Libro en PDF 10 MITOS identidad mexicana (PROFECIA POSCOVID)

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lunes, 26 de octubre de 2026

Noches de Tel Aviv

 Noches de Tel Aviv HERMANN BELLINGHAUSEN Envuelto en la estática ideológica de uno o 2 millones de telarañas, un lavado de cerebros en nombre de Dios y un miedo doble (el real y el inducido), Israel es el lugar menos indicado para observar la destrucción genocida de Gaza, pero es el mejor lugar para entender la locura colectiva que ha instrumentalizado la destrucción de Palestina hasta dejarla irreconocible y al borde del exterminio. El mundo ha visto, en tiempo real y en detalle, la evolución del juicio final en Gaza, la victoria del “bien” sobre el “mal”, Occidente sobre Oriente, “democracia” contra “barbarie”. A pocos espectadores sorprende lo que documenta Naza, largometraje de Yuval Abraham y Rachel Szor (2026) que causa revuelo en festivales y ahora llega a las pantallas mexicanas. Si es universalmente sabido, ¿a qué vienen la histeria del gobierno israelí, las amenazas contra los cineastas, las agresiones a sus familias, la descalificación ya insolvente contra todo lo que muerde a Israel bajo el sambenito de “antisemitismo”, que lejos de mover a risa es dogma legal en Gran Bretaña, Alemania, Francia, Estados Unidos y otras naciones culpables o cómplices del genocidio? ¿De dónde la urgencia por lanzar una contraversión oficial, un documentalito bajo el mismo título de Naza? Robar es el sello del sionismo; “apropiar” dicen cuando inventan que inventaron la “ancestral” Tel Aviv, el hummus, el aguacate, los jitomatitos y una buena tajada de gastronomía y música árabe para parecer locales, no originarios de Galitzia, Ucrania o Alemania habituados a la papa, la col y el kosher. La contraversión promovida por canales oficiales y las embajadas, presenta la perspectiva de comandantes de reserva y oficiales de inteligencia de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) sobre la “guerra” en Gaza. Al menos esta batalla está perdida para Bibi y sus secuaces. El documental de Abraham y Szor ya dio la vuelta al mundo y pega recio en todas partes. No es blockbuster pero llena salas pequeñas en cadenas comerciales y cinetecas. El sosias fílmico de las FDI sólo será visto por los convencidos y los que no se atreven a ver el original. Circula en redes el mapa dividido de la Ciudad de México: el documental auténtico se exhibe en el sur y el poniente de la ciudad, pero no en Cuajimalpa, Lomas, Polanco, Condesa ni Centro. Chistoso, ¿no? El oficial pronto estará a Youtube. El reportaje verdadero será gratis en The Guardian y anexas. Podrá verlo quien quiera. Ya registraban las reseñas en Nueva York y Londres, como la de Johnatan Cook, la reacción del público. Después de transcurrir la proyección en total silencio, termina la función y la audiencia abandona la sala en callada procesión. Nadie aplaude ni comenta. Anticlimática como es (hora y media de gente hablando en penumbra desde las azoteas nocturnas de Tel Aviv), la cinta sacude a los espectadores. Hay quien llora. Así ocurrió, tal cual, en la función que me tocó en un cine en la colonia del Valle. ¿El recogimiento del horror? Lo que es la magia del cine. La información venía siendo publicada por el propio Yuval Abraham en las valientes revistas israelíes +972 (en inglés) y Local Call (en hebreo) desde 2023, por el tiempo en que realizaba No Other Land en Cisjordania, con Rachel Szor y un equipo de cineastas palestinos, y que habría de ganar un Óscar en 2025. Los reportajes no tuvieron suficiente repercusión, ni siquiera cuando los divulgó The Guardian. En febrero pasado, Ojarasca reseñó estas publicaciones y discutió el uso de la inteligencia artificial (IA) para el exterminio de humanos, a fin de cuentas el tema central de Naza (ver César Cabrera: Inteligencia artificial como inteligencia letal: La práctica israelí del vibe murdering para aniquilar a la población palestina: https:// ojarasca.jornada.com.mx/2026/02/13/ palestina-inteligencia-artificial-comointeligencia-letal-2386.html ). En breve: Naza transmite la viva voz de 24 oficiales de inteligencia o combatientes a distancia (alguno compara sus bombardeos con los videojuegos; otro calcula haber matado miles de personas “naza”, o daño colateral). Reflexionan o se sienten culpables, no se exaltan, se justifican apenas. El mantra que les permitió aplicar lo programado mediante IA y desatar ataques por misil, dron, tanque o bombardero es: “confía en el sistema”. Alguno expresa cuánto “disfrutaba cumplir cada misión”. Ninguno dudó, obedecieron órdenes (¿ecos de Eichmann en Jerusalén?). “Es divertido”, admite uno. “Te matamos porque está decidido”, ironiza otro. Es fascinante el telón de fondo. Al modo de La ventana indiscreta, de Alfred Hitchcock, y más su remake por Brian de Palma, Naza realiza paneos hipnóticos por los altos edificios habitacionales de la capital israelí. Mil Tlatelolcos elegantes con destellos de Bauhaus, balcones, ventanales, grandes pantallas dando las noticias. La gente merienda, ve la tele, duerme, mientras los entrevistados detallan cómo borraron edificios enteros y calcularon fríamente el número de víctimas colaterales en Gaza. El vuelo de dron sobre las apacibles avenidas de Tel Aviv termina por hacer ominoso ese enjambre de manos manchadas de sangre

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