
Torturas
de niños cortadas las muñecas de sus bracitos hasta matarlos
y
comerlos
Econ.
Juan Verástegui Vásquez
2020
Confesamos, que nos cuesta muchísimo
trabajo y, hasta diríamos, muchos sacrificios transcribir lo que a Bartolomé de las Casas le impuso el deber de su conciencia y de los ayes lastimeros
postreros, de nuestros antepasados, describir las atrocidades y crueldades
cometidas por los españoles en contra de nuestros incas. Relata, él, que la
enormidad de la crueldad acontecida, descrita acá, es insignificante frente a
los hechos verdaderamente cometidos. Dice él, también, que cada mil hechos
cometidos uno se encuentra narrado.
Duele, hiere y hasta mata en vida conocer
la brutalidad y el ensañamiento perpetrado por los colonizadores españoles en
contra de los incas. “Mil veces” retomé este artículo por no querer abordarlo
por mi incredulidad de lo que estaba leyendo. Confieso que a Bartolomé de las
Casas le ha debido costar penoso sacrificio escuchar y ver como se sacrificada
a tantísimos indefensos indios en las hogueras vivas, avivadas con fuego de los
mismos inclementes españoles.
Frente a estos hechos es absolutamente
necesario e impostergable conocer esta realidad y sobre estos escombros
borrascosos “temporales”, remontarnos y trascender más allá de estas miserias.
Somos mucho más que nuestros problemas de
ayer, de hoy y de siempre. Somos herederos de una cultura inca inigualable que
construyeron grandes emporios como Machupicchu (Maravilla mundial); que
descollaron hasta la cima de la ciencia médica, orgullo de todos los tiempos y
de todos los espacios; de una organización social inigualable; un sistema
agrícola de gran productividad donde ¡NUNCA EXISTIÓ EL HAMBRE!. En fin,
somos depositarios de un ayer que admira el mundo.
Nuestros emprendimientos, inventos,
esfuerzos y sacrificios de peruanos, de hoy, son el verdadero motor de
crecimiento de la economía interna. Del total del PBI solo la cuarta parte se
exporta, lo que quiere decir que las tres cuartas partes (75%) se comercia en
las fronteras nacionales. De la inversión total en el país el 28% es extranjera
significando, entonces, que el 72% es doméstica. El gran emporio de Gamarra
solo el 2% de su producción se exporta, significando que, casi, el cien por
ciento se comercia internamente.
Retomando el tema, la certidumbre y
veracidad de su relato, de Bartolomé de las Casas, no deviene de “lo que a
él le contaron” sino “él presenció las inclemencias de las torturas de
niños cortadas las muñecas de sus bracitos hasta matarlos”.
Probablemente se dirá que por la veracidad
y fiel reflejo de sus atrocidades cometidas no debería tocarse el tema por
temor a despertar la sensibilidad y dañar la psiquis de quienes admitan que son
hechos de “impacto psicológico” muy fuerte, o dirán otros que existe ya “todas
las sangres” y debemos olvidar. Pero, también, “esconder” estos acontecimientos
acarrea penosos lastres arrastrados desde entonces de consecuencias
incalculables expresadas, hoy, en hambres, miserias y muertes por hambre que es
tan detestable que entonces.
Enfréntense, entonces, renglones, y le
decimos, a este capítulo, que vaya y convenza que la única forma de superarnos
y superar nuestro atraso, miseria y muerte es reconocer que “Lo pasado es la raíz
de lo presente. Ha de saberse lo que fue, porque lo que fue está en lo que es”
Bartolomé
de las Casas
“Brevísima
relación de la destrucción de las Indias”
Durante los primeros 130 años tras de la
llegada de Cristóbal Colón, Henry Farmer Dobyns y Jared Diamond
determinan una disminución de hasta el 95% de la población total de
América. A esa fecha la población total ascendía a 54 millones y tan
sólo quedaron 2.7 millones, con un exterminio de 51.3 millones. Aducen algunos
que fue consecuencia de epidemias. Sin embargo, se deduce, por lo expresado por
Bartolomé de las Casas, fue obra de las matanzas ocurridas por los españoles y,
además, debemos corroborar que siendo, también, invadido EE.UU y por ese mismo
periodo, por Cristobal Colón, no tuvieron muertes por estas epidemias y en
ninguna parte, el autor, hace mención de muertes ajenas a las cometidas por los
españoles.
He aquí lo descrito, por Bartolomé de las Casas.
{cuando se refieren a los indios, dice} Su
comida es tal que la de los Santos Padres en el desierto no parece haber sido
más estrecha ni menos deleitosa ni pobre. Sus vestidos comúnmente son en
cueros, cubiertas sus vergüenzas, y cuando mucho cúbrense con una manta de
algodón que será como vara y media o dos varas de lienzo en cuadra. Sus camas
son encima de una estera y cuando mucho duermen en unas como redes colgadas. Son
eso mesmo de limpios y desocupados y vivos entendimientos; muy capaces y
dóciles para toda buena doctrina, aptísimos para recibir nuestra santa fe
católica y ser dotados de virtuosas costumbres. “Cierto, estas gentes eran las
más bienaventuradas del mundo si solamente conocieran a Dios”.
Todas estas cosas están probadas con muchos
testigos, inclusive, por el fiscal del Consejo de las Indias, y la probanza
está en el mesmo Consejo y nunca quemaron vivos a ningunos destos tan nefandos
tiranos {referido a que los indios hayan quemado vivos a los españoles} . Y no
es nada lo que está probado con los grandes estragos y males {que han hecho los
españoles}.
