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miércoles, 16 de agosto de 2023

El lenguaje inclusivo distrae del verdadero problema de fondo: Concepción Company

 El lenguaje inclusivo distrae del verdadero

problema de fondo: Concepción Company

NELLY TOCHE, El Economista, 26 ago 2019

ólo 3% de la gramática es determinada por el

sexo del referente.

“El lenguaje incluyente es un distractor de


los verdaderos problemas que hay en otros aspec-

tos, es un falso problema que deja contentos a mu-

chos y distrae del verdadero problema de fondo”,


aseguró Concepción Company Company, lingüista

y filóloga del El Colegio Nacional, en la conferencia

“Lenguaje inclusivo. Falacia de la equidad de género”.

Incluso el lenguaje incluyente es vistoso, confirma, usarlo aplaca las

conciencias oficiales, y más si son masculinas, propicia la creencia de que

hay más igualdad entre sexos e invisibiliza la verdadera lucha social, es

decir, deja tranquilos a muchos, obstaculiza la perfección del problema

real de fondo y la discriminación total contra hombres y mujeres.

La especialista asegura que por naturaleza el lenguaje es inclusivo y

todos somos libres para usarlo, no requiere de esfuerzos ni legislaciones,

nacemos con la capacidad de hablar una lengua y nadie nos tiene que

decir ni forzarnos para hablarla. “Cualquier imposición en cómo usar la

lengua es un acto autoritario”.


Entonces, ¿qué tiene que ver la lengua con la inequidad y la discrimi-

nación de sexo? “Absolutamente nada, pero a la vez tiene que ver mucho.


Es decir, tenemos que dividir la construcción de la gramática y el discurso”.


Que el tema cause tanto acaloramiento y haya tanta insistencia, a opi-

nión de la especialista, se trata de un soporte de identidad, es decir, dime


cómo hablas y te diré quién eres y con quien te identificas. También hay

una idea de que lo que está explícito, lo que está en la gramática, genera

visibilidad y que lo que no se dice, no existe.

Sin embargo, asegura que el lenguaje es una actividad transversal de

la que somos propietarios todos, no los escritores, sino los hablantes de

todos los días. Para ello da algunos ejemplos:

La gramática no es binaria, no existe una gramática del femenino en A

y masculino en O, la biología sí es binaria, hay hombres y hay mujeres,

pero la sexualidad no es binaria para nada. Dada esta arbitrariedad, es


decir, la no relación directa entre la forma que tiene la palabra y el signifi-

cado que adquiere, tiene muchas posibilidades.


También, en cualquier diccionario se encuentra que hay cuatro marcas

de género para la lengua española, femeninos que acaban en O (como

mano, o solución), hay masculinos en A (tema, problema), también los que

significan genero común, que se pueden decir en femenino o masculino

depende de lo que se aluda (el o la estudiante) y el género ambiguo, donde

el mismo referente se puede utilizar (Juan es una lacra y Juan es un lacra).


Tan arbitraria es la lengua, confirma, que puede tener un singular mas-

culino (el arte) y un plural femenino (las artes), aún más, tenemos palabras


con dos géneros y la especializamos (el cólera, la enfermedad; y la cólera,

el sentimiento). Incluso, 97% de la gramática de la lengua española no

coincide (soy una víctima, es utilizado igual, por hombres y mujeres. La

humanidad es femenina, pero se refiere a todos). La arbitrariedad es el

rasgo esencial para lograr una lengua creativa.

Company explica que sólo 3% de la gramática

tiene que referir a personas y seres animados que


tiene alternancia gramatical por el sexo del refe-

rente (amigo, amiga, perro, perra, oso, osa), ella


dice no entender por qué tanto acaloramiento por


este resquicio.

Y es contundente: “La historia de la

lengua española ha demostrado que


grandes cambios sociales hacen míni-

mos cambios gramaticales y a veces


ninguno (...) Somos codos como ha-

blantes porque queremos evitar quie-

bres comunicativos y queremos eco-

nomía y rapidez para indicar”.


Agregó que la gramática no es


buena ni mala, sólo hay hechos gra-

maticales y hechos agramaticales (el


Juan), es una rutina que se tiene que

concordar en género y número, pero

no es mejor ni peor.

En contraste, en México al hablar


del rezago de la mujer en el campo la-

boral indica que sólo alcanza de 35 a


47% de incorporación, mientras que

en países de la OCDE, entre 55 y 65%

están trabajando. “Somos el tercer


peor país en América Latina en incor-

poración laboral de mujeres, sólo por


encima de Bolivia y Ecuador”, de

acuerdo con datos presentados por

Silvia Giorguli, demógrafa, socióloga y

presidenta del Colegio de México.

Hace unos meses, el Secretariado

Ejecutivo dio a conocer que de enero

a abril, 1,199 mujeres murieron a


causa de la violencia de género. Re-

cientemente se dieron a conocer los


casos de policías que presuntamente

violaron a menores de edad.


En cuanto a embarazo adoles-

cente, la cifra más alta la tiene México,


“y así, un larguísimo etcétera de discri-

minación por sexo, aun así, nosotras


seguimos peleando por el estimadas y


estimados, no estamos dando las ba-

tallas donde las tenemos que estar


dando. Para mí, el peligro del lenguaje

incluyente es porque es un distractor”.


El lenguaje incluyente, para la lin-

güista, opaca o hace olvidar la verda-

dera lucha por la equidad entre sexos,


“ése es el problema. Invisibiliza el


fondo sin que se produzca cambio so-

cial alguno y nos pone a discutir en un


hecho de superficie”. Que me digan

jueza no es igualitario, que me paguen

igual, eso es igualdad.

Concluyó diciendo que la clave es


educar a hombres y mujeres en el re-

cíproco respeto y en la integración a


las tareas de todos los días. “La edu-

cación primaria es clave y no han he-

cho nada para protegerlos”.

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