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jueves, 10 de septiembre de 2026

Palestina. Un convoy contra la ocupación sionista

 

Palestina. Un convoy contra la ocupación sionista

Resumen Medio Oriente, 10 de septiembre de 2026.

Partiendo de todo el mundo, viajamos en nuestros propios vehículos vía Turquía hasta la frontera de Palestina; mediante un convoy no violento y firme buscamos aumentar la presión de la opinión pública sobre el régimen sionista ocupante contra la ocupación y la opresión y contra la legislación de pena de muerte discriminatoria dirigida a palestinos y palestinas.

COMUNICADO

En un momento en que Gaza vuelve a ser olvidada —cuando el genocidio en Palestina se oculta de nuevo tras la mentira de la «paz» del Israel sionista fascista y tras los juegos conceptuales de la diplomacia que sostiene esa mentira—, el Convoy por Palestina se puso en marcha pese a la coyuntura, pese al tiempo y quizá pese a todo. El Convoy partió de Srebrenica en julio de 2026 con el fin de llevar a la agenda de la opinión pública internacional el genocidio en curso en Gaza, la ocupación de Cisjordania y la normativa discriminatoria de pena de muerte dirigida contra los presos palestinos; de alzar la voz contra la conversión de Cisjordania en una nueva Gaza; de devolver al mundo la atención sobre una Gaza olvidada; y de reavivar, a lo largo de toda la ruta, el mecanismo de la consulta social y la práctica de trabajar juntos. Con participantes de más de treinta países atravesó Bosnia y Herzegovina, Albania, Grecia y Türkiye hasta llegar al paso fronterizo de Ibrahim Jalil. Durante todo el viaje el Convoy se mantuvo sujeto a la ley de cada país que atravesaba y preservó su carácter civil y no violento, compartiendo su misión con la opinión pública mediante los encuentros populares y los programas de formación celebrados en sus paradas. Al negársele el paso en el cruce fronterizo de Ibrahim Jalil sin justificación concreta alguna, el Convoy dio por concluidas, en esta etapa, las acciones que mantenía en la zona de amortiguación y trasladó su lucha a un terreno más estratégico, más planificado y de más largo aliento.

El Convoy por Palestina demostró con su propia acción que la capacidad de actuar no es monopolio de ninguna autoridad. Sin el llamamiento, el amparo ni el permiso de instancia, organismo internacional o estructura institucional alguna, personas de distintos países, lenguas y tradiciones recorrieron miles de kilómetros con sus propios vehículos, sus propios medios y sus propias decisiones comunes. El transporte, el alojamiento, la seguridad, la preparación jurídica y la comunicación fueron asumidos por la voluntad colectiva que organizó el Convoy junto con sus aliados repartidos por toda Türkiye; las decisiones tomadas durante el recorrido se ejecutaron mediante los mecanismos que los propios participantes establecieron entre sí. Esta experiencia constituye un precedente válido para toda alianza que se forme en adelante: la autoridad para actuar por Palestina y por la humanidad no depende de aprobación alguna. Esa autoridad reside en la propia voluntad que actúa, y el Convoy no la presentó como una pretensión, sino que la ejerció de hecho.

A lo largo del camino y de todo el proceso de acción, el Convoy dio lugar a la activación de la mayoría silenciosa de la sociedad civil, fuerza motriz de la historia. En cada ciudad, sin ningún llamamiento institucional, la gente se reunió para recibir al Convoy; familias que no escatimaron su hospitalidad y se sumaron con sus propios vehículos; las multitudes que se incorporaron al camino desde Bosnia hasta Anatolia y que siguieron e hicieron suyo al Convoy desde los cuatro puntos del mundo mostraron que esa mayoría se moviliza cuando encuentra una ocasión propicia. La mayoría silenciosa no fue espectadora del Convoy, sino el elemento mismo que lo agrandó y lo sostuvo por el camino. El Convoy fue la prueba de que las masas esperan sinceramente un nuevo impulso; de que en todo lugar y en toda circunstancia están junto a Palestina y se mantienen erguidas frente al sistema global; y de que la sociedad solo busca las obras justas y las ideas justas. Queda establecido, pues, que las masas silenciosas se sostienen por sí mismas y están unidas; que todo depende de su voluntad; y que la sociedad, por Palestina, está siempre dispuesta cuando se quiere y se trabaja por ello.

El paso del Convoy por Anatolia dio el fruto más concreto de esta unión. En cada ciudad que visitó, de Edirne a Mardin, el Convoy se abrazó con la población y con las organizaciones locales de la sociedad civil; los encuentros celebrados en las plazas, la acogida transmitida de ciudad en ciudad y la consulta rehecha en cada nueva parada sembraron las primeras semillas de un activismo civil y no violento en la tierra de Anatolia. El Convoy mostró que una forma de acción planificada y organizada también es posible en Anatolia; dio a conocer este método a la sociedad civil local y la convirtió en socia de la acción. Así, el Convoy se convirtió en la levadura de un activismo al modo anatolio, nacido de sus propias condiciones y que habla su propia lengua. Esa levadura quedó en las ciudades por las que pasó el Convoy y formó el suelo local sobre el que se levantará cada acción posterior.