Y porque son tantas las particularidades
que en estas matanzas y perdiciones de aquellas gentes ha habido, que en mucha
escritura no podrían caber (porque en verdad que creo que por mucho que dijese
no pueda explicar de mil partes una) sólo quiero en lo de las guerras susodichas
concluir con decir y afirmar que en Dios y en mi conciencia que tengo por
cierto que para hacer todas las injusticias y maldades dichas y las otras que
dejo y podría decir, no dieron más causa los indios ni tuvieron más culpa que
podrían dar o tener un convento de buenos y concertados
religiosos para roballos (robarles) y matallos (matarlos) y los que de la
muerte quedasen vivos ponerlos en perpetuo cativerio y servidumbre de esclavos
Y más afirmo:
que hasta que todas las muchedumbres de gentes de aquella isla fueron muertas y
asoladas (que pueda yo creer y conjeturar) no cometieron contra los cristianos
{españoles} un sólo pecado mortal que fuese punible por hombres. {los indios no
cometieron contra los españoles un solo pecado mortal que fuera penado}. {los
españoles}
Bartolomé de las Casas (Sevilla, 1474 o 1484-Madrid, julio de 1566) fue un
encomendero español y luego fraile dominico, cronista, teólogo, filósofo,
jurista, obispo de Chiapas (en aquel entonces, territorio bajo jurisdicción de
la Capitanía General de Guatemala) y escritor.
https://enriquedussel.com/txt/Textos_200_Obras/PyF_siglo_XVI/Brevisima_relacion-Bartolome_Casas.pdf
Han perdido todo temor a Dios y al Rey, y
se han olvidado de sí mesmos, porque son tantos y tales los estragos y
crueldades, matanzas y destruiciones, despoblaciones, robos, violencias y
tiranías, y en tantos y tales reinos de la gran tierra firme que todas las
cosas que hemos dicho son nada en comparación de las que se hicieron, pero aunque
las dijéramos todas, que son infinitas las que dejamos de decir, no son
comparables ni en número ni en gravedad
En la isla Española, que fue la primera,
como dijimos, donde entraron cristianos y comenzaron los grandes estragos y
perdiciones de estas gentes y que primero destruyeron y despoblaron, comenzando
los cristianos a tomar las mujeres e hijos a los indios para servirse y para
usar mal dellos y comerles sus comidas que de sus sudores y trabajos salían,
no contentándose con lo que los indios les daban de su grado conforme a la
facultad que cada uno tenía, que siempre es poca, porque no suelen tener más de
lo que ordinariamente han menester y hacen con poco trabajo, y lo que basta para
tres casas de a diez personas cada una para un mes, come un cristiano y
destruye en un día, y otras muchas fuerzas y violencias y vejaciones que les
hacían, comenzaron a entender los indios que aquellos hombres no debían de
haber venido del cielo. Algunos {indios] escondían sus comidas, otros sus
mujeres e hijos, otros huíanse a los montes por apartarse de gente de tan dura
y terrible conversación. Los cristianos dábanles de bofetadas y de palos,
hasta poner las manos en los señores de los pueblos; y llegó esto a tanta
temeridad y desvergüenza que al mayor Rey {cacique} señor de toda la isla, un
capitán cristiano, español, le violó por fuerza su propia mujer. El reino del
Marién cuyo rey se llamaba Guacanagarí {indio, dirigente], y les hizo tan suave
y gracioso recibimiento y socorro y aviamiento {a los españoles} que en su
misma patria y de sus mismos padres no lo pudiera recebir mejor. Este rey
{indio} murió huyendo de las matanzas y crueldades de los cristianos
{españoles}, destruido y privado de su estado, por los montes perdido. Todos
los otros señores súbditos suyos murieron en la tiranía y servidumbre. El
cuarto reino es el que se llamó de Jaraguá, aquí llegó una vez el gobernador
con sesenta de caballo y más trecientos peones, y llegáronse más de trecientos
señores, hizo meter dentro de una casa de paja muy grande los más señores por
engaño, y metidos les mandó poner fuego y los quemaron vivos. A todos los otros
alancearon y metieron a espada con infinita gente, y a la señora Anacaona, por
hacelle honra, ahorcaron. Y acaecía algunos cristianos, o por piedad o por
cudicia tomar algunos niños para
mamparallos, no los matasen, y poníanlos a las ancas de los caballos; venía
otro español por detrás y pasábalo con su lanza. Otro, si estaba el niño en el
suelo, le cortaba las piernas con el espada. Alguna gente que pudo huir desta
tan inhumana crueldad pasáronse a una isla pequeña que está cerca de allí ocho
leguas en la mar, y el dicho gobernador condenó a todos estos que allí se
pasaron que fuesen esclavos porque huyeron de la carnicería.
Fuente: Bartolomé de las Casas-Metieron a todos en un cuarto de paja
y prendieron fuego
hasta matarlos
a todos
El quinto reino se llamaba Higüey, y
señoreábalo una reina vieja que se llamó Higuanamá. A ésta ahorcaron, y fueron
infinitas las gentes que yo vide quemar vivas y despedazar y atormentar por
diversas y nuevas maneras de muertes y tormentos y hacer esclavos todos los que
a vida tomaron. Y más afirmo: que hasta que todas las muchedumbres de gentes de
aquella isla fueron muertas y asoladas (que pueda yo creer y conjeturar) no
cometieron contra los cristianos un sólo pecado mortal que fuese punible por
hombres.
