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domingo, 11 de octubre de 2026

Palestina. Tres años después del «Diluvio»: una lectura de las causas, las repercusiones y los resultados (Parte 2)

 

Palestina. Tres años después del «Diluvio»: una lectura de las causas, las repercusiones y los resultados (Parte 2)

La batalla de Al-Aqsa » ha logrado una serie de objetivos estratégicos largamente esperados, ha reorganizado el orden de prioridades para muchos países de la región y del mundo, y se espera que sus resultados finales sean únicamente favorables al pueblo palestino.

En la primera parte de este artículo señalamos las causas y los motivos que condujeron al lanzamiento de la batalla del «Diluvio de Al Aqsa» en la mañana del 7 de octubre de 2023, tanto desde el punto de vista del movimiento Hamas, que lanzó el «Diluvio» antes de que se le sumaran la mayoría de las facciones de la resistencia palestina y otros frentes de la región, como desde el de amplios sectores del pueblo palestino.

LEA TAMBIÉN: Tres años después del «Diluvio»: una lectura de las causas, las repercusiones y los resultados (Parte 1)

Seamos o no partidarios de esta batalla gloriosa, s que contribuyó a provocar un cambio cualitativo en numerosos planos y ámbitos, y cuyas repercusiones y efectos llegaron a escenarios cercanos y lejanos al lugar donde se originó este «Diluvio».

En esta parte del artículo trataremos de centrarnos en una serie de repercusiones y resultados que proyectaron su sombra sobre toda la región, además de responder a algunas preguntas que aún se plantean sobre esta batalla que cambió el rostro de la región y que, cuando maduren sus resultados estratégicos —que todavía se encuentran en proceso de cristalización y formación—, puede provocar un cambio a escala mundial.

¿Por qué no, si fue ella la que abrió de par en par la puerta a transformaciones en la región de Asia Occidental, por ejemplo, y quizá llegue en algún momento, si maduran ciertas condiciones, a otros lugares de mayor importancia y mayor valor?

Pero antes de entrar en los detalles, que consideramos de suma importancia, intentemos responder a una pregunta que siempre fue objeto de controversia y sobre la cual divergieron las opiniones, incluso entre los propios palestinos: la relativa al engaño que precedió al lanzamiento de la batalla del «Diluvio de Al Aqsa». En efecto, se promueven dos relatos distintos.

El primero sostiene que el movimiento Hamas llevó a cabo un engaño estratégico con el que logró camuflar su operación sorpresa —que ni el enemigo ni el amigo imaginaron que llevaba planificando hacía varios años—, un engaño que contribuyó a que los servicios de inteligencia israelíes, pese a sus enormes capacidades, sufrieran un error de apreciación sin precedentes, que derivó, entre otras consecuencias, en recomendaciones erróneas al nivel político, especialmente en lo referente a la posibilidad de un ataque sorpresa y de gran envergadura desde la Franja de Gaza.

El segundo relato difiere del primero en la forma y en el fondo: sus defensores creen que ocurrió lo contrario, que fue «Israel» quien engañó a Hamas y lo hizo caer en una trampa estratégica a través de la cual logró numerosos objetivos que perseguía desde hacía mucho tiempo, y que solo necesitaba la legitimidad internacional para llevarlos a cabo, legitimidad que Hamas le concedió tras el ataque del 7 de octubre.

¿Quién engañó a quién: «Israel» o Hamas?

Dado que esta pregunta sigue resonando hasta hoy, se repite en muchos debates y suscita muchas interrogantes, responderla exige leer el panorama previo al lanzamiento del «Diluvio» desde distintos ángulos, procurando despojarse de los alineamientos y las pertenencias estrechas para no ser víctimas de la emoción ni de las inclinaciones políticas y partidistas.

Si se revisan la mayoría de las estimaciones de inteligencia israelíes previas a la batalla del «Diluvio de Al Aqsa», muchas de las cuales se publicaban en los medios sionistas, puede observarse un hecho de enorme importancia que responde a una parte sustancial de la pregunta planteada.

La mayoría de esas estimaciones señalaba el deseo del movimiento Hamas de conservar su gobierno sobre la Franja de Gaza, al que accedió tras desplazar a la Autoridad Palestina del escenario político y de seguridad del territorio a mediados de 2007.