En los días en que comenzó el genocidio en Gaza, las masas que salieron a la calle en todo el mundo respondieron a esa ruptura histórica con reacciones reflejas. Aquellas reacciones eran sinceras y justas, pero quedaron sin cabeza, dispersas y discontinuas; las estructuras institucionales no supieron ni sostener ni encauzar esa energía. En el punto al que se ha llegado hoy, se ha hecho evidente que esas mismas masas, con la conciencia que Gaza les ha dado, buscan nuevos comienzos y nuevos impulsos. El Convoy por Palestina es la expresión concreta de que esas masas han dejado de ser una multitud que responde a un llamamiento para convertirse en la cabeza y la ejecutora de su propia acción. Con esa cualidad, el Convoy fue el precursor de acciones no momentáneas, extendidas en el tiempo y sostenidas a contracorriente.

El Convoy produjo también un resultado propio por su forma de organización y de ejecución. En lugar de recaudar donaciones económicas directamente del público, se optó por poner en común los recursos de las plataformas de la sociedad civil que ya trabajaban por Palestina; así se estableció un modelo de acción repetible y sostenible, capaz de producir un alto impacto público con un presupuesto reducido. Que las organizaciones de la sociedad civil relegaran sus propias prioridades institucionales y sus logotipos para situar la misión en el centro dio lugar a una unión sin nombre en la que el propósito común sustituyó al protagonismo individual; esta actitud ha quedado incorporada de forma duradera a la cultura de actuar juntos. El acierto de los criterios aplicados en la selección de participantes se unió a la formación cualificada en activismo impartida antes del terreno; esa formación alineó el modo en que los participantes abordaban los hechos y permitió resolver sin fricciones, sobre el terreno, las crisis que surgieron. Como resultado, esta organización —el convoy terrestre más largo de la historia por su tamaño y su ruta— transcurrió, gracias a las medidas de seguridad de alto nivel adoptadas, sin que ningún participante sufriera daño alguno.

También se dejó un acervo de método. Este movimiento, conducido bajo el liderazgo de musulmanes, empleó métodos estratégicos de acción reconocidos en todo el mundo y confirió con ello al activismo islámico una cualidad universal y una dimensión estratégica. Los contactos diplomáticos aportaron al movimiento legitimidad y protección internacionales; al mismo tiempo, en cada etapa se tuvo presente la posibilidad de que la diplomacia se emplee como instrumento para frenar o detener el activismo sobre el terreno. Se comprobó que los resultados positivos obtenidos en la mesa de negociación, si no se hacen constar oficialmente de inmediato, pueden ser fácilmente alterados por los interlocutores en perjuicio del terreno; el principio de que una negociación solo tiene sentido acompañada de un registro escrito ha quedado asentado como norma para toda nueva iniciativa. La conciencia de que un solo error en la selección, en la seguridad o en la negociación podía malograr toda la misión fue la medida que el Convoy preservó de principio a fin.

Otro frente del Convoy se abrió en el terreno digital. A lo largo del viaje, la acción que avanzaba sobre el terreno se convirtió por sí sola en una línea de activismo en línea, a través de las publicaciones de gente corriente, sus directos y las imágenes que se hacían llegar unos a otros. El portador de esa línea no fueron las cuentas grandes y numerosas de amplio seguimiento, sino cuentas de bajo alcance que compartían por voluntad propia y con sinceridad; se vio con claridad que el algoritmo resultó afectado de la manera más profunda y más duradera por esas cuentas. Esta observación invalida el supuesto de que el terreno digital solo puede orientarse con presupuestos institucionales y cuentas influyentes, y sitúa al ciudadano corriente directamente en el centro de la lucha por la opinión pública. Que, con una planificación adecuada, la unión de la gente corriente pueda alcanzar una fuerza capaz de trastocar el algoritmo figura entre los resultados que el Convoy ha dejado consignados.

El Convoy por Palestina puso de nuevo en pie a la sociedad por Palestina y alcanzó los objetivos que se fijó al partir. En un tiempo en que la solidaridad se considera delito y se pretende convertir el cansancio en resignación, el Convoy volvió a centrar la conciencia colectiva en las conquistas que Gaza ha regalado a los pueblos; al reafirmar una vez más esas conquistas, ha completado su tarea. El Convoy transmite ahora a quienes vengan después de él la sensibilidad que expresó mediante esas conquistas —llamadas a extenderse en el tiempo—, junto con el deber y la bandera de actuar con convicción y sinceridad. Este relevo no señala un final, sino una multiplicación: el camino que el Convoy abrió, la unión que construyó y la nueva forma de acción que estableció han quedado abiertos para ser levantados de nuevo en manos de cada persona, cada comunidad y cada país que los haga suyos. La bandera pertenece a todo aquel que se disponga a portarla.

La voz de Gaza y de Cisjordania no puede acallarse, las conquistas de la nueva historia que comenzó con Palestina no pueden sofocarse, y la historia ha entrado en un periodo nuevo. Palestina no puede ser borrada de la agenda, y la conciencia humana no puede detenerse en los pasos fronterizos. La lucha continuará con determinación. Y las mayorías silenciosas serán la vanguardia de la nueva historia.

FUENTE: PALESTINE CONVOY.ORG

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