{los españoles escogían a} los mancebos y
mujeres y niños, repartiéronlos entre sí, dando a uno treinta, a otro cuarenta,
a otro ciento y docientos (según la gracia que cada uno alcanzaba con el tirano
mayor, que decían gobernador), y así repartidos a cada cristiano dábanselos con
esta color: que los enseñase en las cosas de la fe católica, siendo comúnmente
todos ellos idiotas y hombres crueles, avarísimos y viciosos, haciéndolos curas
de ánimas. Y la cura o cuidado que dellos tuvieron fue enviar los hombres a las
minas a sacar oro, que es trabajo intolerable, y las mujeres ponían en las
estancias, que son granjas, a cavar las labranzas y cultivar la tierra, trabajo
para hombres muy fuertes y recios
No daban a los unos ni a las otras de comer
sino yerbas y cosas que no tenían sustancia; sacábaseles la leche de las tetas
a las mujeres paridas, y así murieron en breve todas las criaturas; y por estar
los maridos apartados, que nunca vían a las mujeres, cesó entre ellos la
generación. Murieron ellos en las minas de trabajos y hambre, y ellas en las
estancias o granjas de lo mesmo, y así se acabaron tantas y tales multitúdines
de gentes de aquella isla, y así se pudiera haber acabado todas las del mundo.
Decir las cargas que les echaban de tres y cuatro arrobas, y los llevaban
ciento y docientas leguas (no les daban que comer y a las mujeres que daban de
lactar les sacanban su leche para que murieran los niños- y estando los maridos
lejos en los socabones minas diezmaron la población).
Y los mesmos cristianos se hacían llevar en
hamacas, que son como redes, a cuestas de los indios, porque siempre usaron
dellos como de bestias para cargas. Tenían mataduras en los hombros y espaldas
de las cargas, como muy matadas bestias Decir asimesmo los azotes, palos,
bofetadas, puñadas, maldiciones y otros mil géneros de tormentos que en los
trabajos les daban, en verdad que en mucho tiempo ni papel no se pudiese
decir, y que fuese para espantar los hombres. Que en todas las partes de las
Indias donde han ido y pasado cristianos siempre hicieron en los indios todas
las crueldades susodichas y matanzas y tiranías y opresiones abominables en
aquellas inocentes gentes, y añidían muchas más y mayores y más nuevas maneras
de tormentos, y más crueles siempre fueron, porque los dejaba Dios más de golpe
caer y derrocarse en reprobado juicio o sentimiento. Los españoles, con el fin
y propósito que fueron a la Española, {nombre de una ciudad en América que los
españoles pusieron} los cuales hicieron y cometieron los grandes insultos y
pecados susodichos, y añidieron muchas señaladas y grandísimas
crueldades más, matando y quemando y asando y echando a perros bravos, y
después oprimiendo y atormentando y vejando en las minas y en los otros
trabajos hasta consumir y acabar todos aquellos
infelices inocentes, que había en las dichas dos islas más de seiscientas
mil ánimas, y creo que más de un cuento, y no hay hoy en cada una docientas
personas, todas perecidas sin fe y sin sacramentos.
Fuente: Bartolomé de las Casas-acabar
todos aquellos infelices inocentes,
De la isla de Cuba Un cacique y señor muy
principal que por nombre tenía Hatuey, que se había pasado de la isla Española
a Cuba con mucha de su gente por huir de las calamidades e inhumanas obras de
los cristianos, y estando en aquella isla de Cuba. Una vez saliéndonos a
recebir con mantenimientos y regalos diez leguas de un gran pueblo y llegados
allá nos dieron gran cantidad de pescado y pan y comida, con todo lo que más
pudieron. Súbitamente se les revistió el diablo a los cristianos, y meten a
cuchillo en mi presencia (sin motivo ni causa que tuviesen) más de tres mil
ánimas que estaban sentados delante de nosotros, hombres y mujeres y niños.
Allí vide tan grandes crueldades que nunca los vivos tal vieron ni pensaron
ver.
Fuente: Bartolomé
de las Casas-a los españoles les dieron que comer, a pesar de todo
sacan su cuchillo y los matan
Después de que todos los indios de la
tierra desta isla fueron puestos en la servidumbre y calamidad de los de la
Española, viéndose morir y perecer sin remedio, todos comenzaron unos a huir a
los montes; otros a ahorcarse de desesperados, y ahorcábanse maridos y mujeres
y consigo ahorcaban los hijos, y por las crueldades de un español muy tirano
que yo conocí se ahorcaron más de docientos indios. Pereció desta manera infinita gente. Oficial
del Rey hobo en esta isla que le dieron de repartimiento trecientos indios y a
cabo de tres meses había muerto en los trabajos de las minas los docientos y
setenta, que no le quedaron de todos sino treinta, que fue el diezmo. Después
le dieron otros tantos y más y también los mató, y dábanle y más mataba, hasta
que se murió y el diablo le llevó el alma En tres o cuatro meses, estando yo
presente, murieron de hambre por llevalles los padres y las madres a las minas
más de siete mil niños los indios que estaban por los montes, donde hicieron
estragos admirables, y así asolaron y despoblaron toda aquella isla, la cual
vimos agora poco ha y es una gran lástima y compasión verla yermada y hecha
toda una soledad.