Desde la perspectiva de la inteligencia israelí, el deseo de Hamas era claro y evidente: no tenía intención de ir hacia ningún enfrentamiento con el «Estado» ocupante, y ese deseo prevalecía sobre muchos de los desafíos que el movimiento afrontaba en aquel periodo, en particular el bloqueo económico al que estaba sometida la Franja, la crisis de los salarios de los empleados vinculados a él y las reiteradas agresiones israelíes que se producían de tanto en tanto, entre las cuales se contaban asesinatos selectivos de altos dirigentes de la resistencia.

En aquel periodo se generó un gran revuelo en torno a la postura de Hamas ante la agresión israelí y a su no participación en las rondas de escalada que entonces se sucedían, en las que «Israel» se centró en atacar al movimiento Yihad Islámica y a ningún otro, evitando atacar a Hamas, a sus dirigentes o incluso a sus posiciones militares, desplegadas a lo largo y ancho de la Franja de Gaza.

Esta postura de Hamas, junto con el fortalecimiento de sus relaciones con países de la región que mantienen buenos vínculos con la ocupación, como Qatar y Turquía, entre otros, y junto con el hecho de que en más de una ocasión envió mensajes de tranquilidad a la ocupación a través de mediadores, en los que aseguraba que no deseaba hacer estallar la situación en la Franja, que le interesaba más estabilizarla y consolidar los pilares de su gobierno lejos de la Autoridad en Ramala, además de preferir los medios populares de resistencia, como las Marchas del Retorno, en lugar del enfrentamiento militar, todo ello llevó a los servicios de inteligencia israelíes —y tras ellos a servicios de inteligencia árabes e internacionales, e incluso a los aliados de Hamas en el interior y en la región— a creer que Hamas se encaminaba a seguir el mismo camino que había seguido antes el movimiento Fatah, y que estaba a punto de entrar en el escenario político palestino por la puerta más amplia, hasta el extremo de querer participar en las elecciones presidenciales de la Autoridad Palestina.

Quienes sostienen el relato de que Hamas engañó a «Israel» y la empujó a relajarse en materia de seguridad hasta el máximo grado posible afirman que todos estos movimientos y posturas fueron en realidad una operación de engaño estratégico; que no hubo cambio alguno en su posición frente a la ocupación ni apaciguamiento hacia ella; y que el ataque se había planificado desde hacía mucho tiempo y no fue una reacción inmediata ni coyuntural a las acciones y las reiteradas agresiones del enemigo.

En la orilla opuesta, los partidarios del relato de que fue «Israel» quien engañó a Hamas y lo arrastró al terreno de la guerra para cumplir la agenda que se había trazado desde hacía muchos años sostienen que nada de lo anterior tiene relación con la verdad; que Hamas cayó presa de planes israelíes preparados desde hacía largo tiempo; y que todo lo ocurrido indica que los amplios planes israelíes aplicados, ya sea en la Franja de Gaza o en Cisjordania ocupada y Jerusalén, hasta llegar a otros escenarios de la región, no fueron fruto del momento ni una mera reacción al «Diluvio», pues las circunstancias que rodearon la batalla y las repercusiones directas que de ella se derivaron no habrían concedido al enemigo el tiempo adecuado para elaborar tales planes tras el comienzo de la batalla, aunque contara con el respaldo de todas las fuerzas del mal del mundo.

Los defensores de esta opinión se apoyan en lo que se ha señalado en las últimas semanas, a través de distintos medios de comunicación, sobre un conocimiento israelí de los planes de Hamas antes de que se ejecutaran, y como prueba citan tres hechos ocurridos poco antes del «Diluvio» y revelados recientemente.

El primero fue lo que publicó el diario israelí Haaretz en un reportaje, según el cual el presidente de los Emiratos Árabes Unidos, Mohamed bin Zayed, advirtió al primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, unos diez días antes del ataque del 7 de octubre, de que el mártir Yahya Sinwar planeaba una gran operación militar; según el diario, los Emiratos temían que esta operación provocara un amplio derramamiento de sangre, desestabilizara la región y perjudicara los Acuerdos de Abraham.

El segundo hecho es lo que reveló la revista The Atlantic: que el entonces jefe de la inteligencia egipcia, el general Abbas Kamel, visitó «Israel» once días antes del ataque y advirtió de que Hamas se preparaba para un gran ataque.

El tercero de los hechos que se citan es lo que reveló el exdirigente palestino Sufyan Abu Zaida: que el mártir Yahya Sinwar le pidió a mediados de septiembre de 2023 que transmitiera al lado israelí un mensaje de advertencia que decía: «Antes de que termine el mes de septiembre pondremos sobre la mesa unas cartas que provocarán un terremoto en el asunto de la negociación, y que se preparen para vaciar las cárceles».

