Se veía venir y no sólo desde la campaña. Es cuestión de comprender el perfil de los políticos para saber qué piensan y cómo van a actuar si llegan al gobierno.
Desde siempre, Andrés Manuel López Obrador ha tenido toda la traza de los dictadores, especialmente de los bananeros, de los tropicales: egolatría, dogmatismo, mesianismo, manipulación de las masas (aborregamiento), demagogia, propagandismo, populacherismo y uso represivo del aparato público.
Con ese perfil, ¿alguien esperaba algo distinto de tan funesto personaje? Para colmo, AMLO ha echado a andar toda una cruzada política con tintes cristianos, para robustecer aún más la manipulación de las masas, ya que éstas son proclives a la aceptación y al consumo de rollos mágico-religiosos.
AMLO es un vil fanático religioso, pentecostal o algo parecido, que ha sabido sacar provecho de la mitología cristiana que, dicho sea de paso, impusieron por estos lares los conquistadores españoles que él tanto critica y rechaza. No pidan lógica: los fanáticos no la tienen.
Le vale madre el Estado Laico, está claro: para él la religión es parte fundamental de su estrategia política. “Gobernar consiste en hacer creer”, sostuvieron Bacon y Maquiavelo. Si el gobernante consigue que las masas “le crean”, tiene el camino asegurado. Y si, además, el gobernante limosnea a esas masas… ¡lotería!
Los populismos hallan su sostén en las masas idiotas que se creen beneficiadas por las medidas de un líder redentorista. Las masas idiotas nada entienden de “causas reales” ni de “largos plazos”: por eso los regímenes populistas terminan como la Venezuela chavista. Lo malo es que la gente descubre sus errores muy tarde.
Y parte sustancial de las tiranías, de las dictaduras, de las autocracias, es que el gobernante se vuelve la medida de todas las cosas: el Estado de Derecho, la cultura de la legalidad, el imperio de la ley, son cosas que no le importan… “¡El Estado soy yo, la Ley soy yo, el Pueblo soy yo, la Justicia soy yo!”… Y los pendejos le creen…
El tirano López Obrador ya llegó a este punto, como era de esperarse. Lo patético del asunto es que, aun teniendo bajo su control al Congreso de la Unión y a las entidades federativas necesarias, no ha sido capaz de avanzar a sus anchas… ¡y por eso debe recurrir a medidas arbitrarias y caprichosas!
Ahí está su reciente memorándum para “dejar sin efecto” la Reforma Educativa del sexenio anterior; un memorándum carente de legalidad y que sólo han defendido sus cortesanos eunucos.
Ante los cuestionamientos certeros y agudos que exhiben su desaseo jurídico, al dictador López Obrador no le ha quedado más que decir que debemos inclinarnos por la justicia, cuando entre ésta y la ley exista conflicto.
Y, obvio, queda claro que la vara de la justicia es el caprichoso y despótico “dedito” de López Obrador.
Sí, por supuesto… ¡fue un error votar por Obrador!
Facebook: Carlos Arturo Baños Lemoine
Twitter: @BanosLemoine
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