Éste despobló desde muchas leguas arriba
del Darién hasta el reino y provincias de Nicaragua inclusive, que son más de
quinientas leguas, y la mejor y más felice y poblada tierra que se cree haber
en el mundo, donde había muy muchos grandes señores, infinitas y grandes
poblaciones, grandísimas riquezas de oro, porque hasta aquel tiempo en ninguna
parte había parecido sobre la tierra tanto, porque aunque de la isla Española
se había henchido casi España de oro y de más fino oro, pero había sido sacado
con los indios de las entrañas de la tierra de las minas dichas, donde, como se
dijo, murieron.
Este gobernador y su gente inventó nuevas
maneras de crueldades y de dar tormentos a los indios por que descubriesen y
les diesen oro. Capitán hubo suyo que en una entrada que hizo por mandado dél
para robar y extirpar gentes mató sobre cuarenta mil ánimas, que vido por sus
ojos un religioso de San Francisco que con él iba que se llamaba Fray Francisco
de San Román, metiéndolos a espada, quemándolos vivos y echándolos a perros
bravos y atormentándolos con diversos tormentos.
Juntáronse muchos indios e iban tras los
cristianos peleando, por el ansia de sus mujeres e hijas; y viéndose los
cristianos apretados, no quisieron soltar la cabalgada, sino meten las espadas
por las barrigas de las muchachas y mujeres, y no dejaron de todas ochenta una
viva. Los indios, que se les rasgaban las entrañas de dolor, daban gritos y
decían: “Oh, malos hombres, crueles cristianos, ¿a las iras matáis?”. Ira
llaman en aquella tierra a las mujeres, cuasi diciendo: “Matar las mujeres
señal es de abominables y crueles hombres bestiales”.
A diez o quince leguas de Panamá estaba un
gran señor que se llamaba Paris, y muy rico de oro. Fueron allá los cristianos
y recibiólos como si fueran hermanos suyos, y presentó al capitán cincuenta mil
castellanos {unidad de medida de oro} de su voluntad. El capitán y los
cristianos parecióles que quien daba aquella cantidad de su gracia que debía de
tener mucho tesoro, que era el fin y consuelo de sus trabajos; disimularon y
dicen que se quieren partir, y tornan al cuarto del alba y dan sobre seguro en
el pueblo, quémanlo con fuego que pusieron, mataron. Por manera que no hay hoy
vestigio ni señal de que haya habido allí pueblo ni hombre nacido, teniendo
treinta leguas llenas de gente de señorío. Déstas no tienen cuento las matanzas
y perdiciones que aquel mísero hombre, con su compañía, en aquellos reinos que
despobló hizo.
De la provincia de Nicaragua
El año de mil y quinientos y veinte y dos o
veinte y tres pasó este tirano a sojuzgar la felicísima provincia de
Nicaragua, el cual entró en ella en triste hora. Desta provincia y cuanto les
era posible toleraban las tiranías y servidumbre de los cristianos {españoles},
y porque de su natura era gente muy mansa y pacífica, hízoles aquel tirano con
sus tiranos compañeros que fueron con él (todos los que a todo el otro reino le
habían ayudado a destruir) tantos daños, tantas matanzas, tantas crueldades,
tantos cativerios y sinjusticias que no podría lengua humana decirlo.
Por manera que tenían los españoles dentro
de sus mesmas casas todos los indios: señores, viejos, mujeres y niños, y a
todos hacen que les sirvan noches y días sin holganza; hasta los niños, cuan
presto pueden tenerse en los pies, los ocupaban en lo que cada uno puede hacer
y más de lo que puede, y así los han consumido y consumen hoy los pocos que
han restado, no teniendo ni dejándoles tener casa ni cosa propia, en lo cual
aun exceden a las injusticias en este género que en la Española se hacían
Han fatigado y opreso y sido causa de su
acelerada muerte de muchas gentes en esta provincia, haciéndoles llevar la
tablazón y madera de treinta leguas al puerto para hacer navíos, y enviallos a
buscar miel y cera por los montes, donde los comen los tigres, y han cargado y
cargan hoy las mujeres preñadas y paridas como a bestias. Como los indios
comúnmente no tienen esclavos, cuando mucho un cacique tiene dos o tres o
cuatro, iban los señores por su pueblo y tomaban lo primero todos los
huérfanos, y después pedía a quien tenía dos hijos uno, y quien tres, dos; y
desta manera cumplía el cacique el número que el tirano le pedía, con grandes
alaridos y llantos del pueblo, porque son las gentes que más parece que aman a
sus hijos.
Por las guerras infernales que los
españoles les han hecho y por el cativerio horrible en que los pusieron, más
han muerto de otras quinientas y seiscientas mil personas hasta hoy, y hoy los
matan.
De la Nueva España
En el descubrimiento se hicieron grandes
escándalos en los indios y algunas muertes por los que la descubrieron. En el
año de mil y quinientos y diez y ocho la fueron a robar y a matar los que se
llaman cristianos. Y comienzan con las espadas desnudas a abrir aquellos
cuerpos desnudos y delicados y a derramar aquella generosa sangre, que uno no
dejaron a vida. Lo mesmo hicieron los otros en las otras plazas
Fuente: Bartolomé de las Casas-Les robaban
y luego les mataban
Y otro día llama al señor principal y otros
muchos señores, y venidos como mansas ovejas, préndelos todos y dice que le den
tantas cargas de oro. Responden que no lo tienen, porque aquella tierra no es
de oro. Mándalos luego quemar vivos, sin otra culpa, ni otro proceso ni
sentencia. y entraron los españoles y en obra de dos horas casi lo asolaron,
metiendo a espada los niños y mujeres y viejos, con cuantos matar pudieron que
huyendo no se escaparon. dentro en los
hoyos, y así las mujeres preñadas y paridas y niños y viejos y cuantos podían
tomar, echaban en los hoyos hasta que los henchían traspasados por las estacas,
que era una gran lástima de ver, especialmente las mujeres con sus niños.
