editorial ¿Derechos de autor?
a venta de banderas de México –
máximo símbolo patrio– es la pri-
mera violación a las leyes sobre los
derechos de autor, que ya nacieron ul-
trajadas... O, mejor dicho, leyes que
violan el derecho consuetudinario.
Los “derechos de autor” son una
política neoliberal para beneficio de
las casas editoras.
En lo ideológico, es meter el
gusanito del lucro como lo más preci-
ado, más que la propia obra; alimenta
la narrativa de acaparar, endiosar al
dinero y el culto al individualismo.
Pero los autores son generadores
de arte y muchos no buscan reconoci-
miento ni les afecta que otros se
apropien de sus obras –incluso sien-
ten orgullo por eso–. El plagio intelec-
tual no les despoja de su obra material
¡y pueden hacer muchas más!
La obra intelectual es libre y univer-
sal, no pertenece a quien se le ocurrió
o registró primero. Más aún, la hu-
manidad avanza gracias a la herencia
de autores anteriores; mientras la pro-
piedad intelectual sólo lleva al atraso
y a una suerte de ostracismo.
Este panfletín no es el mejor ejem-
plo, pero no obtiene un solo peso de
ganancia ni de nada, y le orgullece
que otros saquen copias y obtengan
beneficios. ¿Por qué se afanan contra
los fines de lucro? ¿En qué afecta que
alguien más obtenga un beneficio
económico? ¿Por qué buscan ahorcar
toda salida de supervivencia?
Otro ejemplo. La moneda comuni-
taria Túmin no tiene registro alguno
ante el gobierno. Si uno quiere, puede
falsificarla o adueñársela legalmente,
todo mediocre, deshonesto, indigno,
lo que daría más valor al pequeño
Túmin. Qué triste que alguien nece-
site “derechos de autor” o de cualquier
otro respeto... a más derechos, más
decadencia de la sociedad.
No es todo. El falso autor no afecta
al verdadero; se afecta él como espu-
rio, ilegítimo, fraudulento... como las
juezas que plagian sus tesis, im-
puestas por la 4T. O como la que se
robó la presidencia plagiando millones
de boletas... ¿y ahora viene a hablar-
nos de derechos? Qué caradura, de
veras. “Ahora si te pasaste, reyna”.
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