Según muchos, todo lo anterior suscita interrogantes genuinos que apuntan, en parte, a un conocimiento israelí previo de lo que ocurrió en la mañana de aquel sábado decisivo, y a que «Israel», aunque no conociera los detalles exactos, tenía una idea general de que un acontecimiento único en su género tendría lugar en un plazo de tiempo determinado, y de que podía haber lanzado un amplio ataque preventivo contra Hamas para frustrar ese acontecimiento, si así lo hubiera querido.

En cualquier caso, después de tanto tiempo desde el lanzamiento del «Diluvio de Al Aqsa», y tras seguir esta batalla gloriosa de cerca, podemos creer que el enemigo sionista recibió efectivamente algunas de las advertencias mencionadas, pero no pudo obtener confirmaciones oficiales ni información documentada que le permitiera anticiparse a los acontecimientos o corregir la situación, y que la duda sobre la credibilidad de la información y las advertencias que recibió fue demasiado grande como para impulsarlo a adoptar medidas contrarias.

Esto refuerza la hipótesis de que cayó en la trampa del engaño que Hamas tejió con extraordinaria habilidad durante los años previos al lanzamiento del «Diluvio», ese «Diluvio» que cambió el rostro de la región y provocó un terremoto enorme cuyos resultados finales aún se están perfilando y cuyas amplias repercusiones siguen proyectando una densa sombra sobre la región y el mundo.

Resultados y repercusiones

Ahora que hemos superado el tercer año de la batalla del «Diluvio de Al Aqsa», podemos percibir un amplio conjunto de resultados y repercusiones, que no son todavía definitivos, pues la batalla no ha terminado y, a nuestro juicio, sigue en su tercera fase, una fase extremadamente delicada por la ambigüedad que la rodea y por la escasez de opciones, tanto internacionales como palestinas, que puedan contribuir a poner fin a la guerra por completo.

Entre los resultados directos del «Diluvio de Al Aqsa» figura un número sin precedentes de muertos sionistas que, según muchas estadísticas no oficiales, alcanzó cerca de seis mil muertos entre soldados y colonos sionistas, caídos en el ataque sorpresa de la mañana del 7 de octubre y en los enfrentamientos posteriores a lo largo de los meses de guerra; una parte de ellos cayó en el frente libanés de apoyo que Hizbullah abrió el segundo día del comienzo de la batalla, y otra a consecuencia de la respuesta iraní a la agresión sionista-estadounidense.

A ello se suman unos 30 mil heridos y afectados, más de la mitad de los cuales sufrieron enfermedades psicológicas.

Además de esta gran cifra de muertos y heridos israelíes, la guerra provocó un fuerte descenso de la confianza del público israelí en el Gobierno y en las instituciones del «Estado», e incluso en todas las consignas que se enarbolaban desde la creación del Estado hace casi setenta y ocho años, lo cual derivó, entre otras consecuencias, en una emigración inversa desde «Israel» hacia el exterior, que algunos centros de investigación estimaron en 800 mil emigrantes.

En el plano económico, la batalla ocasionó enormes pérdidas económicas israelíes: el coste de la guerra contra Gaza durante los tres últimos años se estimó en unos 112 mil millones de dólares, a lo que se sumaron el colapso y la quiebra de cientos de empresas y la fuga de cientos de capitalistas que aportaban buena parte de la financiación del tesoro del «Estado», además de un aumento muy considerable de las tasas de desempleo, lo que amenaza más adelante con hacer entrar a la economía israelí en una fase catastrófica de contracción y recesión, pese al enorme apoyo que «Israel» recibe de sus aliados en todo el mundo.

En el plano palestino, los resultados directos fueron también enormes y desastrosos: a pesar de la magnitud del logro de la mañana del día del «Diluvio», el volumen sin precedentes de las pérdidas supuso un golpe doloroso para todos los habitantes de la Franja, que afrontaron una guerra feroz que no dejó nada en pie y lo arrasó todo como no había ocurrido en ninguna ocasión anterior.

En cuanto a las pérdidas humanas, la agresión israelí, que comenzó en la noche del 7 de octubre, causó cerca de cien mil mártires palestinos; los informes oficiales del Ministerio de Salud palestino documentaron unos 74 mil de ellos, mientras que más de 30 mil permanecieron en la categoría de desaparecidos, pues sus cuerpos quedaron sepultados bajo los escombros de los edificios destruidos y las viviendas demolidas.