Todos los demás mataban a lanzadas y a cuchilladas, echaban a los perros bravos
que los despedazaban y comían; y cuando algún señor topaban, por honra
quemábanlo en vivas llamas. Estuvieron en estas carnicerías.
Cuando iba a hacer guerra a algunos
pueblos o provincias llevaba de los ya sojuzgados indios cuantos podía, que hiciesen
guerra a los otros, y como no les daba de comer a diez y a veinte mil hombres
que llevaba, consentíales que comiesen a los indios que tomaban Y así había en su real solenísima carnecería
de carne humana, donde en su presencia se mataban los niños y se asaban, y
mataban el hombre por solas las manos y pies, que tenían por los mejores
bocados. Y con estas inmanidades, oyéndolas todas las otras gentes de las
otras tierras, no sabían dónde se meter de espanto. {a los niños los asaban y
luego los comían. La parte de los las manos y los pies eran los mejores
bocados}
Fuente: Bartolomé
de las Casas-Comían carne humana; las manos y los pies de los niños eran
los mejores bocados
Descasaba y orbaba los casados, tomándoles
las mujeres y las hijas, y dábalas a los marineros y soldados por tenellos
contentos para llevallos en sus armadas: henchía los navíos de indios, donde
todos perecían de sed y hambre. Y es verdad que si hobiese de decir en
particular sus crueldades hiciese un gran libro que al mundo espantase.
Cometieron tan grandes males, tantos
pecados, tantas crueldades, robos y abominaciones que no se podrían creer, con
las cuales pusieron toda aquella tierra en tan última despoblación que si
Dios no les atajara con la resistencia de los religiosos de San Francisco. Hobo
hombre de aquellos de la compañía déste que para cercar de pared una gran
huerta suya traía ocho mil indios trabajando sin pagalles nada ni dalles de
comer, que de hambre se caían muertos súpitamente, y él no se daba por ello
nada.
Llegó a la provincia de Mechuacán, que es
cuarenta leguas de México, otra tal y tan felice y tan llena de gente como la
de México, saliéndole a recebir el rey {cacique} y señor della con procesión de
infinita gente, y haciéndole mil servicios y regalos. Prendió luego al dicho
rey, porque tenía fama de muy rico de oro y plata, y porque le diese muchos
tesoros comienza a dalle estos tormentos el tirano: pónelo en un cepo por los
pies, y el cuerpo extendido y atado por las manos a un madero, puesto un
brasero (cepo Trampa para cazar animales que consiste en dos piezas, generalmente
de madera y armadas con puntas de hierro, con un dispositivo que hace que se
cierren aprisionando al animal cuando este lo toca por los pies, y el cuerpo
extendido y atado por las manos a un madero, puesto un brasero) junto a los
pies, y un muchacho con un hisopillo mojado en aceite de cuando en cuando se
los rociaba para tostalle bien los cueros; de una parte estaba un hombre cruel
que se llamaba cristiano con una ballesta armada apuntándole al corazón; de
otra, otro con un muy terrible perro bravo, echándoselo, que en un credo lo
despedazara. Y así lo atormentaron porque descubriese los tesoros que
pretendía.
Fuente: Bartolomé de las Casas-los quemaban
vivos en braseros.
Quemaba los pueblos, prendía los caciques,
dábales tormentos, hacía cuantos tomaba esclavos; llevaba infinitos atados en
cadenas. Las mujeres paridas, yendo cargadas con cargas que de los malos
cristianos llevaban, no pudiendo llevar las criaturas por el trabajo y flaqueza
de hambre, arrojábanlas por los caminos, donde infinitas perecieron. Un mal
cristiano, tomando por fuerza una doncella para pecar con ella, arremetió la
madre para se la quitar: saca un puñal o espada y córtale una mano a la madre,
y a la doncella, porque no quiso consentir, matóla a puñaladas.
No bastaría a creer nadie ni tampoco a
decirse los particulares casos de crueldades que allí se han hecho. Sólo diré
dos o tres que me ocurren. Como andaban los tristes españoles con perros bravos
buscando y aperreando los indios, mujeres y hombres, una india enferma, viendo
que no podía huir de los perros que no la hiciesen pedazos como hacían a los
otros, tomó una soga y atóse al pie un niño que tenían de un año y ahorcóse de
una viga. Y no lo hizo tan presto que no llegaron los perros y despedazaron el
niño, aunque antes que acabase de morir lo batizó un fraile.

Fuente: Bartolomé de las Casas-antes que
muera se acerca un fraile para bautizarle
Cuando se salían los españoles de aquel
reino dijo uno a un hijo de un señor de cierto pueblo o provincia que se fuese
con él; dijo el niño que no quería dejar su tierra. Responde el español: “Vente
conmigo, si no, cortarte he las orejas”. Dice el muchacho que no. Saca un puñal
y córtale una oreja y después la otra. Y diciéndole el muchacho que no quería
dejar su tierra, córtale las narices, riendo y como si le diera un repelón no
más. Este hombre perdido se loó y jactó delante de un venerable religioso
desvergonzadamente, diciendo que trabajaba cuanto podía por empreñar muchas
mujeres indias, para que vendiéndolas preñadas por esclavas le diesen más
precio de dinero por ellas.
