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sábado, 19 de junio de 2021

Cuando el coronavirus no está solo

 

Cuando el coronavirus no está solo

Un equipo de investigadores analizó el modo en que la coexistencia y circulación de varias enfermedades infecciosas a la vez influye en la velocidad en que se propagan. Su similitud con las tendencias sociales y la importancia de la vacunación antigripal.

Las enfermedades contagiosas que interactúan, como la gripe y la neumonía, siguen los mismos patrones complejos de propagación que las tendencias sociales. El hallazgo, publicado en febrero último en “Nature Physics” resulta de especial interés en el marco de la actual pandemia de coronavirus, o COVID-19, y a poco de comenzar en nuestro país la temporada de mayores casos de gripe. Los autores aseguran que sus hallazgos podrían permitir un mejor rastreo e intervención cuando múltiples enfermedades se propagan en una población al mismo tiempo.

“La interacción de las enfermedades es la norma, más que la excepción”, afirma el científico Laurent Hébert-Dufresne, de la Universidad de Vermont, en Estados Unidos, quien codirigió la investigación. “Y, sin embargo, cuando hacemos modelos de estas enfermedades casi siempre lo hacemos de cada enfermedad de manera aislada”, añade.

Ocurre que cuando los especialistas en hacer modelos de las enfermedades mapean una epidemia como la del coronavirus o la gripe, habitualmente las tratan como patógenos aislados. Bajo esta dinámica “simple”, generalmente se acepta que el tamaño pronosticado de la epidemia será proporcional a la tasa de transmisión.

Pero según Hébert-Dufresne, professor de Ciencia de la Computación, la presencia de incluso una sola plaga más en la población puede cambiar de manera drástica la dinámica de simple a compleja. Una vez que ocurre este giro, cambios microscópicos en la tasa de transmisión gatillan saltos macroscópicos en el tamaño esperado de la epidemia, un patrón de propagación que los científicos sociales han observado en la adopción de tecnologías innovadoras, el uso de jergas, y otros comportamientos sociales “contagiosos”.

 PELICULA RECOMENDADA

El equipo de investigadores comenzó a comparar por primera vez las plagas biológicas con las plagas sociales en 2015, en el Santa Fe Institute, un centro trasndisciplinario de investigación donde Hébert-Dufresne modelaba el modo en que las tendencias sociales se propagan a través del refuerzo.

De acuerdo con este investigador, el ejemplo clásico de reforzamiento social es el “fenómeno a través del cual que diez amigos te digan que vayas a ver la nueva película de Star Wars es diferente a que un amigo te diga lo mismo diez veces”.

Del mismo modo que muchos amigos pueden reforzar un comportamiento social, la presencia de múltiples enfermedades hace que una infección sea más contagiosa que lo que sería por sí sola. Es decir que las enfermedades biológicas pueden reforzarse entre sí a través de los síntomas, como es el caso de un virus que se propaga mediante el estornudo que ayuda a propagar una segunda infección como la neumonía. O, una enfermedad puede debilitar el sistema inmune del huésped, haciendo a la población más susceptible a un segundo, tercer o cuarto contagio.

Cuando las enfermedades se refuerzan entre sí, el contagio se acelera rápidamente a través de la población, y luego se esfuman cuando se quedan sin huéspedes sanos a quien contagiar. Según el modelo del equipo de investigadores, el mismo patrón súper exponencial caracteriza la propagación de las tendencias sociales, como los videos que se viralizan, que son ampliamente compartidos y luego dejan de ser relevantes una vez que una masa crítica de personas lo ha visualizado.

DENGUE Y ANTIVACUNAS

Un segundo hallazgo importante es que los mismos patrones complejos que surgen a partir de la interacción de enfermedades también se dan cuando una plaga biológica interactúa con una plaga social, tal como por ejemplo cuando un virus se propaga al mismo tiempo que se lleva adelante una campaña de “antivacunas”.

Para graficarlo, los autores detallan lo sucedido durante 2017, cuando se dio un brote de dengue en Puerto Rico y el hecho de no tener en cuenta de manera adecuada la interacción de las cepas del dengue redujo la eficacia de una vacuna contra este virus. Esto, como contrapartida, desató un movimiento de antivacunas -una epidemia social- que más tarde condujo a un resurgimiento del sarampión (una segunda epidemia biológica). “Es un ejemplo clásico de la complejidad del mundo real, en el que emergen consecuencias inintencionadas a partir de muchos fenómenos que interactúan”, subraya Hébert-Dufresne.

