Los nuevos textos escolares no son marxistas ni co-
munistas en absoluto. Antes bien, son neoliberales
y no critican el actual sistema.
Aunque el supuesto comunismo no dejó gratos re-
cuerdos, el capitalismo ha resultado mucho peor y es lo
que ha llevado al planeta a la actual catástrofe social y
ecológica. Pero cuando la gente protesta, se habla de
“conflictos que rompen la paz” (ver PC, 6° P. 208).
Los nuevos libros de texto, lo mismo que los anterio-
res, siguen siendo un medio de adoctrinamiento para
adaptarse al sistema vigente, apegados a la Agenda
2030 de la ONU (ver “Formación Cívica y Ética”, 3°, p.
125), que hoy sabemos es falsa y tiene como objetivo
principal el despoblamiento forzado del planeta. Más
aún, son más sutiles y esto es lo peligroso.
Se hacen cambios paulatinos sin que la gente lo note,
o tan pequeños que no vale la pena protestar. Así que,
después de sucesivos cambios pequeños, se logra cam-
biar todo el sentido de las cosas. ¿A dónde nos llevan?
Un vistazo a los libros europeos nos da la pista.
Se enseña que todo niño, hombre o mujer, puede
desarrollar las mismas actividades. “Todos somos igua-
les” (PC, 6°, p. 230). Y esto es generalmente aceptado,
aunque no sea del todo cierto. Pero no se dice que am-
bos sexos entran en la competencia capitalista, y que
esta lucha de sexos oculta la lucha de clases, la lucha
de toda la historia ‒esto sí sería marxista.
Ni se dice que la clase trabajadora está destinada a
ser esclava, empleada y asalariada en el sistema patro-
nal del artículo 123. Si los libros fuesen marxistas pro-
pondrían expropiar los medios de producción para po-
nerlas en manos, no del Estado como hizo el supuesto
socialismo, sino de los trabajadores como también pro-
ponen los anarquistas y los cooperativistas.
Se enrola a las niñas en un feminismo adulterado
que hoy tiene poco que ver con las luchas históricas de
las trabajadoras por mayor equidad (ver ML 6°, p. 13).
Varios gobiernos han usado al pedagogo Paulo
Freire para dar una imagen revolucionaria, mas solo
usan aspectos técnicos como la “palabra generadora” y
no lo que de veras caracterizaba a la “Pedagogía del
oprimido” de este brasileño, a saber, la problematización
de la vida y el conocimiento de la realidad, donde una
simple palabra como “maíz”, por ejemplo, era mucho
más que la unión de 4 letras: hoy significaría agroquími-
cos y transgénicos, importación del grano, abandono del
campo y pérdida de la soberanía alimentaria.
¿Qué significaría “indígena”? Despojo y exterminio.
Se enseñan las teorías acordes al capitalismo, como
la falsa teoría de Pasteur que dio lugar a la industria far-
macéutica; y se invita a la vacunación, sin mostrar su
fracaso histórico ni las teorías que desmienten los virus
de la falsa pandemia de Covid19 (ver NS 6°, p. 67-68).
De nuevo, se siguen los lineamientos de la ONU.
Se enseña la teoría de la evolución de Darwin, ba-
sada en la competencia, muy conveniente para la ideo-
logía capitalista (ver ML, 6°, p. 161). No habla de otras
teorías, como la de Engels, que demuestran que es la
cooperación lo que ha permitido la sobrevivencia; ni ex-
plica la teoría del “Apoyo Mutuo” del anarquista Kro-
potkin; claro, no vaya a ser que, cooperando, los pue-
blos se unan. Esto sí sería comunista.
No menciona que la democracia ha sido usurpada
por los partidos políticos en el artículo 41 constitucional.
No se cuestiona este sistema electoral de competencia,
divisiones, individualismo, saqueo y corrupción.
Ni se dice que el gobierno cede la facultad de crear
el dinero a los bancos comerciales, que además son ex-
tranjeros, y que debe pedirles préstamos endeudando a
todos los mexicanos. Nunca se explica esta estupidez.
Tampoco se cuenta que los derechos y obligaciones
son conceptos coloniales y verticales, conductistas y
condicionados arbitrariamente desde arriba.
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