso un poco ostentoso; pero ahora que procedo a publicar este trabajo, juzgo que sería sumamente desagradecido si dejara de mencionar a mi esposa Elisheva, quien ocupó en nuestro escritorio casi tanto tiempo como yo. Así, pues, le dedico este libro a ella.
Los años en que se escribieron Edades en Caos y Mundos en Colisión fueron de una catástrofe mundial creada por el hombre —años de guerra que peleamos en el aire, en la tierra y de el mar.— Durante ese tiempo el hombre aprendió a disgregar unos cuantos de los ladrillos de que está construido el universo —los átomos del uranio—. Si algún día llegare a resolver el problema de la fisión y fusión de los átomos de que se compone la corteza de la tierra, o su agua o su aire, quizás por casualidad, iniciando una cadena de reacciones, elimine a este planeta de la lucha por la supervivencia de entre los miembros de la esfera celeste.
New York, septiembre de 1949. Immanuel Velikovsky.
No hay comentarios:
Publicar un comentario