En este reino, o en una provincia de la
Nueva España, yendo cierto español con sus perros a caza de venados o de
conejos un día, no hallando qué cazar parecióle que tenían hambre los perros, y
toma un muchacho chiquito a su madre y con un puñal córtale a tarazones
[pedazos] los brazos y las piernas, dando a cada perro su parte, y después de
comidos aquellos tarazones, échales todo el corpecito en el suelo a todos
juntos.
Suelen decir los indios en aquella tierra
cuando los fatigan llevándolos con cargas por las sierras, si caen y desmayan
de flaqueza y trabajo, porque aquí les dan de coces y palos y les quiebran los
dientes con los pomos de las espadas, porque se levanten y anden sin resollar:
“Andá, que sois malos; no puedo más; matáme aquí, que aquí quiero quedar
muerto”.
Estamos enhastiados de contar tantas y tan
execrables y horribles y sangrientas obras, no de hombres, sino de bestias
fieras, y por eso no he querido detenerme en contar más de las siguientes.
No obstante todo esto, lo condenaron a
quemar vivo, aunque después rogaron algunos al capitán que lo ahogasen, y
ahogado lo quemaron. Sabido por él dijo: “¿Por qué me quemáis, qué os he hecho?
¿No me prometistes de soltar dándoos el oro? ¿No os di más de lo que os
prometí? Pues que así lo queréis, enviame a vuestro rey de España”. Y otras
muchas cosas dijo, para gran confusión y detestación de la gran injusticia de
los españoles, y, en fin, lo qemaron.
Y acaeció allí que un clérigo que se llama
Ocaña sacó un muchacho del fuego en que se quemaba, y vino allí otro español y
tomóselo de las manos y lo echó en medio de las llamas, donde se hizo ceniza
con los demás
Yo afirmo que yo mesmo vi ante mis ojos a
los españoles cortar manos, narices y orejas a indios e indias sin propósito,
sino porque se les antojaba hacerlo, y en tantos lugares y partes que sería
largo de contar. Y yo vi que los españoles les echaban perros a los indios para
que los hiciesen pedazos, y los vi así aperrear a muy muchos. Asimesmo vi yo
quemar tantas casas y pueblos que no sabría decir el número, según eran muchos.
Asimesmo es verdad que tomaban niños de teta por los
brazos y los echaban arrojadizos cuanto podían, y otros desafueros y
crueldades sin propósito que me ponían espanto, con otras innumerables que vi
que serían largas de contar.

Fuente: Bartolomé de las Casas-yo vi ante
mis ojos, a los españoles, cortar manos, narices
El tirano dijo que se lo pidiesen por
justicia ante él mesmo; pidiéronlo así por demanda, acusando al dicho rey de la
tierra; él dio sentencia condenándolo a tormentos si no diese la casa de oro.
Danle el tormento del trato de cuerda161, échanle sebo ardiendo en la barriga,
pónenle a cada pie una herradura hincada en un palo y el pescuezo atado a otro
palo y dos hombres que le tenían las manos, y así le pegaban fuego a los pies y
entraba el tirano de rato en rato y le decía que así lo había de matar poco a
poco a tormentos si no le daba el oro. Atormentando con diversos y fieros
tormentos cada uno al cacique y señor del pueblo o pueblos que tenían
encomendados, estándoles sirviendo los dichos señores con todas sus gentes y
dándoles oro y esmeraldas y cuanto podían y tenían, y sólo los atormentaban porque
les diesen más oro y piedras de lo que les daban. Y así quemaron y despedazaron
todos los señores de aquella tierra.
En mi conciencia que según creo y tengo por
cierto que tantas son las perdiciones, daños, destruiciones, despoblaciones,
estragos, muertes y muy grandes crueldades horribles y especies feísimas
dellas, violencias, injusticias y robos y matanzas que en aquellas gentes y
tierras se han hecho (y aún se hacen hoy en todas aquellas partes de las
Indias) que en todas cuantas cosas he dicho y cuanto lo he encarecido, no he
dicho ni encarecido en calidad ni en cantidad de diez mil partes (de lo que se
ha hecho y se hace hoy) una.
Tengan todos por verdadera esta verdad con
las que arriba he afirmado, que después que se descubrieron las Indias hasta
hoy, nunca en ninguna parte dellas los indios hicieron mal a cristianos
{españoles} sin que primero hobiesen recebido males y robos y traiciones
dellos

Fuente:
Bartolomé de las Casas-les cortaban las muñecas de las manos.
No
dejaron piedra sobre piedra del
Gran
imperio incaico
El portentoso
sistema de “Nuestro gran imperio incaico” se expresó en un auténtico desarrollo
extraordinario de la ciencia y tecnología, de su alta organización
administrativa, de su sistema productivo, de su expansión de fronteras
agrícolas, de sus abonos, etc, etc. No nos referiremos, acá, de su vasta
organización imperial, que próximamente publicaremos. Solo nos limitaremos a
señalar algunos aspectos medulares.
En la metalurgia,
los incas se caracterizaron por una eficiente administración de los recursos
mineros. En sus distintas fases de elaboración y explotación, encontramos un
criterio riguroso de racionalidad para el manejo de los recursos mineros.
