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sábado, 17 de octubre de 2026

Medio Oriente. China planta cara a Israel por los asentamientos en Cisjordania y se ofrece como mediador en Gaza

 

Medio Oriente. China planta cara a Israel por los asentamientos en Cisjordania y se ofrece como mediador en Gaza

Por Lucas de la Cal. Resumen Medio Oriente, 16 de octubre de 2026.

Pekín exige al Gobierno israelí que frene la expansión de las colonias judías y denuncia la «mayor injusticia histórica de este siglo» contra los palestinos

En una sala de reuniones de Bakú, lejos de los escombros de Gaza y de las colonias judías que continúan extendiéndose por Cisjordania, el jefe de la diplomacia china lanzó una de las reprimendas más contundentes de Pekín contra Israel. Frente al presidente israelí, Isaac Herzog, el ministro Wang Yi exigió que su Gobierno detenga y revierta el «establecimiento forzoso» de asentamientos en los territorios palestinos ocupados. Después recuperó una expresión habitual de la retórica diplomática china: la cuestión palestina representa «la mayor injusticia histórica de este siglo».

El encuentro se celebró en Azerbaiyán, durante una cumbre de seguridad asiática a la que Wang acudió como representante especial del presidente Xi Jinping. La versión israelí de la conversación fue bastante diferente. Herzog destacó la importancia de las relaciones comerciales entre ambos países y las amenazas que representan Irán y sus aliados armados en Oriente Próximo.

«Hice hincapié en el deseo de Israel de lograr la paz en la región, junto con las amenazas estratégicas a nuestra seguridad, principalmente por parte de Irán y sus grupos terroristas afines», escribió en X, evitando mencionar las críticas chinas a los asentamientos.

Dos relatos de una misma reunión que reflejan la creciente distancia política entre dos países que mantienen importantes vínculos económicos. Según Wang, China está dispuesta a colaborar con la comunidad internacional para que las partes retomen el diálogo y «busquen una solución política al conflicto».

China pretende presentarse como la potencia capaz de defender una salida política frente a un Estados Unidos que considera demasiado alineado con Israel. Su propuesta descansa sobre una fórmula conocida: dos Estados independientes, con un Estado palestino basado en las fronteras anteriores a la guerra de 1967 y Jerusalén Este como capital.

Pero detrás de esta posición también hay un cálculo geopolítico. Oriente Próximo se ha convertido en otro escenario de la competición entre Pekín y Washington. El gigante asiático necesita estabilidad para proteger sus suministros energéticos, sus inversiones y las rutas comerciales que conectan Asia con Europa. Además, la causa palestina le permite acercarse al mundo árabe y a numerosos países del llamado Sur Global, donde el respaldo militar estadounidense a Israel ha provocado un profundo rechazo.

En marzo de 2023, Pekín logró sentar a Arabia Saudí e Irán para anunciar dese la capital china el restablecimiento de unas relaciones diplomáticas rotas desde 2016. Fue uno de los mayores éxitos internacionales de Xi Jinping y una demostración de que China podía intervenir en disputas regionales tradicionalmente dominadas por Washington. Desde entonces, ha intentado trasladar aquel modelo al conflicto palestino-israelí, aunque sin resultados.

Su iniciativa más ambiciosa llegó en el verano de 2024, cuando representantes de 14 facciones palestinas, incluidas las históricamente enfrentadas Hamas y Al Fatah, se reunieron en la capital china. Tras varios días de negociaciones firmaron la denominada Declaración de Pekín, que contemplaba la formación de un Gobierno provisional de reconciliación nacional encargado de administrar Gaza después de la guerra y preparar la reconstrucción. Wang Yi presentó el acuerdo como un paso histórico hacia la unidad palestina. Pero aquella reconciliación nunca llegó a materializarse.

Mientras Pekín se ha convertido en uno de los principales defensores diplomáticos de la causa palestina, durante las últimas tres décadas también ha sido uno de los grandes socios comerciales de Israel. Desde el establecimiento de relaciones diplomáticas en 1992, el intercambio bilateral pasó de apenas 50 millones de dólares a unos 25.000 millones en 2022, convirtiendo a China en el mayor socio comercial de Israel en Asia.

Las empresas chinas han invertido miles de millones en tecnología israelí, infraestructuras y alimentación. El Gobierno de Benjamín Netanyahu vende a la segunda economía mundial principalmente equipos electrónicos, maquinaria industrial, productos químicos y fertilizantes. La guerra de Gaza ha enfriado las relaciones políticas, pero ninguno de los dos gobiernos parece dispuesto a romper sus vínculos comerciales.

En China, en plataformas como Weibo (similar a X), abundan las publicaciones que denuncian la destrucción de Gaza y califican de «genocidio» la masacre israelí en Gaza. Muchos internautas comparan el sufrimiento palestino con las humillaciones históricas que China sufrió a manos de potencias extranjeras. Otros interpretan la guerra como un ejemplo de la hegemonía estadounidense y del doble rasero occidental en materia de derechos humanos.

FUENTE: EL MUNDO

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