A este enorme número de mártires palestinos se suman unos ciento setenta mil heridos y afectados, un gran número de los cuales sufrió amputaciones de extremidades, así como heridas y fracturas de extrema gravedad.

En el plano económico, la Franja de Gaza sufrió pérdidas cuantiosas, que alcanzaron cientos de miles de millones de dólares, además de una enorme destrucción de la estructura económica; el valor de las pérdidas ascendió a unos 71 mil millones de dólares, lo que equivale al valor de la producción de la Franja durante 20 años.

Según estudios de la ONU, tras tres años de guerra la Franja quedó convertida en un montón de escombros a la vista de la enorme destrucción de las unidades de vivienda, los establecimientos comerciales e industriales y las infraestructuras: la guerra destruyó cerca del 92 por ciento de las casas, las viviendas y las zonas urbanas, 725 pozos de agua, 700 kilómetros de redes de agua y cinco mil 100 kilómetros de redes eléctricas, además de la única central eléctrica de la Franja, tres millones de metros lineales de carreteras y calles y más de un 80 por ciento de las torres de telecomunicaciones.

En cuanto a las repercusiones a corto y largo plazo, la batalla del «Diluvio de Al Aqsa» condujo a lo que podría llamarse una «derrota estratégica» sin precedentes para el «Estado» ocupante, cuyas repercusiones se extendieron a los distintos niveles: militar, de seguridad, político, económico y de posición internacional.

En el plano militar y de seguridad, puede observarse la erosión de la teoría de seguridad nacional israelí, basada en disuadir a los «enemigos», resolver las batallas con ellos en el menor tiempo posible y combatir fuera de las fronteras de la «patria».

Además, los aparatos de seguridad e inteligencia de la entidad hebrea recibieron una «conmoción enorme» por su rotundo fracaso a la hora de predecir el ataque o de hacerle frente en sus primeras horas, lo que condujo a una profunda crisis de confianza entre la sociedad y la institución de seguridad y militar.

Por otra parte, se aprecia una violenta sacudida en la inmunidad social: el ataque del «Diluvio» provocó una grave fractura en la cohesión de la sociedad israelí y suscitó debates intensos y sin precedentes sobre el destino del «Estado» y el futuro de la dirigencia política, en particular el futuro del Gobierno del criminal de guerra Benjamin Netanyahu.

Asimismo, la operación del «Diluvio de Al Aqsa» paralizó el tren de los proyectos regionales que estaban a punto de pasar de planes y estudios a hechos sobre el terreno, en especial los relativos a la normalización entre algunos países árabes y la entidad sionista, y causó un grave daño a los planes encaminados a redibujar el mapa de Medio Oriente según la visión israelí y estadounidense. Además de todo lo anterior, la posición internacional del «Estado» hebreo tuvo también su parte de las repercusiones del «Diluvio»: se registró un brusco descenso en los indicadores de su posición internacional y la pérdida de una parte considerable e importante de su relato tradicional, junto con el auge de las protestas mundiales contra ella y del boicot popular y oficial.

Conclusión

Podemos creer que la batalla del «Diluvio de Al Aqsa» logró una serie de objetivos estratégicos largamente esperados, que reordenó la escala de prioridades de muchos países de la región y del mundo, y que sus resultados finales previstos no serán sino favorables al oprimido pueblo palestino y a sus fuerzas combatientes y honorables.

También podemos creer que esta batalla histórica y única en su género provocó, o provocará, transformaciones geopolíticas importantes, no solo en la Franja de Gaza o en los territorios palestinos ocupados, sino en otras geografías de la región y del mundo, aunque ello requiera más tiempo.

Para concluir, confiamos en que esta batalla gloriosa, aunque sus pérdidas para los palestinos hayan sido hasta ahora mayores que sus logros, supuso unas pérdidas que pueden compensarse en próximas citas que consideramos más cercanas de lo que muchos creen.

En contrapartida, lo que algunos creen que es un «logro» israelí conseguido en muchos frentes no puede en modo alguno compensar la magnitud de las pérdidas que sufrió esta entidad advenediza, y esos logros tácticos se desvanecen pronto con el paso del tiempo, sobre todo cuando empiecen a manifestarse los resultados reales de esta batalla excepcional, resultados que, sin duda alguna, conducirán al colapso de esta entidad criminal y a su salida de la región, como ya creen muchos, para no volver jamás.

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