Rumbo al abrazo de diciembre
l malestar social por la guerra de Felipe Calderón comenzó a manifestarse con mayor intensidad en 2009. El asesinato de miles de personas, los feminicidios, las desapariciones forzadas y otros horrores provocaron que en distintos puntos del país la gente se organizara y empezara a protestar. La muerte de 49 bebés en el incendio de la Guardería ABC en Sonora, en julio de 2009, marcaría un punto clave en el hartazgo. En 2010, en algunas universidades de la Ciudad de México, la Coordinadora Metropolitana contra la Militarización y la Violencia empezó un trabajo de organización estudiantil contra la guerra, mientras que los caricaturistas encabezados por Eduardo del Río, Rius, lanzaron la campaña “No más sangre” en enero de 2011. En marzo de 2011, el asesinato de siete personas en el estado de Morelos, entre ellos el hijo de Javier Sicilia, provocó que miles de personas salieran a las calles bajo la consigna de Paz con Justicia y Dignidad. Una insurrección desde el dolor se levantaba por todo México.
El Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD) caminó en mayo de 2011 de Cuernavaca a la Ciudad de México, encontrando la solidaridad de múltiples sectores sociales: organizaciones campesinas, empresariales, barriales, religiosas, sindicatos, estudiantes, pueblos indígenas y personas de todo tipo, que salieron a gritar “¡alto a la guerra!” En Chiapas, el EZLN movilizó a miles de bases de apoyo. Durante la movilización zapatista, “el día 7 de mayo de 2011, una columna de vehículos salió de madrugada de la zona zapatista Tzotz Choj, transportando hombres y mujeres bases de apoyo del EZLN que participarían, junto con las otras zonas, en la movilización de apoyo al MPJD que encabeza Javier Sicilia. Siendo las 0600, uno de los carros volcó y en el accidente perdió la vida el compañero Roberto Santis Aguilar. Siendo muy joven, Roberto se hizo zapatista y escogió Dionisio como nombre de lucha”, contó el Sup Marcos a don Luis Villoro. Ni durante la movilización del 8 de mayo en la Ciudad de México, ni en el tiempo que existió el MPJD, hubo una sola palabra de consuelo o solidaridad con la familia de Dionisio.
La jornada de movilización del 7 y 8 de mayo se extendió por distintas partes de México y del mundo. Como siguiente paso, el MPJD se propuso ir hasta el “epicentro del dolor”, a Ciudad Juárez, Chihuahua. Con decenas de camiones, automóviles, prensa independiente y de paga, el MPJD inició su recorrido en junio de 2011, haciendo paradas en distintos estados del país. Miles de familias salieron a narrar su dolor. México empezó a dimensionar su tragedia, a nombrar la guerra y a los responsables.
En aquellos días, el EZLN, que ya antes había abrazado a otras familias buscadoras de México y América Latina, como a Concepción García del Corral o a Hebe de Bonafini, comunicó una propuesta al Movimiento por la Paz por medio de Javier Sicilia. El EZLN pensaba que las familias afectadas por la guerra en México necesitaban un espacio para compartir su dolor, alejadas de los intereses políticos, del ruido mediático. Los zapatistas ofrecían su territorio para ese encuentro, el caracol de Oventic, para hospedar a todas las familias que quisieran encontrarse. Ofrecían hospedaje, un espacio seguro, alimentación y, además, su abrazo sincero. Los zapatistas eran claros: ellos no participarían en las reuniones, sólo ofrecían su hospitalidad y su abrazo.
El encuentro no llegó a concretarse: Emilio Álvarez Icaza, experto en lucrar con el dolor, se opuso, y Javier Sicilia siguió las instrucciones de quien era uno de sus principales asesores. En su agenda, ambos privilegiaban el encuentro con Felipe Calderón, la política de arriba, la misma que ha llevado a Álvarez Icaza a crear el partido Somos Mx, y como en el pasado, a lucrar nuevamente con las familias buscadoras.
Como es su costumbre, los zapatistas siguieron abriendo su territorio y dando su solidaridad a familias afectadas por la guerra. En 2014, frente a la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, los zapatistas se movilizaron nuevamente. En 2021 volvieron a insistir: convocaron a una Campaña Nacional por la Verdad y la Justicia cuando en el país se realizaba una consulta sobre juicio a ex presidentes. En ese contexto, los zapatistas intentaron reunirse con familias buscadoras, pero nuevamente, personajes siniestros evitaron el abrazo.
El abrazo colectivo entre zapatistas y buscadoras lleva gestándose desde hace 20 años, y tendrá lugar este invierno. Mejor aún, quienes intentaron evitar el abrazo en el pasado y quienes lo intentan ahora, se ven reducidos frente a la inmensa red de solidaridad que prepara los encuentros en distintos puntos del país. Como decía una canción del sureste rebelde: “esto ya comenzó, y nadie lo va a parar”.
* Sociólogo
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