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miércoles, 21 de octubre de 2026

¿Ya decidió México participar en el security shoring contra China?

 ¿Ya decidió México participar en el security shoring contra China? ENRIQUE DUSSEL PETERS* Hemos insistido en este espacio en varias ocasiones (La Jornada, 17/7/24, por ejemplo) sobre la profunda confrontación sistémica entre Estados Unidos y China, con sistemas políticos y económicos contrastantes, al menos desde 2022. La respuesta de Estados Unidos ante la creciente presencia económica global y la creciente superioridad tecnológica china ha enfatizado la seguridad nacional estadunidense como su máxima prioridad hacia (en contra) de China y con la exigencia de que terceras regiones y países (incluyendo América Latina y el Caribe y México) se adscriban a esta estrategia (colación de aliados). Más allá de la “coexistencia pacífica” bilateral entre Estados Unidos y China (y encuentros entre Trump y Xi Jinping en 2026), Estados Unidos insiste y exige, por ejemplo vía el Escudo de las Américas (creado en marzo de 2026), medidas explícitas en contra de China en minerales críticos, tierras raras y respectivas inversiones. Las tierras raras (17 metales fundamentales para la producción en la microelectrónica y cibernética, incluyendo partes para autopartes, electrónica, vehículos híbridos y eléctricos) y los minerales críticos (docenas de metales para la fabricación de otros tantos productos de cadenas globales de valor) pueden prácticamente todos utilizarse de forma “dual”, es decir, tanto en la elaboración de bienes civiles como militares (incluyendo motores de aviones y vehículos, baterías eléctricas, telecomunicaciones y defensa antimisiles). En la “coexistencia pacífica” en la confrontación sistémica de las dos potencias mundiales los semiconductores de alta tecnología –en los que Estados Unidos todavía cuenta con avances tecnológicos importantes, mientras China está realizando esfuerzos múltiples para sustituir importaciones y lograr su fabricación mediante empresas chinas– y las tierras raras y minerales críticos –en los que China cuenta con la proveeduría y manufactura de mercancías para docenas de cadenas globales de valor, y en donde Estados Unidos está buscando consolidar su proveduría (y posterior manufactura, proceso que puede llevar varios años)– juegan un papel fundamental. Países como Brasil y México hasta ahora parecieran haberse abstenido de participar directamente en el security shoring estadunidense, aunque las presiones han sido enormes. Los nuevos gobiernos de Bolivia, Colombia, Chile y Perú, entre otros, han tomado medidas explícitas hacia el security shoring mediante nuevas regulaciones y leyes en los rubros arriba señalados y restringir la presencia china. En Chile, por ejemplo, una de las primeras medidas del nuevo gobierno de Kast fue la de garantizar acceso preferencial a Estados Unidos de cobre, litio, antimonio y selenio, entre otros, además de nuevas regulaciones dirigidas a empresas de China. ¿Y México? Es importante reconocer que México no ha participado hasta ahora en el Escudo de las Américas. No obstante, sí se han tomado medidas contundentes durante 2025-2026 ante la confrontación sistémica entre Estados Unidos y China. El Laboratorio de Análisis en Comercio Economía y Negocios (LACEN) y el Centro de Estudios China-México (Cechimex), ambos de la UNAM, han venido examinando estos aspectos con detalle. Primero. En el último trimestre de 2025 el Ejecutivo y el Legislativo decidieron imponer aranceles en contra de todos los países que no cuentan con tratados comerciales con México, en forma destacada China. Así, desde el 1/1/26 las importaciones chinas de mil 463 fracciones arancelarias aumentarían de 15.59 por ciento a 28.59 por ciento, aunque el impacto en el promedio ponderado para la totalidad de las importaciones chinas fue muy inferior (La Jornada, 7/1/26). Segundo. El 3/7/26 la Secretaría de Economía (SE) publicó en el Diario Oficial de la Federación un decreto en el que especifica “los bienes de uso dual, software y tecnologías cuya exportación está sujeta a regulación” por parte de la SE y enfatiza que buscará “adoptar y mantener los controles adicionales a la exportación que estén vigentes en Estados Unidos”. El contundente decreto se circunscribe en los esfuerzos de Estados Unidos de controlar la cadena global de valor completa de tierras raras y minerales críticos (exploración, minería, función y fabricación de mercancías) mediante recientes políticas según las cuales empresas estadunidenses deberán solicitar desde 2027 exenciones para el uso de proveeduría extranjera de “naciones extranjeras no aliadas” (léase China). La conformación de una coalición de países aliados, México incluido, es una prioridad estratégica para Estados Unidos en su security shoring en contra de China. Tercero. En la accidentada renegociación del T-MEC, el tema de China se ha convertido en uno de los principales temas de discusión, y el decreto del 3/7/26 ameritó un reconocimiento por parte del representante comercial de la Casa Blanca “que armoniza más estrechamente los controles de exportación mexicanos y estadunidenses”. Las inversiones mexicanas (y de otros países, incluyendo las chinas) en tierras raras y minerales críticos están reguladas conforme a la seguridad nacional de Estados Unidos y en el marco de la coalición de “países aliados” en contra de China. Las implicaciones de estas medidas por parte de México en 2026 son significativas. Por un lado, integran a México plenamente en el security shoring en contra de China, aunque sin mayor conocimiento ni debate político y estratégico entre partidos políticos ni en el Legislativo. Por otro lado, subordinan las decisiones del comercio exterior de México y sus exportaciones, a las decisiones de Estados Unidos en su confrontación con China, bajo el concepto de bienes y servicios “duales”. El impacto pudiera ser significativo en las relaciones exteriores, el comercio exterior y las inversiones de México en general y con respecto a China, particularmente considerando las erráticas medidas estadunidenses desde enero de 2025. Tercero, las medidas generan una significativa incertidumbre en la relación externa de México –con China y el resto del mundo– en cuanto a que prácticamente todo tipo de comercio exterior e inversiones pudiera considerarse de “uso dual”; la totalidad de inversiones en nuevas tecnologías, telecomunicaciones, autopartes y automotriz, así como nuevas energías, perfectamente pudieran enmarcarse bajo este rubro. Por último, no sería sorprendente que también China responda (recíprocamente) a estas reiteradas políticas unilaterales de México en contra de China en los mismos ámbitos del security shoring estadunidense, tanto vía aranceles como en el comercio exterior e inversiones de “uso dual”. Los efectos serían mayúsculos para México, considerando que China ya es desde hace más de una década el principal importador de bienes de capital de México. ¿Será? *Profesor del Posgrado en Economía y Coordinador del Centro de Estudios China-México de la UNAM

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