Diseñaron, con mucha rigurosidad, periodos estacionales de explotación; turnos
de trabajo; productividad y una muy sofisticada seguridad. En la metalurgia, el
imperio incaico, utilizó una variada forma de aleaciones, tales como los hornos
de fundición, sopladores de tubo de cobre, aleaciones de cobre y estaño, cobre
martillado en frio, instalaciones para el lavado del oro, la técnica del oro en
delgadas hojas, los vaciados de oro y plata en moldes con el método de cera
perdida y diversos métodos para la elaboración del dorado.
En la agricultura
desarrollaron “Los Andenes” y otras formas de siembra resultando en una
sobreproducción de alimentos que hasta les permitió almacenar en lugares que
conserven la cualidad de los alimentos. Merece recordar que ¡JAMÁS EXISTIÓ EL
HAMBRE! en el gran imperio incaico.
Ayllu, es una
palabra de origen quechua y aimara que significa: comunidad, linaje,
genealogía, género, parentesco, entre otros significados. Y se define como
descendientes de un pasado y antepasado común orientados a trabajar la tierra
de manera colectiva y solidaria. Constituyó la base y la esencia de la
organización social del imperio, tenían la concepción que descendían de un
pasado común lo que dio motivo a una unión solidaria muy fuerte por los lazos
de parentesco.
Minka, estilo de
trabajo comunitario en las faenas agrícolas “se ayudaban en tareas de campo en
forma comunitaria”, se tenía en consideración cuando un comunero tenía mucho
trabajo o, también, en caso de huérfanos, enfermos o viudas, lo mismo que
cuando no se podía cultivar ciertas especies necesarias, parte de la comunidad
se trasladaba para su complementación, esto era la minka.
Mita, sistema de
trabajo a favor del Estado, con una movilización multitudinaria de trabajadores
indígenas en labores de construcción de caminos, fortalezas, centros
administrativos, templos, acueductos, explotación de minas, etc. también
previeron la utilización de trabajos especiales como las labores de cargueros
del Sapa Inca, músicos, etc.
Ayni, consistía en
un sistema de trabajo de reciprocidad familiar entre los miembros del Ayllu,
consistía en la ayuda mutua entre los miembros de una familia del ayllu,
orientados a trabajos agrícolas y las construcciones de casas
Ama Sua, NO SEAS
LADRÓN, que tan bien hubiese, hoy, encajado este principio. Cinco son, hasta
hoy, los expresidentes consecutivos anteriores, embarrados hasta el cuello. Ama
Llulla no seas mentiroso y Ama Quella no seas flojo y son ahora principios de
la ONU, que nuestro vecino país de Bolivia (Evo Morales M.) fue el que presentó
la propuesta.
TREPANACIÓN DE CRÁNEOS, hoy, se requieren profundos conocimientos y alta especialización
hacer cirugía del cerebro, lo que se denomina “Craneotomía”. Fueron mucho más
allá en la era “Inca”. La “TREPANACIÓN CRÁNEAL”, de acuerdo a BBC, “Los
antepasados incas fueron los más expertos en trepanación, tenían una increíble
habilidad para realizar cirugías craneales”, diversos antropólogos
desarrollaron un ranking de los que mejor realizaban la práctica, concluyendo
que los trepanados, de alta complejidad, en el incanato tenían extraordinarios
niveles de supervivencia. No sabemos cómo los antiguos peruanos previnieron la
infección, tampoco sabemos qué usaron como anestesia, posiblemente fue la
utilización de hojas de coca o una bebida fermentada. El neurólogo David
Kushner de la Universidad de Miami y los antropólogos John Verano (Universidad
de Tulane) y Anne Titelbaum (Universidad de Arizona), analizaron las
trepanaciones realizadas por los incas (1438-1533) y comprobaron que
presentaban unos niveles extraordinarios de supervivencia. No pueden
explicarse, hoy, la extraordinaria hazaña, de nuestros antepasados incas.
Especulan que podría ser por el hecho de no perforar la membrana protectora que
rodea el cerebro (duramadre). Entendían, muy bien, la anatomía de la cabeza y
evitaron, a propósito, las áreas donde habría más sangrado. En fin, no pueden
explicarse, hoy, el extraordinario avance científico de la neurocirugía de los
incas. En el museo de Lima se exhiben cráneos trepanados, algunos con varios
orificios que indica que fueron varias veces sometidos a trepanación.
Todo este
desarrollo socioeconómico, de ciencia y tecnología extraordinario, de gran
sapiencia humana, logrados con gran esfuerzo y sacrificio por nuestros
antepasados fueron ¡BARRIDOS! por los cruentos colonizadores españoles. No dejaron,
absolutamente, nada. Si Machupicchu se mantiene, hasta hoy, es porque estos
colonizadores no pudieron treparse a la cima del Gran Imperio incaico.
También se
llevaron grandes fortunas de nuestro oro y plata. Se decía que la corona
española iba a dominar el mundo, gracias a la ingente riqueza saqueada de
nuestros pueblos. También, se afirma que toda Europa sufriría del fenómeno
inflacionario motivado por la gran cantidad de riqueza monetaria llevada del
Perú (teoría cuantitativa del dinero).
John
Maynard Keynes, gran economista inglés, creador
del FMI, atestigua que el despegue del desarrollo de Inglaterra se logró
gracias a la riqueza que se llevaba España del Perú y en su interín,
Inglaterra, se quedaban con parte del botín trasladado.