 Si bien resulta fascinante observar un patrón universal de propagación a través de sistemas biológicos y sociales complejos, el autor advierte que también implica un desafío único. “Al analizar datos aislados, podemos observar este patrón complejo sin saber si una epidemia mortífera estaba siendo reforzada por un virus o por un fenómeno social, o alguna clase de combinación entre estos factores”, precisa.

“Nuestro trabajo muestra que es tiempo de que la comunidad dedicada a los modelos de enfermedades vaya más allá de observar las plagas de forma individual”, aboga Hébert-Dufresne, quien añade que “Al hacer predicciones tales como la del actual brote de coronavirus, que se da en una temporada de gripe, es importante saber qué casos tienen múltiples infecciones y qué pacientes están en el hospital con gripe pero atemorizados por el coronavirus. Las interacciones pueden ser de naturaleza biológica o social, pero todas importan”.

EL ROL DE LA VACUNACION

El estudio de Hébert-Dufresne también pone de manifiesto la importancia de la vacunación antigripal como estrategia para reducir la posibilidad de que coronavirus y gripe se refuercen entre sí, dando lugar a un peor manejo de ambas enfermedades.

Si bien la vacuna contra la gripe está diseñada para prevenir las infecciones provocadas por ciertos virus de la influenza, que son distintos al Covid-19, y por lo tanto no protege contra este último, sí puede impactar en el modo en que el sistema sanitario responda a la pandemia de coronavirus.

“Considero que la inmunización contra la gripe tiene un efecto indirecto importante”, afirma el doctor Albert Ko, profesor de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Yale, en Estados Unidos.

Según este experto, la vacunación antigripal ayuda a reducir el número de personas infectadas por el virus de la gripe, permitiendo de este modo “aliviar las presiones” en los hospitales que deben tratar también a pacientes con Covid-19.

El catedrático añade otra razón por la cual la vacunación puede mejorar la respuesta a la pandemia y la que describe es una situación que se repite en la Argentina: “Estados Unidos se está quedando detrás de otros países en el testeo para detectar casos de Covid-19, algo que no creo que mejore en el corto plazo”. El vínculo de esta realidad con la inmunización reside en que si las personas se vacunan contra la gripe, menos personas enferman de gripe y acuden a los hospitales con síntomas inespecíficos, tales como fiebre y tos, que se superponen con los síntomas de coronavirus.

“Tener menos pacientes con gripe hará más fácil la detección de pacientes con Covid-19”, afirma, para luego añadir: “Tasas más altas de vacunación antigripal nos hará mucho más eficientes en la detección de casos de coronavirus”, algo que puede -según este especialista- ser como encontrar una aguja en un pajar. Aunque al reducir los casos de gripe se puede achicar el tamaño del pajar.

AL MISMO TIEMPO

En opinion del doctor Eric Cioe Peña, director de Global Health, Northwell Health, en Nueva York, y médico emergentólogo, es “increíblemente raro” contraer gripe y coronavirus al mismo tiempo. “En general, si tienen uno, no tienen el otro virus”, sostiene este especialista en función de su experiencia.

En la Argentina ya comenzó la campaña de vacunación antigripal, que prevé la inmunización gratuita para los grupos con mayor riesgo, disponible en vacunatorios, hospitales y centros de salud públicos de todo el país.

Los grupos que están incluidos en esta campaña son:

* Embarazadas. Deben aplicársela en cualquier trimestre de la gestación. La vacuna protege tanto a la madre como al bebé (a través del pasaje de anticuerpos por la placenta).

* En caso de no haberla recibido durante el embarazo, la madre debe vacunarse dentro de los 10 días posteriores al parto.

* Bebés de 6 a 24 meses. Deben recibir 2 dosis, separadas por al menos 4 semanas si no hubieran recibido anteriormente dos dosis de vacuna antigripal.

* Los que recibieron al menos dos dosis de vacuna antigripal anteriormente, deberán recibir solo una dosis.

* Los grupos de riesgo que presentan indicación de recibir la vacuna antigripal incluyen personas de 2 años a 64 años que presenten ciertas condiciones como enfermedades respiratorias y cardíacas, diabéticos, inmunodeficiencias congénitas o adquiridas (no oncohematológica), pacientes oncohematológicos y trasplantados. Convivientes de enfermos oncohematológicos, personas con insuficiencia renal crónica en diálisis o con expectativas de ingresar a diálisis en los siguientes seis meses, retraso madurativo grave en menores de 18 años de edad, tratamiento crónico con ácido acetilsalicílico en menores de 18 años, síndromes genéticos, enfermedades neuromusculares con compromiso respiratorio y malformaciones congénitas graves, convivientes de prematuros menores de 1.500 g. Para recibir la vacuna gratuita, deben presentar orden médica (excepto las personas con obesidad).

* Adultos mayores de 65 años.

* Personal de salud.

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