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domingo, 6 de diciembre de 2020

El miedo en la concepción prehispánica.

 

El miedo en la concepción prehispánica.

Una de las principales causas del desequilibrio corporal era el miedo, que en náhuatl se usa la palabra mahui que significa temor. El miedo era capaz de cambiar el ritmo del corazón provocando una serie de desórdenes que salen del comportamiento habitual de las personas, desde orinar o defecar de forma involuntaria, quedar paralizada, hormigueo, palidecer la piel o el erizamiento del cabello. Esto se explicaba con la pérdida del tonalli de las personas, que provocaba una serie de reacciones que terminaba en un enfriamiento.

El susto podría desencadenar una serie de secuelas que afectarían la salud del enfermo, que iban desde el rasgado, el escandalizado, la experimentación de la muerte (desmayo), huida del corazón y temblores, pero si resultaba un susto fuerte podría provocar la locura. La vergüenza también era considerada una especie de susto, solo que la diferencia es que no causaba afectaciones internas, sino que solo quedaban en manifestaciones externas como el sonrojamiento y el hipo, razón por la que la palabra náhuatl que la describe era tetzicunoltiliztli que quiere decir “la acción de provocar el sollozo o hipo a alguien”, palabra que también la vincula con el sobresalto que provocaba el ser despertado súbitamente ya que causaba los mismos efectos.

La sensibilidad a los efectos de los sustos dependía completamente del tonalli de las personas que era otorgado según el día de su nacimiento (o cambiado en la ceremonia de presentación del niño. Los días que aseguraban un tonalli fuerte ante los sustos eran “matlaclti cuauhtli” (diez águila) y “ce tecpatl” (uno pedernal), esto les garantizaba para los varones que serían grandes guerreros con un gran valor y destreza. En cambio, los días “mazatl” (venado) al igual que la naturaleza del animal les daba una personalidad asustadiza y cobarde, siendo el día “ce mazatl” (uno venado) el que daba a las personas constantes pensamientos sobre el miedo y sus temores, y el “ome mazatl” (dos venado) era el que intensificaba las reacciones fisiológicas ante el miedo como el orinarse.

La intensificación de la naturaleza del tonalli dependía del equilibrio con las otras entidades anímicas como la que reside en el corazón (teyolía) y la del hígado (ihiyotl), la fortaleza o debilidad de uno de los otros dos podía desembocar en que se aminoraran los efectos del tonalli o se maximice. Y el que ponía a prueba los corazones de las personas no era otro sino el dios de la noche Tezcatlipoca, quien por medio del canto del halcón o con apariciones fantasmagóricas como la del hacha nocturna que invocaba al hombre decapitado que perseguía a los caminantes ponía a prueba su integridad interna, asegurando al que los enfrentaba que tenían un corazón maduro que les traería buena fortuna en la guerra. En cambio los de corazón débil, se les atribuía una naturaleza afeminada y cobarde, llegando a los extremos de vincularlos con lo inmoral y la maldad.

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El clima de guerra permanente que se vivía en Mesoamérica hacia fundamental en la sociedad que los valores como la valentía y el coraje sean los modelos a seguir, ya que aseguraban la sobrevivencia de sus comunidades. La época de lluvias garantizaba que todos entraran de lleno a las actividades agrícolas, pero una vez entrada la temporada de secas era el momento de tomar las armas y hacer la guerra. Las personas que se sabían eran de naturaleza cobarde se les permitía permanecer en las comunidades para labrar la tierra, pero el hecho de no entrar en las acciones bélicas hacia que estuvieran estigmatizados como afeminados.

Valentía y cobardía eran contrarios que como todo en el universo se le vinculaba con la naturaleza caliente de la primera y fría de la segunda. La naturaleza caliente era la que tenía que estar en el poder de los estados, siendo la nobleza, la milicia y los sacerdotes los que tenían que tener esta cualidad. En cambio, los macehuales se les consideraban de naturaleza fría y se les vinculaba con lo femenino que se encargaba de proveer alimento a la comunidad. Si bien estos contrarios complementarios eran igualmente necesarios, las sociedades prehispánicas ponderaban en mejor posición la valentía vinculada con las elites que el trabajo del macehual de naturaleza femenina.

Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura

Federico Flores Pérez

Bibliografía: Jaime Echeverría García, La construcción del cuerpo del “otro”: el loco, el miedoso y el extranjero entre los antiguos nahuas, revista Cuicuilco no. 70.

Imagen: Aparición de Cihuacoatl que pronostica la llegada de los españoles (Sahagún, Códice Florentino, lib. VIII, cap. I: fol. 3r).

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