Sin embargo,
hoy, ni siquiera intentamos buscar el revanchismo y somos ajenos a la ley de
Talión referido a un principio legal de justicia retributiva, dispuesta a
buscar la equidad y reciprocidad con el crimen cometido, expresado en el “Ojo
por ojo diente por diente” en las jurisdicciones internacionales.
Remontémonos
a estas miserias llenas de injusticia y barbarie
Lo que aquí transcribimos corresponde a una
mínima parte de acontecimientos narrados por Bartolomé de las Casas que, a su
vez, él, no tuvo el espacio suficiente para describir la totalidad de actos,
cometidos por los españoles, y que personalmente verificó. De tal suerte que,
advertimos al lector, en base a estos hechos tenga que tomarse un verdadero
juicio de lo acontecido.
Profundas lecciones hemos debido extraer de
este cruento genocidio colonial, pero nada hemos hecho. Ya no se mata hoy en
braceros con leña y fuego. Hoy, la “modernidad” mata por anemia, desnutrición
crónica, hambre, frio, pobreza. A nivel mundial las muertes por Hambre y
Desnutrición Infantil corresponde a 35,204.5% más que por esta pandemia
(COVID-19) y tiene su vacuna que se llama “Comida”.
La base de esta nuestra realidad actual
llena de miserias, pobrezas y de una estructura económica subdesarrollada se
encuentran en siglos de dependencia, saqueo y rapiña, en un país bendecido por
ingentes riquezas naturales y de un pasado ancestral envidiable. Nunca existió
el hambre, en la época de nuestros antepasados, los incas.
Fluye, por ello, la obligación moral y
ética, transparentar nuestra realidad pasada y actual para que no se
reproduzcan de generación en generación y se arrastren a épocas posteriores.
Estos siglos cargados de oprobiosos actos míseros y deplorables tienen un costo
en nuestra historia, en nuestra antropología, en nuestra sociología y en
nuestra hambre y miseria de hoy. Jamás debe existir un niño con anemia o con
desnutrición crónica o cerca de la cuarta parte de la población peruana en
condición de pobre, niños sin vacunas completas, compatriotas que se acuestan
en la noche sin probar bocado alguno de comida, etc. Porque existen recursos
más que suficientes para desaparecerlos y debería proscribirse definitivamente.
Arranquémoslo desde sus raíces.
Quedarnos en este oprobioso e infame hecho
es reducir, eximir y redimir siglos de miserias e injusticias con un costo
demasiado enraizado que se reproducirán expandiéndose, como hasta hoy se han
reproducido en potencialidad superior. En la base de esta miseria, hambre,
marginación y atraso están los siglos de infamia y opresión, expresados en el
Perú Profundo; en las barriadas viviendo en los cerros, sin agua y sin desagüe;
en el campesinado pobre que produce el 70% de alimentos que el país consume,
pero a costa de su pobreza y hambre; en las Mypes que luchan por su
subsistencia, generando el 70% del empleo en el país; en fin en un Perú que se
desangra día a día no obstante tener ingentes riquezas naturales.
Con ello, no buscamos, desde luego,
venganzas ni el “ojo por ojo y diente por diente” ni siquiera recurrir a
instancias nacionales e internacionales por que existen antecedentes. La
historia justiciera se encargará y hará lo propio. Sólo nos anima enterrar
estas oprobiosas y letales acciones y resurgir dentro de estas cenizas con un
bienestar justo y equitativo, superando problemas estructurales, sociales y
morales que trasciendan más allá de estas miserias. Tenemos ingentes riquezas,
pero lo más importante, tenemos un pasado glorioso y trascendente: Nuestros
Incas. Y tenemos un presente, lleno de grandes valores como la
decencia, honestidad y laboriosidad expresado en nuestras Pymes, que da
ocupación a más de las dos terceras partes del empleo; la agricultura familiar
que nos provee con más del 70% de nuestra alimentación y todos nuestros
compatriotas del Perú profundo que “dadle un punto de apoyo y moverán el
mundo”.
Finalmente, si nos conmueve, como que nos
ha de conmover, no dejemos intocables las miserias, pobrezas y hambres que nos
encadenan desde hace 500 años. Como vemos, muchos siglos han transcurrido y
transcurrirán muchos más arrastrando estas cadenas. Nos gritan nuestros hijos y
nos señalan nuestros antepasados, cambiar de raíz esta calamidad. Niños y
ancianos se disputan las calles pidiendo limosna, mientras la corrupción campea
en el país y, hasta ahora, no hay ninguno que esté en la cárcel.
Dónde se encuentra tantísima riqueza que
poseemos, ocupamos los primeros lugares, en el mundo, en la producción de
harina de pescado, en una serie de metales; damos de comer a los gustos más
exigentes del mundo con nuestra agricultura, y nosotros “MUERTOS DE HAMBRE”
¡Qué injusticia! Hagamos algo o hagamos todo, pero hagámoslo.
El ex secretario General de la ONU, José
Miguel Insulza decía, saben por qué son pobres los pobres, por que votan por
sus mismos opresores y hambreadores y, decimos nosotros, por nuestros mismos
ladrones. Enterrémoslo con nuestro desprecio y que nunca más gobiernen el país.
Hoy vienen reciclados con “nuevos rostros” pero son los mismos. “VIEJAS
ATADURAS CON NUEVOS NUDOS”
Econ. Juan Verástegui Vásquez
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