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viernes, 8 de noviembre de 2019

Niccolò Paganini | Músicos y medicina

Niccolò Paganini | Músicos y medicina
Yahoo/Buzón
  • El Colegio Nacional 
    CCO:erubielcamacho43@yahoo.com.mx
    7 nov. a las 16:43
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    Niccolò Paganini | Músicos y medicina | Conferencias-concierto
    • Niccolò Paganini sufrió graves enfermedades crónicas, como el síndrome de Marfan, que acentuadas por los tratamientos médicos dañinos de la época lo desfiguraron: Adolfo Martínez Palomo
    • El éxito internacional fue producto de una técnica magistral al tocar el violín y de un testimonio de la época sobre una presencia demoníaca detrás del intérprete: Adolfo Martínez Palomo
    • La habilidad de Paganini para interpretar el violín podría deberse a la inusual flexibilidad de los dedos, característica de una enfermedad congénita: Adolfo Martínez Palomo

    “La imagen de Niccolò Paganini, el más grande violinista de la historia de la música clásica, ha sido falseada en las biografías que lo convirtieron en un personaje diabólico y depravado”, con estas palabras Adolfo Martínez Palomo, miembro de El Colegio Nacional (Colnal), comenzó la conferencia El secreto del violinista diabólico el pasado miércoles 6 de noviembre con la que se reanudó el ciclo de conferencias-concierto Músicos y medicina, celebrado desde el 2013 en la institución.
    Se explicó que si bien Paganini fue un personaje peculiar con gustos que rayaban en lo extravagante, los historiadores han distorsionado la imagen del músico al punto que lo han dotado de cualidades demoníacas. Tales características lejos de arrojar datos ciertos sobre el músico de Génova, se traducen en la descripción de un ser grotesco del cual se benefician sólo los biógrafos y entusiastas del cine: "El pobre [Niccolò Paganini] sufrió graves enfermedades crónicas, acentuadas por los tratamientos médicos dañinos de la época que lo desfiguraron y acabaron por darle un aspecto extraño", mencionó Adolfo Martínez Palomo.
    Como explicó Adolfo Martínez Palomo, es sabido que gran parte de la fama del violinista se debe a su virtuosismo, pero, contra la leyenda que se ha creado en torno a su figura, su talento abreva tanto en las condiciones de su época como de sus peculiares características corporales: “nació con un trastorno genético que le permitió tener flexibilidad excepcional en brazos y manos". 
    Pese a que procedía de una familia de limitados recursos económicos y sociales, ya que su padre era vendedor de instrumentos musicales y su madre analfabeta, Paganini destacó desde la infancia en el ámbito musical: a los 5 años aprendió a tocar el violín y la mandolina con gran soltura: “Desde muy joven ideó una forma diferente al habitual de colocar el violín y el arco adoptando una postura más relajada para de reducir el esfuerzo muscular y facilitar el rápido movimiento de los dedos de la mano izquierda”, contó Martínez Palomo.
    El miembro del Colnal explicó que el compositor y concertista tuvo la fortuna de nacer en Génova ya que esa ciudad, al norte de Italia, poseía una tradición violinística muy importante lo que le permitió a Paganini crecer rodeado de gente interesada en la música. El ejemplo más claro de interés e insistencia fue su padre quien lo llevó a Parma para estudiar composición. Si bien las presentaciones públicas que hizo en esa ciudad a la corta edad de 12 años le granjearon al artista la admiración de personajes como el Duque de Parma, fue hasta los 19 que ganó un concurso de violín en la Toscana donde alcanzaría la fama luego de un concierto en la Catedral de Lucca.
    Desde ese momento la vida del compositor cambiaría por completo llenándolo de viajes y escenarios de opulencia. Primero Elisa Bonaparte lo invita como Director de orquesta de la Corte, más tarde, al coronarse Napoleón Bonaparte emperador, su fama llega a Alemania donde ya se escucha sobre él que “sin duda, es el primer y mejor violinista del mundo” para finalmente acabar en Milán donde empieza su carrera como concertista, recibido como “el más grande de todos los tiempos” y reconocido por músicos como Felix Mendelssohn, Frédéric Chopin y Gioachino Rossini. "El éxito internacional, que lo aclamaba hasta el delirio, fue producto, por un lado, de una técnica magistral al tocar el violín y, por otro, de la leyenda negra de un cronista de la época que aseguraba haber visto al mismísimo demonio detrás de Paganini", opinó el médico colegiado.
    Hacia su 40 años el compositor llegó a Nápoles a vivir en un departamento “miserable” donde un ataque de tos fue el inicio del declive de su salud. La tos, la cual se especula fue tuberculosis —sumada a un inoportuno tratamiento a base de mercurio y el abuso de laxantes como purgativos— fue la responsable del deterioro progresivo de su salud hasta que a los 46 años es descrito como “pálido y sombrío”. El daño fue tal que el 27 de mayo de 1840, en su último viaje a Niza, incapaz de ponerse de pie, ya sin poder hablar ni comer, falleció. 
    Para concluir, Adolfo Martínez Palomo mencionó que ya sea por la inusual flexibilidad de los dedos de la mano, característica de una enfermedad congénita llamada el “síndrome de Marfan”, o por el virtuosismo único en la historia de la música, “en sus manos el violín se convirtió en un instrumento completamente nuevo”. Posteriormente, antes de dar inicio a los Caprichos, interpretados por Sebastian Kwapisz, subrayó: “lo que escucharemos, es considerada la ‘Biblia de los violinistas’ tanto por su complejidad técnica como por su gran calidad musical”.

    Puede consultar la actividad completa en el canal de YouTube de El Colegio Nacional: https://www.youtube.com/watch?v=HkFNsVEUUyo

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